El Monje

Por piedradragón
Enviado el 04/07/2013, clasificado en Varios / otros
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A pesar que él no iba a ninguna fiesta ni a discotecas por esta vez y sin que sirviera de precedente, haría una excepción. En el trabajo sabía que por detrás se reían de él, al parecer algunos tanto compañeros como compañeras le llamaban el “monje”. Ricardo o D. Ricardo o Sr Reyna, como así le llamaban, era un hombre joven de unos treinta y cinco años, que se había dedicado preferentemente a su carrera de informática, y ya tenía su empresa, que aunque pequeña era muy conocida por su buen hacer.

La insistencia de un colaborador y de su prima que era su pareja, le convenció para asistir a una pequeña celebración que iban hacer en un local de la ciudad y al mismo tiempo chantajearle para que les diera unos días de vacaciones por no se que viaje que tenían preparado.

Al llegar a la disco, la vio venir de lejos, ¡Dios mio que mujer! Podría tener cinco o seis años más que él, de cabellos negros pero negros, que le llegaban hasta los hombros, con bucles grandes y un poco descuidados en su peinado. Posiblemente con intención de llevarlos así. Según se iba acercando la conmoción era mayor pues no podía dejar de mirarla, sin excesivo maquillaje solo las pinceladas adecuadas que le daban a su cara un brillo radiante, vestía de negro, una falda corta a mitad del muslo, medias no muy tupidas, la blusa de gasa transparente donde se adivinaba su ropa interior también transparente, que para poder taparle el pecho tenia unas filigranas en medio de las copas, sandalias de tacón fino no excesivamente alto, se cubría con una chal grande de rojo valentino y altanera muy altanera, tanto así que le apartó levemente para pasar antes que él al recinto.

Otra historia fueron las explicaciones que tuvo que dar a los porteros para que le dejaran pasar, no se sintió mas humillado desde su adolescencia. Una vez dentro comenzó una aventura a la que no estaba acostumbrado, la búsqueda del objetivo, todo era ponerse de puntillas, subirse a los escalones, preguntar a los camareros sin que nadie supiera nada, aquello era una jaula de grillos descontrolados que se movían al mismo ritmo de la música. Después de quince minutos de búsqueda se puso un tope para llegar a la meta, o los encontraba en cinco minutos o se iba.

En esas estaba cuando le cogieron por el brazo y lo arrastraron por el medio de la pista hasta una mesa donde estaban sentados ocho o nueve personas, todos gritaban, le saludaban, le besaban, sentandole de golpe en un sillón bajito e incomodo.

Su prima que era quien le había rescatado le intentaba presentar a gritos, hasta que llego a ella, ella estaba allí. La tenía en frente, sus piernas, sus ojos, sus manos, su blusa transparente, su boca, su sonrisa, de nuevo sus piernas, beber y beber, nada más que beber.

Miró el reloj porque la mesa se iba quedando vacía, solo quedaban su prima, el colaborador, otra pareja, ella y él. Cuando volvió del servicio ya solo quedaba su prima, la mujer y él, la prima le dijo que se marchaba que la esperaban los demás en la puerta y de esta forma se quedaron solos. Ella ya no hablaba se había escurrido en el sillón tenía ladeada la cabeza y la falda se le había subido hasta las ingles, ¡Estaba totalmente bebida!

Pensó en marcharse, en dejarla allí, pero no tuvo valor, no estaba bien, la cogió por la cintura, la bajo la falda, recuperó su bolso, rodeo las mesas, subió las escaleras con ella a pulso y salió a la calle, una vez fuera el fresco de la noche pareció despejarla un poco a duras penas se sujetaba y le miraba pero estaba claro que no le veía, en el parking se puso a devolver salpicandole los zapatos y los pantalones, no se tenía en pie, la sentó en el suelo apoyada en un coche y la dijo que no se moviera de allí, fue a por su coche para llevarla al hospital pero meterla fue una odisea no había forma de levantarla, por fin la cargo al hombre y la metió en los asientos de atrás. ¡Y ahora que! 711 Si no la conocía de nada que explicaciones podía dar, lo mejor llevarla a casa y luego buscar en sus papeles. Durante el viaje el cabreo aumentaba, le habían dejado solo sin ningún miramiento ¿Pero como se podía dejar a una persona abandonada en ese estado? Se iban a enterar de esto.

La mujer seguía inconsciente cuando llegaron al garaje, como no podía sacarla pensó en esperar por si se recuperaba algo pero pasó el tiempo y nada, mejor subir a casa a por un libro, pues esto iba a tardar, - Espera que ahora bajo, no te muevas - le dijo; pero cuando bajó las puertas del coche estaban abiertas y ella no estaba, - Joder, joder, ¿Pero donde está ahora? ¡Madre mía, esto es de locos! ¿Pero donde está? ¿No se habrá caído a la otra planta? ¡La madre que...! Y fue a buscarla.

Miró en la otra planta y nada, volvió al coche y nada, ¿Pero donde estará? Se sentó en el capo del coche sin saber que hacer, ¿Que ruido es ese? Sonaba como unas risítas.

La encontró apoyada en la pared y la tapaba un todo terreno, con las bragas en los tobillos y un charco en el suelo, no se podía sujetar, se había mojado además de la ropa interior, la falda, las medias, las sandalias, en fin un desastre y amenazaba con caerse de culo en el charco, como pudo la cargó al hombro y la subió a su casa, limpiándola con unas toallas para después depositarla en su cama donde pasados unos minutos roncaba como un búfalo.

Al día siguiente y ya por la tarde oyó unos gritos en su habitación “Donde estoy, donde estoy, por favor, donde estoy” Ricardo entró y ante la desorientación de ella, le explicó todo lo sucedido dándole la ropa debidamente lavada y planchada para que se la pusiera. Cuando se hubo vestido la ofreció tomar algo aunque solo fuera un café cosa que ella aceptó, cuando se despidieron la mujer le dijo que le faltaba una prenda guiñándole un ojo, él se quedo pensativo.

Pasado una semana y después de reconvenir, abroncar y amenazar como correspondía a los responsables del abandono una mañana entro su secretaria en el despacho con un ramo de flores diciendo: “Esto es para ti”. Las flores llevaban una nota “ Aunque estas muy ocupado espero que tengas tiempo de devolverme mis braguitas, que se quedaron en tu casa” y un teléfono. ¡Dios mio, ahora que me acuerdo, si subió sin ellas!.


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