El milagro genético - parte 3

Por Pepe Ortiz
Enviado el 29/04/2011, clasificado en Ciencia ficción
1434 visitas

Marcar como favorito

La decisión que tomó Ted en aquel momento tuvo unas consecuencias que nadie se podría haber imaginado. Paralizó las intenciones del Comisariado de hacerse con la ACI, delatándose a sí mismo, y eclipsado por la desaparición del híbrido, cuya noticia dio la vuelta al mundo, dejando al Comisariado sin margen de maniobra.
Con todo esto, la posición de la ACI se reforzó enormemente, la gente tomó partido y apoyaba a Ted, quien se convirtió en un líder invisible, representado por su antiguo equipo.
El Comisariado, tras una larga investigación, nunca pudo demostrar las implicaciones del antiguo equipo con la desaparición de Ted y Milo. Sólo pudieron aceptar su propia derrota.

En la ciudad intraterrena de Karkum, el máximo representante de los intraterrenos conversaba con Marc Larkin en una reunión secreta.
– ¿Y que ganamos nosotros con eso? – El semblante de Geok-Kur se endureció.
– Sencillamente lo mismo que nosotros. El híbrido mezcla lo mejor de las dos razas. Todos los nuevos conocimientos serán compartidos, seremos transparentes.
– Exijo que el laboratorio sea compartido, si vamos a trabajar juntos tiene que ser a todos los niveles. Un laboratorio clandestino en nuestro espacio conlleva sus riesgos – Geok-Kur  hizo una pausa – Mi gobierno no lo permitiría.
–Me parece justo – Y dicho esto, ambos firmaron el convenio.
–Por cierto.. los últimos datos registrados sobre Milo antes de su desaparición son un tanto confusos. Esas mutaciones..
–No hay de qué preocuparse, al parecer los efectos eran totalmente controlables, y con vuestra tecnología el asunto será más fácil de lo que fue el caso de Milo.
–Eso espero, de todas formas lo consultaré con nuestros científicos.
–Por supuesto. Es un placer hacer tratos con vuestra raza – La reunión finalizó con un fuerte apretón de manos.

Mientras tanto, el antiguo equipo de científicos más famoso del mundo, había recibido un mensaje nuevo.
–Parece que no ha dejado de mutar, lo que daría por ver una foto – Lisa eliminó los datos del mensaje.
–Se está volviendo una bestia salvaje, es increíble – Ningún miembro del equipo salía de su asombro. – De ser un genio único.. está mutando a una bestia irracional.
–Eso parece – Susan tomó unos apuntes – Un instinto primitivo se está apoderando de su mente. Espero que Ted no tenga dificultades.
–Me pregunto si finalmente se transformará por completo. Estoy preocupado –Dijo Isaac.
–Lo lógico es que sus reacciones sean todavía más violentas – La preocupación era latente en el ambiente – No sabemos lo que Milo sería capaz de hacer una vez haya mutado por completo.
–Viajaré al área 12 – Dijo Lisa de lo más decidida – Tengo que verlo, y asegurarme de que Ted estará bien.
–¿Estás loca? – Intervino Isaac – Si el Comisariado se enterase…
–Ellos ya no nos vigilan.
–Pff.. es demasiado arriesgado.
–Me da igual – Respondió Lisa.

El viaje fue largo y cansado, el área 12 era el lugar más desconocido para los occidentales. Las ruinas de la antigua Pekin se mostraban imperturbables, cientos de edificios antaño llenos de gente yacían ahora vacíos, sin vida. El área 12 era un lugar fantasma, las pocas personas que Lisa se encontraba por la calle se mostraban desconfiadas. El frío y el silencio era lo que se sentía en aquel lugar maldito y sin ley. Tres días más tarde consiguió localizar a Len Kaku, un investigador privado que acogía a Ted y a Milo en una de sus casas.
La casa era pequeña y antigua, tenía un aspecto abandonado, rodeada de matorrales a su alrededor estaba parcialmente camuflada.
Lisa llamó a la puerta, nada. Volvió a llamar, sin obtener respuesta.
Se sorprendió al comprobar que una de las ventanas estaba totalmente abierta, se adentró un poco intentando ver algo.
–¿Ted? ¿estás ahí? Soy Lisa – La única respuesta que recibió fue una brisa que le heló el cuerpo.
Tras unos instantes de duda se coló por la ventana. Una vez dentro de la pequeña casa no vislumbró nada que le llamase la atención. Empezó a deambular, sin dejar de llamar a Ted, pero sin respuesta alguna. La frustración en ella aumentaba, tenía un mal presentimiento. Llegó a una pequeña sala donde encontró una entrada en el sueño medio abierta, era un sótano.
Bajó las escaleras con cautela, también con miedo. No era un sótano como ella había supuesto, el lugar era enorme, una sala circular llena de instrumentos de experimentación científica, pero desordenado totalmente.
El corazón le dio un vuelco cuando vio sangre en el suelo. Apartó unas cajas de suero que le impedían seguir el rastro, en aquel momento sus peores temores se hicieron realidad…
En el suelo yacía el cadáver de Ted Burks, su bata blanca estaba cubierta de sangre. Sus manos todavía sostenían una pistola de plasma.
–Dios mío.. ¡Ted! ¡Ted! ¡No! Por favor no… – Lisa agarró el rostro sin vida de Ted, empezó a llorar con intensidad, eso no podía ser real, no podía creérselo.
–¿Por qué? ¿por qué me haces esto? ¡No te mueras por favor!

Lentamente, una sombra se apoderó de la escena. Lisa, sumida en lágrimas y en un dolor insoportable, alzó la mirada ante aquello que se había posado frente a ella.
No tuvo suficiente tiempo para entender aquello que vio cuando un manotazo le golpeó, desplazándola hasta cuatro metros en el aire.
El golpe le devolvió a la realidad, y empezó a entender qué era aquella bestia que había aparecido de la oscuridad, y por qué Ted estaba muerto.

Entonces el miedo invadió su cuerpo a la misma velocidad que un escalofrío se siente en la piel.
Sólo podía tratarse de Milo.


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com