De camino a casa cap 3

Por jz
Enviado el 06/08/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Mmmm...Carne fresca… Necesito devorarla poco a poco, disfrutar cada pedazo de su tierna y jugosa textura... Cuando me alimento me siento fuerte...Poderoso...Destellos de un pasado primitivo en el que cualquier animal era idóneo para ingerir energía...Pero existe una gran diferencia entre mis antepasados y yo...

En mi paladar, mucho más educado con los siglos, el sabor se impregna en cada poro de la lengua, dejándome degustar el sutil sabor a metal de la sangre. Esa sensación recorre la columna como una ola de placer que me electriza la piel. Ese escalofrío viene con reflejos primarios que se apoderan de mí ser, haciendo que la ansiedad me invada nublándome la mente. El sabor intenso de la sangre me hipnotiza...Me excita!...Lamo con devoción cada gota que resbala por mi cuero. No puedo parar de masticar despacio, disfrutando de cada corte que mis dientes hacen como cuchillas. Al ser la segunda vez que tengo el placer de deleitarme con este manjar, puedo distinguir todas las variantes de sabor que posee una carne tan refinada y exquisita. Estaba convencido que un animal de ese tamaño y con poca grasa tenía que ser el adecuado... Como no, la que está pegada al hueso es la mejor parte, debo de gozarlo, sé que no tendré otra oportunidad igual...

Ya cuando estaba viva, la joven Marisa no hacía más que sudar... Nunca creía que fuese capaz de semejante acto... Pero el error fue quedarme solo... Hacía tiempo que un pequeño pensamiento surgido de la imaginación se había expandido como un veneno por mi propia sangre. A causa de una pequeña noticia que leí en el periódico, este rezaba en una de sus páginas.... "La carne humana es la mejor carne que existe"... Dicho por un gran cocinero... Ahora me encontraba en esa situación... Es curioso como nuestra mente primigenia contiene aún un gran poder sobre el cuerpo de la gente como yo. Personas que cualquier pequeño acto de la rutina puede activar en ciertas partes del cerebro los instintos animales  que poseemos... Como si fuera un interruptor que encendiese una luz que tarda en calentarse y va iluminándose poco a poco hasta dar su máximo rendimiento alumbrando toda la habitación... pero en este caso la habitación era mi mente, y la luz era una idea que se aferraba a los pliegues de mi cerebro como ramas de árbol... En las últimas horas no podía más que pensar en el sabor de la carne humana y ahí estaba ella, en mi taxi, alejados de cualquier mirada ajena... Me la tuve que llevar....

Cuando llegamos al sitio, su olor me excitaba como un león que huele a su presa. El regusto salado de su sudor emanado por el miedo mezclado con el alcohol de la colonia invadía mi paladar... Mientras más fuerte la empujaba mejor sabía cada lamida que le daba... A medida que mi calor corporal subía, aumentaba la sed por sangre, en el clímax de mi delirio sentía la inmensa necesidad de extraer todos los placeres que su débil cuerpo me podía otorgar...La sensación de excitación es indescriptible. Cada milímetro de mi piel se deleita en una mar electrizante de emoción y satisfacción al convertirme en un auténtico animal carnívoro. La sangre salpicaba todo lo que nos rodeaba, yo estaba empapado en ella, me relamía como un perro mientras continuaba mi acto sexual... Sólo podía sentir...La razón hacía tiempo que se había lanzado al vacío... Inmune ante los leves suspiros de piedad que lanzaba Marisa, mi mente sólo vivía como un animal salvaje en la estepa... El hambre devoraba mi estómago, la energía que suponía mantenerla inmóvil se consumía a pasos agigantados junto con la adrenalina que poblaba mis venas... Mi vientre rugía como el de una bestia haciendo que la devorara arrancando los trozos más tiernos de Marisa.... Después de eyacular, mi ritmo cardiaco se redujo y empecé a recrearme en el intenso gozo que me surcaba la piel al probar una carne tan delicada, sólo podía continuar degustando...

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El agente Álvaro Rodríguez era audaz y tenía una cierta facilidad para intuir pistas. Con la aparición del pedazo de cuerda y los restos de Sara, quedaban descartadas por completo las primeras imágenes en las que sospechaban de un coche privado de color gris o blanco. Ahora, en una nueva secuencia de imágenes de la cartuja, se veía cómo los únicos coches que pudieron hacer el recorrido hasta el lugar dónde se encontró a la víctima sólo había unos quince coches privados, ninguno gris o blanco, a excepción de los taxis, que había veintisiete. En total, para la policía y el agente Rodríguez en concreto, había unos 42 sospechosos... Pero él olía como un sabueso que un taxi pasaría completamente desapercibido... En Sevilla, por lo general, son un gremio amable y bien avenido. Era una estupenda coartada para llevarse a cualquiera sin llamar la atención de los controles de alcoholemia, habían situado tres en las entradas de la cartuja esa misma noche, querían pillar a los pobres borrachos que salían de las distintas discotecas que nutren los antiguos locales de la cartuja remodelados de manera que intentaban ser algo más que horteras sin conseguirlo. Para Don Álvaro, como lo llamaban en la comisaría, era prácticamente imposible que algún coche privado con una persona secuestrada viva hubiese traspasado las barreras de los policías, a los taxis era muy raro pararlos. Aun así, no quería cerrar ninguna posibilidad, sentía que el contrincante era muy precavido, pero tras ver el destrozo que le hizo a la Sara intuía que si volvía a caer sería cada vez más impetuoso y menos atento a los detalles, tenía la completa certeza de que estaba enfrentándose a un monstruo que la ciudad de Sevilla no había visto desde los tiempos de la inquisición.

Esta vez no se trataba de un tarado que tiene un mal día y se lleva a alguien por delante. Era un animal de otra clase, un depredador de personas. Se nutría de la violencia. El examen forense demostró que Sara había sido mordida por todas las partes de su cuerpo, su vagina estaba rasgada hasta el punto que perdió la mayor parte de la sangre por esa zona, parecía que había sucumbido por un animal con la rabia. El calor había deformado los posibles moldes de los dientes, el pus supuraba por todos los mordiscos y el olor era tan intenso que se colaba por las fosas nasales llegando hasta la garganta. Sin embargo el agente se acercaba  hasta casi rozar su nariz con la masa amarillenta, a la antigua  usanza y en una imagen muy cómica, se servía de una lupa para inspeccionar de cerca la piel del cadáver, necesitaba encontrar cualquier detalle tenía la ansiedad propia de intuir que este demonio volvería actuar pronto, una convulsión de pánico le estremeció el corazón. Sabía que pronto tendrían noticias de él...


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