Los aspectos de la basura cognitiva - ( parte IV )

Por Salazar
Enviado el 12/04/2012, clasificado en Fantasía
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Aquí es donde emprendo mi recorrido, volteo y no hay indicios de nada de aquel personaje, seguro ha desaparecido, pero no se extinguió.

Avanzo por un desierto atemporal, en donde todos los tiempos, del ayer, del hoy, del futuro se entrelazan, pero sin lugar a dudas es un desierto, mi propósito es llegar a aquellas costas en Ormuz.

Quiero creer que dios habla a través de mi, pero que no tengo la verdad absoluta, sino que soy un complemento entero, que formo parte de eso. O quizá realmente en mi yace la verdad, como en los otros se encuentra, simplemente es una equivocación. Pero para que escribir esto, engañar con palabras rebuscadas que otorgan una sinfonía de experiencias ficticias; falsas, que conducen a un resultado invocado por la noción del intelecto, que busca la fusión con los sentimientos, para desencadenar un propósito explícito de momentos incomparables en su forma, pero familiares en su expresión. Se caen materiales de la parte superior de un escritorio. Un videojuego. Cuantas historias basadas en textos sagrados, hechos mitificados. Inexorable realidad que fluye como una inimaginable fantasía. Disfraz de mentiras. Cuantos divagues para dejar de profetizar porquería. Cuan inaudito ponerse una m·scara de tristeza para que otros no se ofendan de tu felicidad. Cuan lamentable que sean duros golpes tras otros en la vida y así incluso sentirse feliz y que a otros les moleste. Meditando todo esto dentro del desierto fuera del tiempo. Sin encontrar la realidad; sin buscar la verdad. Un ego formado por luces invisibles. Desamparando cosas con sentido interno, pero protegiendo sus raíces, entonces que gente, y cuan distraído me encuentro en este complemento. Parece un recorrido interminable, pero increíble desahogo. Gracias por todo. Que acompañeme el universo, o una porción estelar, a llegar a aquellas costas. Donde radica un significado inventado de esta aventura. Realizando una amalgama de piedras acuñadas con las manos del espíritu mientras recuerdo enseñanzas de personas que jam·s he conocido. Tiempo mal gastado, pero positivamente invertido. Lo efímero extraÌdo para la realización de lo creativo. Distantes épocas de un día para otro, sin punto fijo, de comunión versátil en su integridad directa sobre la excavación de las ideas para transmitir algo concreto y sin tener mucho que decir, e incluso siendo así capaz de callar y sonreír. Como una rima muy usada que cree que porque algo inicia en ir y luego de veinte palabras el párrafo termina en ir, una obra maestra se ha propagado, cuando quizá más bien una bacteria infecciosa, o peor algo como la peste de los sentidos se ha diseminado en olores venenosos. Y regreso a la rima que rima. Acumulando información para mostrarla luego sin distinción, por medio de una edificación, al menos al por mayor, esencialmente con sus bases bien asentadas. Pero de didácticos resultados. Y si vuelvo a Dios, y si me enfoco en la admiración por morir en vida, en evitar hablar sobre creencias que se han ido perdiendo, en los códigos genéticos, en las llamaradas de la esencia cósmica. En el valor de los genes. Trabajando el horizonte vertical, carcajeando por la inútil variedad de propiedades emocionales, pero aquí mientras me acerco a dicho mar, dialogando entre mis pensamientos, detallando sensaciones, expresando lo que ha cobrado sentido. Y dejo pasar las preguntas. Finalmente he llegado, o eso creo, pero aquí no hay absoluta verdad, eso es cierto.

Creyéndome un profeta singular, finalmente he llegado al lugar, y me encuentro con un mar desértico, pero al momento escucho a través de las voces del mar, que con su memoria han guardado el pasado y transmitido las enseñanzas naturales por medio de sí. Veo a un grupo de personas que aparecen en el lugar no tan alejados de donde estoy. Hay uno de ellos, sosteniendo con una de sus manos una esfera que contiene luces irradiantes pero que no son cegadoras, tal parece que al mirar hacia ahí mientras escuchas su voz en vez de quedarte sin ver, abres con mayor intensidad los ojos. Pero al irme acercando, a realizar notas mentales y profundas sobre las palabras no solo de aquel ser, sino de quienes lo rodean, noto como se van distorsionando los escenarios naturales, y como en aquel despertar en la destrucción de aquella ciudad egipcia ahora tan alejada, me encuentro en una lluvia de guerra y fuego, y miro a ese mismo hombre al que están a punto de asesinar, y ahora que puedo, veo de cerca algo, a mi ni en cuenta con la revuelta, soldados me pasaban de lado y no había bronca, pero como intruso que soy asesino a uno de los soldados, le quito sus armas y por alguna razón que no puedo explicar, que como una chispa interna me llegó sin desprevenir su inimaginable naturalidad, que me lanzo para rescatar a aquel hombre, pero mi acto fue rotundamente un fracaso total, cuando salté en el aire para acabar de un tajo con quienes traían a ese tan felizmente común hombre, otros me asaltan y me cortan los pies, yo caigo al suelo y me quebro los dientes, me quedé con la boca hacia abajo, como rogando algo, mantuve mis ojos cerrados por un momento, embriagado por la verguenza y cuando alzé mi vista hacia aquel ser, ya no se encontraba en dicho lugar y a mí me capturaron y me encarcelaron, me cortaron los pies, y me cauterizaron las heridas. Pasaron noches y días enteros y cuando pregunté la razón de cuando sería mi audiencia o cuando me dejarían libre solo se limitaron a reírse de mí y aventar amenazas disipadas para que me mantuviera como hoy, haciendo nada. Siguió así el tiempo, me hice viejo, y fallecí, nomás para darme cuenta que había despertado en otra cárcel, en otra época, y así fue pasando el tiempo, oía sobre grandes hallazgos, descubrimiento de nuevas sociedades, nuevos territorios, nuevas guerras, sobre nuevas vidas. Y seguía muriendo y despertando en cárceles distintas, en lugares distintos, hasta que por fin me tocó el día en que me dejaron salir, más no sin cadenas en mis manos. Y ahora resulta que estaba sobre un cuerpo joven, parece que en esta cárcel me fue mejor. Al salir, como si fuera un payaso. Oía risas por todos lados y al escuchar un ruido de corte, miré una escultura con una cuchilla en el centro; la guillotina, ese aparato tan eficaz en aquella época como lo ha sido el cinematógrafo en la actualidad, desde el siglo XX en adelante.

Me acercan al estrado, y antes de poner mi cabeza mirando hacia el firmamento del suelo y los pies de los presentes en primera fila; siento comezón en uno de los pies, miro hacia abajo y veo a un insecto, y de una guantada mato a la avispa, la observo aplastada en mi mano cubierta de mi propia sangre; seguramente y no solo mi sangre. Me dieron ganas de reÌrme, me acordé del chiste, y aquÌ es donde acaba, pero inevitablemente suelto un sollozo y digo: Ya, wei!


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