La Tormenta

Por jz
Enviado el 25/07/2013, clasificado en Terror
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La noche era lluviosa, el viento se colaba por las ranuras de ventanas y puertas quejándose como un alma en pena. Los árboles generaban sombras en mi pared que simulaban ancianas encorvadas con las manos parecidas a garras que intentaban sacarme de la cama. Y los truenos se posicionaban como la banda sonora de la noche. El insomnio se había apoderado de mí.

Empecé a dar vueltas sobre mi cama, pensando que quizás no podía dormir porque no encontraba la postura adecuada, las extrañas figuras me empezaban a dar miedo. Parecían que sonreían cada vez que se acercaban a mi cama. El viento cada vez era más fuerte, la lluvia golpeaba la ventana como si alguien estuviera intentando abrirla, finalmente, tras el susto que me provocó el estruendo de un rayo, el viento terminó abriendo una de ellas. Empezaron a volarse todos los papeles que tenía sobre la mesa, el agua entraba por el marco a raudales y las sombras parecían invitarme a salir de la cama para volver a cerrarla. Me armé de valor y di un salto del colchón. Rápidamente cerré la ventana y volví a meterme entre las sábanas, a esas alturas de la noche me parecía el lugar más seguro del planeta.

Tras cerrar la ventana parecía que la habitación y los miembros de las tinieblas que la habitaban se habían marchado. Ya casi no oía el viento, las sombras ya eran ramas que se movían al son del aire y la lluvia torrencial se había convertido en un leve chispeo.

Me sentía mucho más relajado, los párpados empezaban a pesarme y el sueño contagiaba cada rincón de mi cuerpo. Estaba a punto de dormirme cuando el ruido empezó de nuevo.

Esta vez se trataba de la puerta del baño, chirriaba como si alguien la estuviese abriendo y cerrando constantemente. Esto me extrañó, creía haber cerrado la ventana antes de irme a la cama, aunque podía haberla abierto el viento también. Estaba tan cansado que decidí no salir de la cama, la lluvia prácticamente había parado y me encontraba tan bien arropado en mi nido que me dio igual que se quedase abierta, una vez que parase el viento pararía la puerta de hacer ruido. Definitivamente, caí en la fantasía de los sueños.

Desperté a las tres horas, empapado en sudor, aunque no me acordaba de lo soñado, sentía que había sido una pesadilla. Mi corazón palpitaba y las gotas me caían en cascada. La puerta del baño seguía sonando, estaba también un poco fatigado, necesitaba ir al baño para refrescarme la cara y a cerrar la ventana, el chirrío empezaba a ser igual de molesto que una gota que cae constantemente en medio del silencio de la noche. El sonido se había clavado en mi mente y si no me levantaba a cerrar la maldita puerta no podría pegar ojo en toda la noche.

A duras penas salí del calor de mi catre en dirección al baño, en cuanto puse un pié en el pasillo el ruido paró, me maldije por haber salido de la cama, aunque ya que estaba de pie la cerraría para que más tarde no me volviese a molestar.

Cuando llegué al baño el corazón me dio un brinco al comprobar que la ventana estaba cerrada ya… ¿Entonces?... ¿Por qué se estaba moviendo la puerta?... ¿Habría sido esa mi pesadilla?...¿Seguía dormido?... Llegué a la conclusión de que habían sido imaginaciones mías, me refrescaría la cara para bajar mi calor corporal, sentía que estaba hirviendo, había cenado mucha cantidad y el estómago me estaba dando una paliza.

Abrí el grifo para lavarme la cara cuando de repente oí los pasos de alguien corriendo por el pasillo. Mi corazón se paró, estaba solo en casa, no podía ser, con miedo me asomé al pasillo, estaba completamente a oscuras y apenas podía distinguir nada, así que encendí la luz para asegurarme. No había nadie y todas las puertas, exceptuando la de mi cuarto, estaban cerradas…

¿Me estaré volviendo loco?... No entiendo nada… Bueno… Es una noche de tormenta, esos días parece que oyes de todo… Vuelvo a la cama, seguro que por la mañana todas estas alucinaciones habrán desaparecido.

Apagué la luz del baño y cerré la puerta, así no habría más sonidos molestos. Pero ahora prefiero dejar la luz del pasillo encendida, me da más seguridad. Entré en mi habitación y dejé la puerta entreabierta para que se colase algo de claridad. Me metí en mi cama de matrimonio sin quitarle ojo a la puerta, tenía la extraña sensación de que había alguien conmigo, aun siendo imposible. Mi novia estaba de viaje y yo vivía solo en casa desde hacía una semana.

Me tumbé mirando hacia el techo pensando en ella, ya la echaba de menos. Cuando giré la cabeza en dirección contraria a la puerta un escalofrío recorrió mi cuerpo al comprobar que dentro de mi cama, pegado a la pared, había un bulto que antes no estaba. Me caí de la cama al comprobar que parecía ser alguien que respirase. Empecé a temblar, apenas podía levantar mi tiritante cuerpo, me agarré a las sábanas para ayudarme, pensé en lanzarme como una apisonadora  encima de la persona que estuviese dentro de mi cama.

Tiré fuerte de la manta arrastrando todo al suelo. La imagen me dejó helado, ya no tiritaba y mi cuerpo se había convertido en un témpano congelado. En la otra mitad de la cama, acurrucada en posición fetal, se encontraba una niña en camisón. Sus ojos eran negros como el azabache y su tez blanca como la cal, su pelo era largo y negro. Me inquietaba que no dejara de sonreírme como si estuviese jugando. Yo sólo acerté a preguntar tartamudeando…

-Pe..Pero… ¿Quién eres? …. ¿Cómo has entrado en mi casa?... - La niña solo esbozaba una sonrisa mientras se movía a gatas hacía el borde de la cama hasta dejar su cara a unos escasos treinta centímetros de mi rostro.

-Soy la Muerte - Mi corazón había dejado de funcionar hacía un rato, pero yo podía seguir sintiendo, todo parecía completamente real -He venido a buscarte, pero como todavía no había llegado la hora me había parecido divertido jugar contigo- Su mirada era como un pozo sin fondo. Yo estaba inmóvil, pero ella continuaba hablando.

- Hoy, antes de que hayas entrado en casa, has caído fulminado por un rayo.

Finalmente conseguí hablar,

-¡Eso es imposible! ¡He llegado a casa, me he hecho la cena y me he lavado los dientes!

Ella comenzó una gran carcajada

- ¿!¿De qué te ries?!?

-Pobre... Llevas horas en el Limbo, todos debéis pasar un tiempo en él mientras sois juzgados para decidir dónde pasaréis el resto de la eternidad, pero tu juicio ya ha finalizado…

-Y... ¿Dónde me ha tocado?- Al oír la pregunta le miró fijamente a los ojos y sin dejar de sonreír contestó…

-Ya estás en tu sitio… – Se puso de pié en la cama señalando la ventana, que se abrió súbitamente – El Infierno

Me asomé y comprobé que la lluvia fina que caía era roja y el cielo estaba teñido de naranja fuego. Consciente de mi destino, salté por la ventana aceptando la eternidad que me había tocado...


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