El diario de Melinda II

Por Angelius
Enviado el 08/08/2013, clasificado en Amor / Románticos
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Cuando yo iba a empezar con las disculpas pensando que Juan se lo había dicho a Alexia, ella vino, me abrazó y me dijo que me tenía que dar una buena noticia. Yo esperaba ya cualquier cosa y ella me comenta que se iban a casar y que estaba embarazada. De todo lo que yo me podía esperar, eso nunca pasara por mi cabeza. Yo miré a Gustavo y él me sonrió y me dijo: “me encantó la comida que hiciste suegra”. Yo sabía que esa frase tenía doble sentido, además también lo sabía Juan que estaba sentado en el sillón llorando a moco tendido.

Cuando se fueron, Juan se vino hacia mí y me pegó unas cuantas bofetadas mientras me decía que él sabía que yo lo engañaba con algunos compañeros de su trabajo pero que nunca me perdonaría que engañase también a nuestra hija. Yo la verdad, no sabía que decir, no pensaba en mi hija casándose con él y menos que no nos dijera nada antes de tomar esa gran decisión.

Por la noche fui a la habitación a dormir y Juan no estaba ahí. Pensé que yo no me merecía ese hombre que sabía que lo engañaba pero que nunca me dejó sola cuando tenía problemas o me encontraba triste por cualquier tontería. Me quedé dormida pensando como tenía que hacer para recuperar el amor que algún día sentí para casarme con él.

Al día siguiente me levanté y me sentí extraña sin el beso de buenos días de Juan. Me vestí, bajé al salón a mirar donde se había metido Juan pero no estaba. Supuse que se habría marchado ya a trabajar pero cuando entré al baño para ducharme ahí estaba él, colgado de la cornisa. Se había suicidado y cumplió con lo que me había dicho, que nunca me perdonaría.

Pero eso pasó ya hace cuatro años y tengo que empezar de nuevo a vivir la vida como dios manda. Ahora intento salir todos los fines de semana con mis amigas aunque los años no pasan en valde. Aunque esas tetas perfectas que tenía se van cayendo y este culito mío se va engrandeciendo, no me quejo de lo que ligo.

Cuando salimos los sábados por ahí de marcha yo y mis amigas, soy de las que más ligo. Me encanta cuando me entran chavalitos jóvenes que se ponen nerviosos mientras me hablan para invitarme a tomar algo. Yo acepto encantada. La verdad creo que yo sólo pago la entrada de la discoteca porque las copas me las pagan esos pobres chavalitos que piensan que se pueden ligar a una madurita como yo, y para que les enseñe de verdad que es una mujer y no esas niñas pijas que hay hoy en día. La verdad, me divierto mucho cuando salgo y se me olvida todo lo penoso que es mi vida: vivir sola en una casa grandísima, mi hija que vive en otro país y solo viene a mi cumpleaños y en alguna que otra navidad y que desde que lo hice con mi yerno ya hace cuatro años, no volví a estar con otro hombre. Tiene narices que se tenga que morir Juan para que yo le sea fiel.

CONTINUARA......


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