El pozo

Por jz
Enviado el 27/06/2013, clasificado en Drama
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Despierto sudando, un poco aturdido por el calor. El cuerpo me pesa, no puedo pensar claramente a causa del ambiento seco y caluroso.

Siento la boca pastosa, tengo mucha sed.

Con los ojos cerrados lanzo mi cara contra el barreño de agua en busca de refrescarme y beberme el resto. Estampo mi nariz contra el fondo seco del barreño, no puede ser, otra vez se me olvidó llenarlo la noche anterior. Nunca me dura un día entero el barreño lleno. La poca agua que dejo por la noche se evapora con el calor del amanacer. La cabaña es un hervidero pero estoy acostumbrado, mi familia a vivido en estas casas durante generaciones. Decido ir al pozo en busca de agua.

No sé que hora es, pero el sol ya lanza sus rayos como misisles contra mi piel, empiezo a sudar. La sed es insoportable, creo que no llegaré, llevo dos kilómetros y áun me quedan cinco. Pido a una mujer que viene de vuelta del pozo si es tan amable de llenarme mi vaso, ella accede con una sonrisa. Me bebo el vaso de una sentada, me siento mucho mejor. Prosigo mi camino más relajado, ahora puedo apreciar la hermosura del valle del Rift. La verdad, merece la pena el paseo al pozo. La luz de la mañana le da un brillo especial al campo. Las montañas se alzan espléndidas dándo sombra a gran parte del valle, verde por la selva y los campos de cultivo, me alegro de vivir en el paraiso.

Voy llegando al pozo, la cola es larga, me va a tocar esperar una media hora. La mayoría de los que esperan se entretienen charlando entre ellos, alguno que otro se trae una silla y espera mientras se bebe un mejunje alcoholico inventado por ellos mismos, causas que aumentan la espera considerablemente. 

Por mi parte, soy tímido y me cuesta abrirme con las personas, por eso siempre traigo mi libro. Soy de los pocos que saben leer en la aldea. Un día me encontré con un grupo de los soldados con cascos azules,  estaban sedientos y yo volvía del pozo con mi barreño lleno. Se lo bebieron entero y tuve que volver. A cambio me regalaron el libro y como estuvieron durante unos meses uno de ellos me enseñó a leer. Por que me eligieron a mi, no lo sé ni me lo pregunté, yo simplemente actué como lo hizo la señora hoy conmigo.

La cola está tardando más de lo normal. Veo a lo lejos que se acerca un todo terreno a gran velocidad. El mumurllo va menguando a medida que el auto se acerca y se puede apreciar que viene cargado de hombres con rifles y vestidos de militares. El ambiente empieza a ponerse tenso y algunos optan por huir. Me planteo salir corriendo, pero veo que rápidamente la fila se reduce a unas 10 personas, así que decido esperar, intentaré pasar desapercibido, como imagino que haran el resto de personas que han decidido quedarse. Ahora la esplanada del pozo está desierta, quien iba a imaginar el bullicio de vida que había hace apenas cinco minutos.

Se bajan del coche, son cinco hombres, exceptuando un hombre mayor, que parece ser el que los direge. Los otros aparentan entre 16 y 22 años. El mayor aparta de un empujón a una mujer mayor que estaba sacando agua del pozo, esta se cae al suelo pero nadie de la fila se mueve.

-Muy bien, me gusta que os comportéis así de bien-dos de los chicos apuntan a la fila con sus rifles, mientras, los otros dos sacan agua del pozo para llenar 10 garrafas grandes que habían traido- -Este pozo nos pertenece. Somos tan generosos que os dejamos sustraer agua sin pediros nada a cambio.- Su rostro respiraba maldad-  Pero ya que somos los dueños podemos tomar agua cuando queramos-  El jefe paró de hablar y se quedó observando a los presentes a la vez que se fumaba un puro, caundo reparó en mi y en el libro que intentaba esconder entre las manos.

-Hombre, si tenemos a un listo entre nosostros- El jefe se acercaba con una sonrisa maquiavélica- Tú, el del libro. -Giré la cabeza hacía él sin mirarle a los ojos.

Ya estaba escasamente a un metro de mi,  expiraba el humo del puro sobre mi cara, lo que me hacía toser.

-Jajaj.- Su risa me daba miedo- Veo que además de listo eres una mujer que no soporta ni el humo de mi puro.- ¿Es verad que sabes leer o lo llevas como amuleto?- La ironía de sus palabras reflejaban que sería difícil responder a esa pregunta, su rostro  indicaba que estaba deseando obtener la incorrecta.

Mi mandíbula estaba atascada por la tensión, no conseguía articular palabra, finalmente decido decir que si con la cabeza.

-¿Sii?- le cogió el libro de entre las manos- No te creo, ahora vendrás conmigo al campamento y allí nos leerás. Si es verdad que sabes leer puedes sernos útil. Si es mentira, veremos que hacemos contigo.

Me entra el pánico, parece que puede que no vuelva a ver a mi familia en una temporada, a muchos de mis amigos ya les ha pasado. Grupos de paramilitares los secuestran para incorporarlos a sus tropas. Para que se queden les ofrecen sexo, drogas y dinero, lo que la mayoría acepta. Aquellos que no lo hacen, desaparecen. Hoy, me ha tocado a mi, es imposible intentar huir corriendo, me dispararían inmediatamente, así que decido acercarme al auto. Los otros paramilitares me miran con mala cara, intuyo que no les caigo muy bien. Me empujan y me pegan patadas de camino al coche. El más joven tropieza y pulsa una vez el gatillo dsiparando su rifle.

Un punzazo me atrabiesa el estómago. Caigo al suelo derrotado por el dolor y el calor. Me llevo las manos al estómago, noto como se empapan de mi sangre. 

-Joder Akman, ya no servirá de nada- El jefe le dió una colleja al que había disparado- Nos podría haber sido útil si sabía leer de verdad- Se agachó y levantó la mano para ver la herida- Bueno aquí ya no hay nada que hacer, montaos y vamonos.

Al la vez que se iba depositando en el suelo la tierra levantada por las ruedas, mi vida se iba apagando entre una neblina de polvo del rift que me cubría, fué como si me arropase instantes antes de mi muerte. Como si el valle intentase decirme que no me iba solo, que le pertenecía a él, igual que el pozo y todos los habitantes que vivían en el valle, él nunca nos dejaría morir sólos. La sombra de las montañas me alcanzó, dejando la espalnada del pozo como si la noche hubiese caido subitamente. Cerré los ojos pensando en dormir bajo la noche del valle  para siempre.


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