La Bendición del Dragón (cap1) 1/2

Por Beni M. Lado
Enviado el 29/07/2013, clasificado en Fantasía
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Las grandes historias siempre empiezan igual, “había una vez”… y esta no va a ser menos…

 

Érase una vez un reino oriental llamado Ansur, y cómo sabéis, en oriente es dónde se pueden encontrar todos los seres fantásticos que existen, es el único lugar dela Tierra donde aun no se han extinguido.

El Reino de Ansur es conocido por los innumerables dragones, que sin duda es el ser fantástico por excelencia del Reino, tanto es así, que en la mismísima bandera del reino va estampado el símbolo de un dragón negro sobre un fondo rojo.

Ansur era un reino que para nosotros, los occidentales, tenía una extraña cultura, todas sus princesas, al llegar a la mayoría de edad, eran encerradas en un castillo junto con un dragón en etapa madura para que la custodie. Así si alguien quería prometerse con dichas princesas lo único que tenía que hacer era atacar el castillo, matar al dragón y recoger su recompensa, una vida llena de riquezas y gloria, o al menos eso era hasta la llegada de un joven…

En el Reino apareció un joven que se autodenomina el “Liberador de Dragones”, y se dedicaba principalmente a todo lo contrario, mataba a las princesas y así conseguía liberar a los dragones. Sin una princesa a la que proteger, el encantamiento que ataba a los dragones al castillo desaparecía y lo dragones eran libres de nuevo.

Obviamente dichas acciones enfurecieron al Rey de Ansur, y rápidamente se puso una gran recompensa a la cabeza del “Asesino de Princesas”, lo que provocó que muchos intentaran detener su cruzada, pero fue inútil, tenía la fuerza de un oso, la agilidad de una pantera y el aliento de un dragón. Ninguno estaba a la altura de las habilidades del “Protector de Dragones” y su cruzada continuó sin que nadie pudiese frenarlo. Hasta que llegó al castillo en el que se encontraba la princesa del Reino de Ansur, la más cotizada de todas, aquel que consiguiera matar al dragón que la protegía sería Rey algún día.

El majestuoso castillo se encontraba en un montículo en el cauce de un río, que cuando subía la marea lo hacía inaccesible por tierra, algo que ayudaba a que los cadáveres de aquellos que intentaban rescatar a la princesa fueran arrastrados por la corriente y no se acumulasen en los alrededores del castillo.

Cuando el joven llegó se encontró con los restos de la última batalla, la marea aun no había pasado a recogerlos, eran por lo menos cien y todos asesinados por flechas. Algo un tanto extraño dado que se suponía que era un dragón el que protegía a la princesa.

Al agacharse para examinar un poco más de cerca a un cadáver sintió un leve zumbido, que para un ávido guerrero como él era fácil de reconocer, una flecha. Giró sobre sí mismo mientras desenvaina su elegante katana de hoja morada y esta partió la flecha con un corte certero. Observó el castillo con curiosidad desde la distancia, la trayectoria provenía de allí, lo que significaba que había algo más que un dragón protegiendo a la princesa, ¿el rey habría movilizado sus tropas para emboscarlo? No se veía movimiento de tropas en el castillo, entonces, ¿qué o quién protegía a la princesa?

Los ojos verdes del joven escudriñaban pausadamente las partes del castillo en busca de algún tipo de movimiento que delatase a su atacante, y de nuevo otro zumbido, pero esta vez estaba preparado. Provenía del torreón derecho, lo que delaba a su atacante, ahora ya sabía donde se encontraba. Con un giro lateral esquivó la flecha con facilidad y comenzó a correr en dirección al castillo, de nuevo otro disparo, esta vez más rápido, el joven realizó un corte y la hoja morada centelleó deshaciéndose del nuevo disparo.

El gran portalón del castillo cada vez estaba más cerca, y el arquero se quedaba sin ángulo desde la gran torre. El joven asesino se paró frente a la puerta, dio una fuerte inspiración, y su espiración se convirtió en un mar de llamas calcinando la puerta en cuestión de segundos. Tras la humareda una figura negra salió como un rayo hacia el joven, era una pantera negra como el carbón, y sus potentes fauces se habían lanzado a la yugular del guerrero. Como acto reflejo este se protegió con el brazo izquierdo antes de caer de espaldas con el gran felino encima listo para arrancarle el brazo de cuajo. El joven no dudó, tenía un brazo libre, aunque había soltado la espada por la caída tenía algún recurso guardado. La palma de su mano empezó a arder, y luego el fuego se arremolinó formando una esfera ardiente, estaba listo a darle con ella a aquella fiera cuando una voz sonó desde el castillo.

- ¡Kuro! ¡Suéltalo!- Al instante el imponente animal relajó la mandíbula y soltó el brazo malherido. Sabiendo que las cosas no estaban a su favor, el joven asesino hizo desaparecer su esfera de fuego de su mano derecha como muestra de paz. El felino se retrasó sin dejar de mirar con sus ojos carmesí a su presa, parecía poco satisfecho con la orden que le habían dado.

El asesino se incorporó y vio que quién había hecho retroceder a la pantera era una joven que lo amenazaba con un arco. Era una joven preciosa, pese a su apariencia desaliñada, su hermosura era latente. Tenía el pelo largo y desaliñado, sus bonitos ojos eran color caramelo, y su cuerpo estaba perfectamente distribuido, pese a su delgadez sus proporciones eran perfectas. Era la mujer más hermosa que el asesino había visto nunca.

- ¡Márchate ahora y te dejaré vivir!- La voz de la joven hizo volver en sí al ensimismado asesino. Era una voz suave y melodiosa, y aunque estuviese gritando llena de furia era como si te azotasen con un látigo de seda.

- Lo siento… pero no puedo hacerlo.- Dijo el joven asesino mientras se incorporaba. El brazo izquierdo estaba empapado en sangre desde el codo hasta la mano, y esta ya empezaba a gotear. Sin duda la pantera le había hecho una buena herida, pero el dolor era soportable, y ahora que estaba tan cerca de poder liberar a aquel dragón, no podía abandonar.- Solo quiero liberar al dragón que custodia el castillo.

- ¿Sabes lo que eso significa?- Dijo la hermosa joven tensando un poco más el arco.

- Si…- Contestó el asesino casi como un murmullo bajando levemente la mirada apesarado.- Si no mato a esa princesa el dragón no podrá ser libre. Seguirá esclavizado hasta que venga alguien y lo mate.- Sus palabras estaban llenas de impotencia y una lágrima recorrió su mejilla.- No hay otra forma de hacerlo…- Tantas muertes a su espalda eran un carga difícil de llevar, pero ese era el camino que había escogido. 

Continúa en "Protectores de Dragones (cap1) 2/2: 

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