CUERNOS EN LA SOBREMESA ( capitulo 1 )

Por Eusebio Efe
Enviado el 24/07/2013, clasificado en Intriga / suspense
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CUERNOS EN LA SOBREMESA    ( capitulo 1 )

 

La policía acordonaba la zona. Un ajetreo de agentes entrando y saliendo de la casa, las luces de colores y las sirenas de los coches llegando al lugar, evidenciaban que algo y no muy bueno, acababa de suceder. Un tumulto de gente curiosa se agolpaba por los alrededores. De él, surgió una señora enloquecida, azorada, parecía una vecina, proclamando a los cuatros vientos que se había producido el asesinato de dos personas: ¡Han matado a tiros a un hombre y a una mujer, los han encontrado juntos en la cama en medio de un gran charco de sangre! Gritaba. El gentío había formado varios corrillos comentando la noticia y se rumoreaba que el asesino se habría entregado a la policía.

 

Unos días antes de los hechos,  en una noche de juerga de un fin de semana se oía mucho bullicio en el pub Mario’s, eran altas horas de la madrugada pero el ambiente seguía por todo lo alto en el local y allí se encontraban involucrados en el jolgorio Telmo, Francis, Kike y Oscar. Eran cuarentones, se conocían desde jóvenes y eran los únicos de la cuadrilla que se seguían viendo de vez en cuando. Todos los años quedaban una vez para cenar y salir de fiesta y recordar viejos tiempos. Telmo y Francis se veían más a menudo porque estaban casados y solían quedar  juntos para cenar con sus parejas. . Kike y Oscar se habían quedado solteros, siempre habían sido un poco más retraídos con las mujeres, al contrario que Francis y Telmo que habían sido los ligones del grupo.

 Francis y Kike estuvieron una temporada sin hablarse. Algo tuvo que ver una traición por parte de uno de ellos en un negocio cuando eran socios, pero parece que eso ya se había superado, al menos en estas celebraciones. Igual intentaban no romper el buen ambiente del grupo.

-¡Venga, saca otra ronda! Le exclamó Oscar al camarero.

-No, que se ha hecho muy tarde y me tengo que marchar. Le prometí a mi mujer que no llegaría de día, dijo Telmo.

-Eso te pasa por estar casado, no ves nosotros, acabaremos la noche y no tendremos que rendir cuentas a nadie, jajaja, bromeó Kike.

-Venga te acompaño, dijo Francis, que me temo que yo tengo el mismo problema que tú, jajaja.

-Bueno, pues nada, darles recuerdos a vuestras mujercitas jajaja,  y a ver si nos vemos más a menudo…

-Que canallas sois jajaja, que no haya que esperar otro año para vernos, respondió Telmo.

Y así, entre bromas y risas se despidieron. En el Mario’s se quedaron los solteros, y Telmo y Francis se encaminaron para sus casas.

Vivían cerca el uno del otro, hacía una noche agradable para caminar y la conversación era entretenida, recordando los buenos momentos pasados esa noche, alguna que otra gamberrada que habían hecho, pero a medida que avanzaba el paseo, Telmo empezó a tener la sensación de que Francis se iba retrayendo, como si sus palabras se diluyeran, como si quisiera decir algo y no se atreviese. No se le notaba a gusto. Su actitud había cambiado en unos minutos.

-¿Te encuentras bien, Francis? Te noto raro. ¿Has bebido demasiado, quizá? ¿Te pasa algo?

-No, que va, no me pasa nada. ¿Por qué me iba a pasar?

-Estás pensativo, como ausente, ¿De verdad que no te pasa nada? Te recuerdo que somos amigos, insistió Telmo.

-Mira, está bien, ya no puedo más, te lo voy a contar. No sé si tendría que hacerlo, ni siquiera sé si hago bien en decírtelo, pero creo que tienes que saberlo.

-Pero, ¿Qué es? ¿Qué pasa? Me estás preocupando, dijo Telmo un tanto asustado.

-Tu mujer te engaña. Hace tiempo que te lo quería decir, pero no me atrevía.

-Pero, ¿Qué me estás diciendo? ¿Tú sabes lo que me estás diciendo? No puede ser, si está enamoradísima de mí, si yo no he notado nada raro, insistía Telmo.

-Lo siento, Telmo, pero es verdad. Lo sé de buena tinta.

-Pero, ¿Y con quién?

-Con uno de la cuadrilla, dijo Francis.

-¿con Kike o con Oscar? Pero si nunca han seducido a una mujer, si los ligones éramos nosotros, decía Telmo con cara de incrédulo. Tiene que haber algún error. Porque, ¿No serás tú, cabronazo?

-Que va, yo no haría eso a un amigo, respondió Francis. Son uno de los dos, lo que pasa que yo tampoco sé quién es. Es una información verosímil, pero tendrás que averiguar tú quien de los dos es. Yo intentaré ayudarte, pensaremos algún plan para averiguarlo, pero de momento conserva la calma y disimula en la medida de lo posible para que tu mujer no se dé cuenta. Bueno, ya hemos llegado a tu casa, siento que te haya tenido que contar esto, intenta estar tranquilo y cualquier ayuda que necesites por mi parte, ya sabes, aquí estaré.

Y así, se despidieron esa noche. Al día siguiente, suena el teléfono de Telmo, era Francis.

-Hola Telmo, ¿Qué tal te encuentras?

-Pues bastante mal, apenas he podido dormir. Nunca en mi vida me sentido tan confundido, tan herido en mi orgullo. Como sea verdad se va a enterar. Soy capaz de hacer cualquier salvajada, de mi no se ríe nadie. Hoy ni siquiera he podido mirarla a la cara.

-Mira, tengo un plan, le dice Francis, esta semana es tu cumpleaños, prepara una comida en tu casa y con tal pretexto invita a la cuadrilla. Yo iré con Carmen. Estaremos los seis. Así Laura no sospechará nada y podremos comprobar si tiene alguna miradita sospechosa o algún signo de complicidad con Oscar o con Kike.

-Me parece buena idea, contestó Telmo, esto se tiene que resolver de alguna manera, yo no puedo estar más tiempo así, con esta incertidumbre. Mi dignidad, mi soberbia me engulle.     Continuará.

eusebio efe.

 

 


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