Historias de la Ouija: La noche más larga (2ª parte. Final )

Por jz
Enviado el 24/06/2013, clasificado en Terror
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Nacho, tras las oracioniones, tomó el cuenco y bebió. Después lo pasó a Jaime. Este, sin pensarlo, dió un sorbo pasándolo rápidamente a Ramón. 

-Vamos, tienes que beberlo antes de que el fuego se apague!- Jaime se lo dijó al ver la cara de duda de este. Ramón, se armó de valor y le dió otro sorbo. Se lo pasó a Juan que, por culpa del temblor en las manos, no acertó a cogerlo y se le cayó al suelo. El cuenco se rompió en mil pedazos y le llenó los pies de sangre.

Al levantar la mirada Juan se llevó un susto al ver, a la luz de las velas, que sus tres amigos se habían quedado mirándole fijamente. Se sintió intimidado y solo alcanzó a decir:

-Chicos  a sido sin querer- Al ver que no obtenia respuesta su voz se rescrebajaba en llanto- ¡os lo juro!-La mirada de los tres estaba perdida- Si quereis cojo un poco con el dedo y la chupo- lo decía mientras acercaba su tembloroso dedo a la pierna. Mientras, Nacho, sin mediar palabra sacó un cuchillo de la mochila y lo posó sobre la mesa.

Al levantar la mirada con el dedo lleno de sangre, Juan vió el cuchillo. El pánico se apoderó de el.

-¡¿Para que es eso?!-¡¡Sus amigos no decían una palabra-Dejaos de bromas!!

Rápidamente, Jaime y Ramón agarraron  a Juan por los brazos. Este empezó a chillar y revolverse, pero sus intentos de escape eran inútiles, ellos eran mucho más fuertes.

Derrepente Jaime le agarró la mano y puso sobre la mesa su dedo manchado de sangre. Nacho sacó de la mochila un cuenco y un trapo. En un abrir y cerrar de ojos, le cortó el dedo. Su mano empezó a sangrar, Juan se quedó en estado de shock, a punto de perder el sentido, Nacho cogió el cuenco  y lo colocó debajo de su mano sangrante, tras ver esto, se desmayó. Llenó un poco el cuenco y después le hizo un torniquete a la altura de la muñeca para cortar la hemorragia.

Cogió las cenizas de la foto y los mechones de pelo y los echó sobre el cuenco. Lo removió con el dedo que acababa de cortarle a su amigo e hizo una cruz invertida en la frente a todos los presentes. Después le dió de beber del cuenco a un moribundo Juan.

-Llevadlo al árbol- Nacho señaló uno que estaba a escasos metros.

Mientras Jaime y Ramón llevaban a Juan arrastrando por los hombros, este despertó. La imagen terrorifica que se encontró le dejó petrificado, el miedo le invadió al ver que sus antiguos amigos le llevaban arrastrando a la vez que Nacho caminaba frente a el moviendo la sangre del cuenco con su dedo y diciendo unas frases que no alcanzaba a entender:

"In nomine Dei nostri Satana Luciferi excelsi!"

Abrid de para en par las Puertas del Infierno y salid del Abismo para saludarme como su hermano y amigo.

"In nomine Dei nostri Satana Luciferi excelsi!"

Yo te adoro, te invoco, te entrego mi alma para que de ella dispongas en lo esperitual... Así como en lo terrenal, con mis manos y mis pies.

"In nomine Dei nostri Satana Luciferi excelsi!"

¡¡Por todos los dioses del Averno, ordeno que todo lo que diga suceda!!

"In nomine Dei nostri Satana Luciferi excelsi!"

Nacho le dió un trago y el resto lo echó sobre la cabeza de Ramón, ya atado al árbol con las manos a la espalda.

Los tres volvieron a la mesa y Nacho colocó en el centro de la ouija la falange que acababa de sustraer de Juan, después se sentaron en círculo dándose la mano.

-¡Oh, Mi rey! Que tu sabiduría nos guíe en las tinieblas.- La mirada de nacho, al igual que sus dos compañeros, estaba sumergida en la profundidad de sus pensamientos- Tu deseos sean oidos y nosotros los llevemos a cabo. ¡Muestrate!

El aire dejó de soplar, sólo se oía a Juan gemir. Súbitamente el dedo empezó a girar rápidamente. Empezó a desplazarse sobre el alfabeto.

-H....

-A....

-M....

-B....

-R....

-E.....

-¡Que tus plegarias sean escuchadas y ejecutadas!- Nacho, Jaime y Ramón estaban en extásis-¡Oh, señor de las tinieblas! Que este manjar que te hemos preparado sacie tu boraz apetito.- Nacho se levantó  y señaló a Juan. Este, ante tal afirmación se  temió el peor final para el, finalmente cayó inconsciente.

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Juan se despertó de nuevo. Las velas estaban apagas, apenas apreciaba a ver en la oscuridad de la noche del bosque. Sus amigos parecían haberse marchado, lo que le tranquilizó. Aún así no entendía porque habían sido tan crueles como para dejarle atado al árbol, además apenas notaba ya la mano y eso le estaba empezando a preocupar mucho, probablemente si se quedaba ahí hasta que alguien le recatase  le tuviesen que amputar también la mano. No podía ni siquiera ponerse de pie, empezó a llorar por la impotencia. 

El sol comenzó a salir, y a medidad que el cielo iba tornandose azul su esperanza por sobrevivir iba aumentando. Empezó a buscar alrededor algo que le ayudase a  zafarse de la atadura cuando vió algo que le heló el corazón.

A la derecha, en tres árboles un poco más alejados, colgaban sus tres amigos de una soga atada al cuello. La imagen era espantosa, Juan volvió a quedarse paralizado.

Pronto oyó algo que le saco del lapso.

-¡¡¡Socorro!!!- Juan gritaba desesperado entre llantos- !!Ayudarme, por favor!!- Su llamada de auxilio no obtenía respuesta, pero el sonido continuaba.

Tras unos segundos apareció un macho cabrio negro. Se quedó mirando fijamente a los ojos de Juan y comenzó a caminar hacia él lentamente. Cuando apartó la mirada vió que había otros dos. Uno blanco y otro Negro. Los tres machos se acercaban a él, inmunes ante las patadas y los gritos que Juan soltaba:

-¡Alejaos!¡Que queréis de mi¡- La cabra blanca desapareció de su campo de visión, mientras que las dos negras estaban cada vez más cerca.

Las cabras empezaron a morderle, Juan estaba chillando de dolor. Sentía como la cabra blanca le empezaba a comer las manos mientras las otras dos se centraban en sus piernas y órgano sexual.

Entre lágrimas y medio desvanecido, Juan alzó la mirada una vez más. El terror que sentía ante su inminente muerte aumentó cuando vislumbró entre las sombras del bosque la figura de un ser que estaba postrado ante él. Súbitamente los tres cadaveres de sus amigos empezaron a arder, la luz del fuego iluminó el tenebroso panorama.

La cabras, llenas de su sangre, no dejaban de masticar partes de su cuerpo como si fuera un manjar del infierno, frente a él se había parado un horrible ser sin boca y con cuernos. Sus ojos se clavaron en la mirada de Juan.

Este se empezó a sentir fatal, había voces de lamento, susurraban su nombre, algunas eran voces de familiares llamándole melodiosamente, otras eran llantos de bebes y mujeres, como si les estuviesen maltratando. Juan, cansado y con gesto de pánico en su cara, sucumbió desangrado atado al árbol mientras las tres cabras seguían degustándole ante la mirada impasible de la figura infernal....


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