La última noche I

Por Ontanaya
Enviado el 10/08/2013, clasificado en Amor / Románticos
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Mañana le diría adiós hasta Dios sabe cuando.

Era horrible saber cuando se marchaba pero no cuando volvería.

Le amaba. De verdad. Y no creo habérselo dicho las suficientes veces.

Quedamos después de cenar para pasar nuestra última noche juntos y a solas. Nada más verle mi garganta se encogió y se hizo un nudo y en mis ojos quisieron asomar lágrimas a las que no permití salir. Ya habría tiempo de llorar y sufrir por su marcha. De tener miedo a que algo malo le pueda suceder.

Ésta noche, se la llevará consigo para siempre y lo que menos deseo es que me vea débil.

Noel se acerca a mí ágil, decidido y me estrecha entre sus brazos. Le aprieto contra mí. Noto el calor que despide su cuerpo. Inhalo su aroma. Cierro los ojos y me empapo de él. Nos apartamos un poco y posa sus labios sobre los míos. No me cansaría de ellos nunca. Incluso con le sabor a vino que tenían ahora. Eran los únicos labios que había besado y los únicos que pensaba besar.

Tras un momento, me cogió de la mano y nos pusimos a pasear. Sin rumbo fijo. Porque no importaba a donde ir, sino, estar juntos.

Andamos cerca de una hora. Estábamos a las afueras del pueblo. Cerca de las viñas y los huertos.

- ¿Te parece ir a mi viña? Ahí nos podemos sentar y beber algo. Como estams cerca.- Añadí dudosa

Noel frunció el entrecejo menos de un parpadeo. Pareció perplejo. Dudoso. Pero aceptó.

Mi familia tiene una pequeña casa con lo más básico para cuando vamos a trabajar al campo. Es muy pequeña. Sólo tiene una pequeña cocina con chimenea y un saló con una mesa, unas sillas y un camastro donde echarse un rato a descansar. Y todo ello en el mismo espacio.

Llegamos y cogí la llave que escondemos en un árbol.

Allí hacía fresco pese a estar a mediados de verano, así que, con unos sarmientos encendimos la chimenea y después en unos vasos eché un poco de vino.

Estuvimos sentados charlando y riendo, evitando el tema de la guerra, el mañana,... sólo recordando.

Empecé a tener calor y me quite la chaqueta que llevaba. No era sólo cosa del calor que despedía la chimenea, sino que el vino se me empezaba a subir. Notaba también como hablaba más, las cosas que decía con poco sentido,un ligero mareo que me hacía flotar.

Y quizás fue esa sensación la que me hizo envalentonarme. Ya se me había pasado más veces la idea por la cabeza pero el año que viene me iba a casar. Ahora el futuro era algo incierto. Debía aprovechar el momento. Hacer caso a lo que el corazón me dictaba.

Quería entregarme ya no sólo en alma sino también en cuerpo a Noel. Él sabe que quería guardarme hasta el matrimonio pero ahora las cosas han cambiado.

CONTINÚA EN LA SEGUNDA PARTE. ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO. GRACIAS POR LEERLO.


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