EL HOMBRE DE NEGRO, UNA HISTORIA CASI IMPOSIBLE

Por J.L.Bello
Enviado el 13/06/2012, clasificado en Varios / otros
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          Empezare presentándome, mi  nombre es Francisco Luís, soy el menor de tres hermanos, nací hace 38 años en Granada aunque a los tres meses me fui a vivir a un pueblo del sur de Jaén en los limites con la provincia de Córdoba, tengo una vida marcada por la rutina que da vivir en un pueblo de poco más de 11.000 habitantes y sin apenas gente de mi  edad.

            Soy  un  apasionado de la lectura y me apasiona sobremanera los libros sobre lo oculto y el esoterismo, pues bien esta historia que voy a narrar, por lo irreal de la misma es eso “UNA HISTORIA CASI IMPOSIBLE”.

            Todo ocurrió una mañana a finales del octubre de año 2009, encontrándome en la terraza de una  cafetería del Santanderino Paseo de Pereda, junto a mi cuñado, ocurrió algo que erizo mis vellos, apareció ante mis ojos un hombre de mediana estatura con largas patillas que se unían a un  espeso bigote,  vestido con traje negro y sobrero del mismo color calado hasta las cejas, bordeaba  el mismo una cinta de cuero que se vislumbraba que algún día fue marrón y hoy parecía negra por el uso, presto pregunté  a mi cuñado si conocía al tipo en cuestión, con cara descompuesta como si hubiera visto un fantasma, motivado todo ello porque   sus apariciones eran presagio de alguna desgracia, empezó ha relatarme la historia que voy a transcribir.

            Parece ser que el tipo en cuestión fue enterrador del Cementerio de Ciriego, muy próximo a la capital Cantabra, este dato no tendría ninguna relevancia si no fuera porque  el cargo lo  ocupo a principios de mil novecientos,  habiendo sido visto por última vez en día 2 de junio de 1917, por el barrio chino de Santander, día este en  que apareció asesinada una joven prostituta  con 27  cuchilladas a parte de numerosas mutilaciones que no voy a relatar por lo crueles de las mismas, por este motivo se barajaron muchas  hipótesis y conjeturas, entre otras la que el posible asesino fuera el propio enterrador muy dado a usar el servicio de estas mujeres y en particular el de la joven asesinada, creciendo estas ante el hecho  que no asistiera a su trabajo al día siguiente del asesinato, día este en que se iba a proceder al entierro de la joven, y  que fue necesario contratar a un obrero de una localidad cercana  para que sustituyera al  enterrador,  pero antes de entrar en detalles empecemos a analizar la figura del llamado hombre de negro.

            ¿Quien era este individuo conocido como “el hombre de negro”? según datos recopilados su nombre era Segundo Ruiz Pardo, natural de el Pedroso, en el municipio cántabro de Villacarriedo, nacido el 6 de agosto de 1894, siendo el menor de 8 hermanos, asistió a la escuela durante 3 años, no llegando a acabar la enseñanza primaria, ayudó a su familia en las labores propias del campo, hasta que emigro Francia para dedicarse a la venta ambulante de barquillos al igual que muchos jovencísimos pasiegos dado el espíritu viajero y aventurero que les caracterizaba.

            De vuelta a España, Segundo fijo su residencia en la capital cantabra, acogido por unos tíos suyos llamados Carlos Ruiz y Evarista Abascal habiendo sido esta nodriza de una acaudalada familia madrileña, por esa fecha D. Carlos ocupaba el cargo de  enterrador del Cementerio del Ciriego, y es aquí donde empieza la historia del  “hombre de negro”.

            Cayendo enfermo de tuberculosis Don Carlos, este propone al Ayuntamiento santanderino que le sustituya Segundo durante su convalecencia, no mejorando de su enfermedad, fallece a los tres meses, por lo que se le concede la plaza fija de enterrador que venia ocupando interinamente, hasta aquí todo normal, si no hubiera desaparecido de una forma  tan misteriosa un día 2 de junio de 1917.

           Como ya apuntaba antes, Segundo era muy aficionado a demandar los servicios de prostitutas y en especial los de la joven asesinada, llegando a contraer la sífilis, la cual no pudo curar pese a los tratamientos de la época, lo que le llevo a cambiar su carácter, que paso de ser afable a ser bronco y malhumorado, bebía con desmesura, llevándole esta situación a mas de una pelea, terminado en los calabozos, de ahí la conjetura de que fuera el posible asesino.

           ¿Que fue de la vida de Segundo? unos dicen que emigro a Argentina, otros dicen que lo vieron varios años después mendigando por Cádiz, el hecho es que su familia dice no tener noticias de el o no las quieren revelar, en cualquier caso es esa desaparición la que da origen a esta historia.

            Me cuenta Calixto Cobo Arredondo -que le conoció cuando ambos eran barquilleros en Paris-, que el 13 de febrero de 1941, tres días antes del incendio que asolo la capital cantabra, lo vio por la zona Isabel II y la calle Cádiz, apresurándose a saludarse, este con paso rápido y sin atender a las llamadas de su amigo, desapareció.

           E 15 de febrero de 1941 dos días después de ser visto se origino un gran incendio en el que ardió gran parte del centro de la ciudad. Muchas familias perdieron sus hogares y muchos comerciantes vieron arruinados sus negocios. La ciudad quedó incomunicada del resto del país y estuvo sumida en el caos durante varios días hasta que se lograron restablecer los servicios.

           ¿Es una casualidad que se encontrara por esa zona, días antes de la catástrofe? o fue un premonición de lo que se avecinaba. Yo creo que se trata de apariciones días antes de una tragedia y si no, veamos otras apariciones de las que tengo constancia.

            La galerna del 7 de junio de 1987, micuñado tuvo la oportunidad de ser testigo en Santander de uno de estos dramáticos e inesperados temporales. Hasta aquel momento no había percibido la dimensión trágica que tiene una galerna, ni sabía del terror que su presencia produce y como en el  caso anterior precedida por de la aparición del enigmático  “hombre de negro”, por  los jardines de Piquio, junto a las playas del Sardinero, tal y como atestiguan varias personas a las que llamo poderosamente la atención su vestimenta, íntegramente de negro y con ropa de otra época y nada veraniega para la época del año en que se encontraba.

                Que será lo siguiente, pues como relate al principio lo vi deambular por las calles de Santander, en fechas recientes, esperemos que esto solo sea una historia casi imposible e irreal, fruto de la imaginación y de la inventiva y que hemos disfrutado durante unos días tanto mi cuñado como yo, terminando la historia escribiendo este relato.

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