El Dragón de Malaquita.

Por Amenhotep
Enviado el 10/08/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Aun no sabía porque estaba desenvolviendo aquella vieja y rara estatua que me había sido regalada aquella misma noche, cuando durante el eclipse de Luna me anunciaban el traslado de trabajo que tanto había ansiado, justo cuando el amor de mi vida me declaraba con ayuda de unas cuantas bebidas de mas, el inmenso amor que sentía por mi, y el cual no podría disfrutar, ya que en dos días tenia que viajar a cientos de miles de kilómetros de allí.

Mi mejor amiga, fanática de las piedras preciosas y las criaturas fantásticas, había acertado en su presagio de viaje de negocios y un triunfo en el amor que no podría darse, y para condecorar mi logro laboral, me obsequio con una estatua de un dragón japonés echo en pura Malaquita, con ojos de Aguamarina; la figura era en si algo siniestra e imponente, a pesar de no medir mas de 20 centímetros de largo, parecía una gran serpiente enojada llena de adornos y picos, con su enorme fauces abierta y colmada de dientes. Su color verde veteado en ondas y sus manchas negras jugaban con las tenues luces de la noche y parecían darle vida, recuerdo que más de una ocasión lo vi sobre la mesita donde la había desenvuelto por primera vez y parecía que se movía lentamente, como una fiera al acecho. Ciertamente, la figura me aterraba y sus ojos celestes cristalinos parecían no ver mas que la esencia misma de a quienes contemplaban, pero Marta era una persona sin maldad alguna, y le había puesto tanto empeño en buscar una figura que representara no solo el cariño que me tenia, sino también una imagen que me protegiera en mi nueva casa, que con una gran sonrisa en mi rostro le agradecí, sabíamos que no nos veríamos más, a no ser por la tan usada computadora, pero ya nuestras salidas y paseos no se darían jamás.

Había desenvuelto aquella estatua sobre la mesita de mi pequeño apartamento, donde permaneció durante un día y medio hasta envolverla y embalarla para ser mandada a mi nuevo hogar, ¿qué uso le podía dar yo a tal adorno?, y mas importante aun ¿qué clase de adorno era ese?

Recordaba mientras la desenvolvía con ceremonial cuidado, mientras pensaba donde la colocaría, aquella historia que emocionada me había contado Marta, según ella cuando la vio, el viejo anciano oriental le relató la historia de aquella figura; posiblemente el mismo relato de venta que le hacia a cada turista que se paseara por su tienda, pero que sin embargo me había dejado con los nervios de punta.

Marta me relataba aquella siniestra historia, con sus ojitos luminosos que ponía cuando algo le llamaba tanto la atención, según le habían contado, aquella estatuilla había pertenecido a un gran monarca, regalada por su amante en la noche que un cometa surcaba los cielos, labrada de un meteorito que había caído en un valle sagrado cerca de un manantial que aseguraban otorgaba belleza y juventud eterna. Aquel meteorito había sido llevado a un chaman quien en trance la había tallado en forma de dragón, y que sus dos ojos de Aguamarina habían sido sacados del mismo manantial sagrado.

Marta se apasionaba contando la historia, mientras yo miraba aquella escena del fiero dragón y de ella apasionada con la historia. Prosiguió diciendo que aquella estatua había sido entregada a aquella mujer en pago por salvar la vida del hijo del chaman cuando casi se ahogaba en el rió, y que esta se la regalo a su amado para que le brindara su protección. Hasta aquí la historia era como tantas historias de amor algo fantasiosa y exagerada, pero pronto se puso algo mas turbio el relato. La esposa del monarca, sabiendo que este la engañaba con una mujer plebeya, había decidido darle muerte, y tras una cena abundante había colocado un potente somnífero en su bebida, y cuando este estaba aturdido atravesó su pecho con una daga de oro, el monarca con sus ultimas fuerzas y herido de muerte solo pudo llegar con esfuerzo hasta el recinto donde estaba aquel dragón, con lágrimas en sus ojos, no por la inminente muerte, sino por saber que ya no podría despedirse de su verdadero amor, al llegar hasta la estatua se desplomó sobre ella, y su sangre baño la figura, y dicen que aquella estatua bebió de la sangre del corazón del monarca.

A Marta siempre le habían gustado las historias raras y de amor, pero jamás me había contado una con tal grado de violencia y sangre, pero cuando pensé que había acabado, Marta saco un final aun mas rebuscado, resulta que tras aquella escena de muerte, la mujer del monarca decidió enterrar su cuerpo y tirar aquel regalo manchado de su sangre, que le había regalado su amante, lentamente ordenó a sus guardias que enrollaran el cuerpo con la fina alfombra y lo llevaran hasta el vertedero y allí lo enterraran, junto con la estatua que debían romper en mil pedazos. Pero la historia terminaba que aquella misma noche la despechada viuda, había amanecido muerta en su cama, desangrada por la mordida de un animal extraño en su cuello, y que junto al cadáver se halló una daga de oro, y que la estatua de Malaquita había desaparecido.

Marta rebosaba en alegría contando la historia cuando termino diciendo que gracias a la sangre del pecho del emperador aquella estatua había cobrado vida, y había vengado su muerte, y que protegió hasta su vejez a aquella campesina cuyo amor había entregado a aquel monarca que le dio vida.

Sin dudas la historia había sido algo extrema y fantasiosa, pero no salía de un cuento de vendedor taimado, que le diría a cada comprador para poder vender sus objetos poco comunes.

Aquella despedida fue sin duda una como pocas se pueden contar, Marta avía echo gala de toda su bizarra personalidad y aquella figura junto con la sin igual historia, avían echo de la ultima charla algo inolvidable sin lugar a dudas.

Aquella noche no podía dormir, los nervios del largo viaje y la amarga tristeza de no poder disfrutar con el amor que tanto había soñado estar, me mantenían en un desvelo total, las luces de la calle entraban por las rendijas de las cortinas, iluminando el cuarto intermitente- mente, y las sombras danzaban a un ritmo frenético como si de una danza eléctrica se tratase, pronto recordé la historia de aquella estatua, y miré velozmente a aquella figura que yacía sobre la mesita, su siniestra figura parecía ondular con las luces, y sus ojos brillaban como si tuvieran vida, por un momento me paralizó aquella visión, y realmente sentía que aquel dragón de piedra se movía y me observaba.

No sé a que hora el sueño me venció, pero desperté de un sobresalto con la alarma del reloj y con la televisión que se encendía todos los días para poder despertarme, el dragón aun se hallaba sobre la mesita, exactamente como se hallaba cuando lo desenvolví de su paquete, - son cosas mías- pensé, - al final la historia de Marta si me afecto mas de lo que creía.-

(Continuara...)


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