Amantes confesos

Por priscilla69
Enviado el 07/08/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Le pedí que me acompañase a mi apartamento invitándole a entrar. Fue cruzar la puerta y se desataron mis pensamientos más morbosos. Le cogí la mano y subimos la escalera con paso firme. Señale el sofá y se sentó-Tocare algo mas, para ti, solamente. Solté mientras le daba un beso rápido. Vi como agarraba la botella de whisky y se servia una copa. No se porque me decanté por la Sonata num. 14 de Beethoven. Note su presencia a escasos centímetros de mi espalda, pero continué sonando, a pesar de desear que me tumbase sobre el piano y me follase sin piedad. De pronto su lengua se clavo en mi nuca, deslizando a continuación su boca por mis hombros mientras sus manos me acariciaban. Ya no pude mas y abandone el piano, su música y todo lo que provenía de el. Apoyé la cabeza sobre las teclas, mientras sus hinchados labios se entretenían de nuevo en mi cuello hasta detenerse en mi oído. Escuche sus jadeos lujuriosos, mientras yo, que ya no podía estar más húmeda me subí el vestido hasta los muslos. Mis pezones estaban duros, mientras el los devoraba en desorden de uno a otro, a la par que sus manos subían por mis piernas hasta rozarme el clítoris, que le esperaba abrasador. Le desnude con rapidez, ya que tenía necesidad de perderme en la carne de su espalda. Nos deslizamos hasta el frío suelo del salón, mientras nuestros cuerpos ardían. Su cabeza encajo en mi entrepierna y su osada lengua se entretuvo a jugar con la parte externa de mi sexo. Estuve apunto de correrme si no llega a ser porque de golpe me dio la vuelta, y me penetro con una furia incontenida. Mi cuerpo se movía a causa de las fuertes sacudidas q provocaba su enorme verga en mi interior. Ya no soporte mas placer y me corri, al tiempo que note su calido semen esparcirse en mi. Recuerdo que me puse de rodillas y limpie su falo con mi lengua. Acto seguido, me acogió en sus brazos y me dormí.

Es curioso pero a la mañana siguiente me desperté y el seguía allí, durmiendo placidamente mientras tras el ventanal, intentaba componer una melodía al nuevo día que despuntaba entre los tejados de la ciudad.

(dedicado a mick blues)


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