Los aspectos de la basura cognitiva - ( parte II )

Por Salazar
Enviado el 12/04/2012, clasificado en Fantasía
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Creía yo que mi mente se nublaría, que toda mi vida pasaría sobre mí ser de forma inconsciente, que cerraría los ojos para caer en el sueño profundo, pero me había equivocado, y que clase de mentira, iba recuperando mejor mi vista, por un leve momento había perdido completamente la escucha. La forma de las nubes, el color del cielo; iban cambiando. Cuando recuperé el sentido en mis oídos escuchaba ruidos y gritos, dejé de sentir dolor en mi brazo y el dolor de cabeza se desvanecía, me quería levantar, pero esa entidad me indicaba que no lo hiciera y que tuviera cuidado en no moverme. Al paso del tiempo vi como a un lado pasaban un grupo de hombres con ropas de batalla, pero eran muy diminutas, y de lo que apenas pude ver; todavía más antiguas que las de la edad media, incluso más atrás que a principios del milenio pasado, me quise volver a levantar pero no debía de hacerlo, sentía algo sobre mi cuello, como una leve unión que se expandía.

Los fluidos y los nervios internos se van uniendo, mientras el hueso del cuello que conecta con el extremo del cuerpo se va recuperando, tomando su forma. Y por alguna buena o mala razón, mi consciente y mi inconsciente se materializan, en auras que asemejan mi espíritu, más bien mi obeso cuerpo, pero sin detalles de rasgos característicos; físicos pues. Por fortuna no entiendo lo que uno le dice al otro, pero desde el principio me di cuenta que hay algo que ya estaba solucionado, solo que tanta discusión es enfermante y hablan incluso de todavía tener que lidiar con otras entidades, y lo molesto que resulta esta clase de fracciones argumentales. Sentí una unión indispensable que había buscado, recorrido territorios internos por medio de la experiencia exterior.

Sabía en qué lugar me encontraba, ya no seguía acostado, ahora caminaba junto a la sombra de avispas siguiéndola por delante. Ahora estaban las personas en tranquilidad, no había fuego o llamas, tampoco destrucción que todavía no llegaba a sus casas, estábamos en un templo delante con una imagen circular y esférica expidiendo lo que ilustraba como rayos rectos de luz. Entonces sucedió algo irrepetible y las personas pudieron verme, y asustados sus guerreros me atacaron con sus armas pero sin dañarme, les dije que tenían que irse que ocurriría algo muy devastador, pero me dijeron que era un escandaloso, que solo andaba de vago, un generador de mentiras, un telonero de poca monta que inducía argumentos para alarmar. Sin duda hubo quienes por lo que pude notar, me creyeron y otros no me hicieron caso, pero fue evidente que se pusieron alerta, me dejaron en las afueras, de la ciudad, me entregaron una espada y estuve un tiempo ahí. De lejos, aquel compañero cubierto de avispas; me miraba oculto desde la montaña, ruidos de muchos galopes y armas desenfundándose, y al estar ocupado viendo a mi oculto compañero luego me indicó que no dejara de ver hacia el frente y note que una espada me estaba esperando sin esperarme, lista para atacarme, apenas y logré desenfundar mi arma, y pude sentir como enterré el arma en un cuerpo, no se si en el del jinete o del animal.

Todo se volvió pura oscuridad.

Nuevamente estaba ahí, sobre el suelo, mirando hacia arriba, notando como habían pasado varios grupos de hombres y todavía tuve que esperar algo de tiempo. Cuando finalmente me pude levantar, solo para darme cuenta que había sido decapitado y que los nervios de mi cabeza al de mi cuerpo se estaban uniendo. Incluso en este momento esperé a que llegara la noche.

Al transcurrir las horas, poco a poco, y lentamente me levanto y apenas y puedo sentarme, para lograr mirar aparte de cuerpos sin vida una ciudad enteramente destruida, alejada, ya que está frente a mí, yo estoy sobre una montaña pequeña donde a un lado hay una pila de escaleras de unos 4 o 5 escalones y en el último se alarga para caminar horizontalmente y volver a subir ese número de escalas para llegar hacia la puerta de entrada, alargada verticalmente, sin puertas, alta.

Me fijo si no hay personas con vida, aún cuando estén mutilados, si acaso alguien, con un brazo; o una pierna mutilada, que se encuentre con vida, pero no. Al avanzar, con una lanza en mano y con mi espada enfundada, bañada en sangre, caminé hacia un pequeño templo, acompañado por una casa real; que contiene un muro en ambas de sus esquinas con dos torres. Enseguida oigo cabalgatas y al voltear una lanza alcanza uno de mis pies por debajo de mi rodilla y caigo al suelo, boca abajo, no sin antes haber desenfundado el arma y esconderla debajo de mí. Guardo un momento, no me quito la lanza de la pierna, oigo sus voces y son más de 2 si acaso 3 o 4, pero uno de ellos viene adelante, seguro, eso imagino, y sigo sudando inmensamente, incluso en el frío de la noche, cuando siento cerca al guerrero me abalanzo, me aviento hacia las patas del caballo y se las corto inmediatamente, quebro el largo de la lanza y por el otro extremo la extraigo de mi pierna, totalmente inútil, y yo dando inútiles brincos, nomás para darme cuenta que el hombre fue golpeado en la cabeza y agoniza desangrado debido a la caída. Al parecer fue el único y yo me confundí creyendo que venían más con él, es que sí escuché mal.

Me adentro hacia la ciudad y ahí a cada paso que voy dando, las ruinas van siendo consumidas por los vientos de arena, como si el tiempo pasase muy rápidamente. Para cuando llego ahí no quedan más que ruinas sepultadas y consumidas por los siglos, al mirar a distintos lados no hay cuerpos de personas alrededor tampoco, como si estuviera en el presente de mi época, sin embargo, frente a mí al mirar al cielo, por ninguna lado veo al sol, y desde los escombros debajo de la tierra una inmensa luz cegadora, una esfera solar, incandescente que primero me provoca un frío tremendo que lentamente me va quemando, siento como mis ojos sangran pero no dejo de mirar, miro la imagen de un hombre y una mujer sentados, cada uno sosteniendo a un bebé en sus brazos haciéndole ofrendas a la estrella. Inevitablemente se expande una emanación invisible que me empuja fuera de ahí, sin embargo, siento como si me arrastrara hacia dentro:

Había una luz disipada de muchos colores,

como el de un arcoíris, inspira al que camina,

si se puede amar a alguien igual, porque no a alguien diferente.


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