Esto es todo lo que pude hacer

Por Fantasma de un hombre
Enviado el 16/08/2013, clasificado en Drama
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Tic-Tac, Tic-Tac  La oscuridad era casi total. El público gritaba. Tic-tac, tic-tac, el reloj no paraba de sonar. Era el sonido del tiempo. Impasible, no se detenía ante nada ni nadie. Era desesperante ver como poco a poco el iba muriendo. Segundo a segundo, lentamente todo se deshacía. Da igual lo insignificante o glorioso que seas. Nada puede sobrevivir a ese tic-tac. Nadie puede detener el paso del tiempo. Y menos él.

 

Frio. Hacía mucho frio. Era normal ya que el invierno había llegado. Pero no era un frío normal, no era en la piel donde notaba el frio. Era dentro de él, cerca del corazón. Casi se podría decir que lo sentía en su propia alma. Ahora todo iba a  cambiar. Si fallaba su mundo se haría cenizas. El frio seguía aprisionando su pecho como las zarpas de un animal rabioso.

 

Dolor. Dolía mucho, más de lo que él pensaba que algo podía doler. No era un dolor normal. Como aquel frio, el dolor nunca se iba. Dentro de él, muy dentro. ¿Por qué dolía? ¿Acaso no había hecho lo correcto? Lo estaba haciendo por ella. Tenía que ser fuerte, ella lo necesitaba. No podía flaquear. Tenía que ser valiente, no podía echarse atrás. Ella piensa en ella, se repetía una y otra vez. Hazlo por ella

Fue hace dos años que la conoció. Se enamoro de sus ojos nada más verlos. No sabría decir el color de sus ojos. Pero si el sentimiento que trasmitían, era paz. Paz para un alma atormentada por los pecados del pesado. Ella se volvió su aliento, su brillo al amanecer. El día no empezaba hasta que no la veía sonreír. Y no acababa hasta que no la veía dormir plácidamente apoyada en su pecho. En aquella cama, en su oscuro y diminuto cuarto. Pero cuando ella estaba su habitación era enorme y llena de luz.

Ella le decía que el amor bastaba, pero el amor no paga facturas. El amor no llena el plato. Y menos daba la vida que se merecía. Por eso fue a jugar. Antes despreciaba su vida porque no  tenía razón para vivir. Ahora se jugaba la vida por una razón por la cual estaba dispuesto a morir. Ese fue siempre su mayor pecado. Despreciar el regalo de su vida. Por eso estaba en aquella situación. SI la hubiese sabido vivir mejor, quizás podría haber otro modo. Pero ahora esta era su única salida.

 

Debían mucho dinero, y si no pagaban acabarían en la calle. No podía consentir que su reina la cual estaba embarazada durmiese en la calle por su culpa. El público estaba impaciente. Había mucho alboroto, todo el mundo esperaba su actuación. Las reglas de la ruleta rusa eran sencillas. Cada bala aumentaba el dinero. 1 bala en el cargador de un revolver,  6 oportunidades de disparar. Si se mataba el dinero se lo darían a la persona a su elección.

 

Apoyo el cañón en la sien. Cerró los ojos muy fuerte y apretó el gatillo. Clic, no había bala, respiro aliviado. El público gritaba eufórico. Se preguntaban cuantas aguantaría. El organizador grito cuánto dinero había ganado. No era suficiente, ni mucho menos.  Otros dos clics seguidos. Ya llevaba tres intentos. El organizador seguía aumentando la cifra, pero seguía sin ser suficiente. Otro intento, otro clic. Volvió a subir la cifra. No le bastaba tendría que jugársela. El público gritaba, estaba eufórico. Gritaban que querían sangre.

 

Una mujer bajo por las escaleras gritando. Los guardias la detuvieron a escasos metros de él. No podía ser, era su reina. Mónica estaba ahí, no había pensado que aquello pudiera pasar. El público ahora callaba. Mónica le miro a los ojos y gritaba.

-Luis, por favor no lo hagas, conseguiremos el dinero. O viviremos en la calle pero por favor no para. PARA POR FAVOR.

-Lo siento….Mónica, tu, el bebe- le temblaba la voz al hablar, no quería que ella viese esto-lo siento cielo….no puedo permitirlo.

 

Se volvió a poner la pistola en la sien. El público contuvo el aliento. Mónica gritaba, intento detenerlo. Pero el miro al organizador. Estaba sonriendo, le gustaba el espectáculo a aquel sádico mal nacido. Apretó el gatillo y cerró los ojos. Clic. No se lo podría creer, seguía vivo. Mónica estaba llorando en el suelo.  El publico entre decepcionado e ilusionado le vitoreaba.

El organizador volvió a subir la cifra. No, no era posible, necesitaba más que eso. La sangre se le heló. Entonces se le ocurrió una idea. Miro al organizador. Y grito “UNA BALA MÁS, Y LE DARAS A ESTA MUJER TODO EL DINERO QUE NECESITE, JURAMELO, DAME TU PALABRA”.

El organizador le miro. Sonriendo acepto el trato. El público ahora callaba. Todo el mundo sabía lo que significaba. Solo quedaba el hueco en el que estaba la bala. Se iba a suicidar por más dinero. El sabía que a ella nunca le faltaría de nada. Le habían dado una palabra, y en el barrio eso era más valioso que la vida.

 

-LUIS NO POR DIOS, NO LO HAGAS LUIS, PORFAVOR, NO LO HAGAS NO NO NOOOOOO-Mónica se intentaba liberar de los hombres de seguridad que la retenían- TU AMOR ME VALE, NO NECESITO DINERO LUIS PORFAVOR NO LO HAGAS NOOOOOO.

Estaba llorando. Ella estaba llorando, se maldijo a sí mismo. La prometió que nunca la haría llorar y había roto su palabra. Pero necesitaban ese dinero, y el amor no paga facturas. El público estaba en completo silencio. Se oía a gente llorar. Otros miraban con pena, y otros estaban impacientes por que se matara.

 

-Mónica, cuida a nuestro hijo, ¿vale?...yo, esto es todo lo que puedo hacer por ti- estaba llorando, no porque fuese a morir, si no porque nunca la volvería a ver- esto es todo, lo que puedo hacer…siempre serás mi luz, siempre te amaré, te di mi palabra. Te amo

 

Sus últimas palabras fueron casi un susurro. Se puso el revólver en la sien. Esta vez no apretó el gatillo. Tic-tac, el tiempo pasaba, para todos. Su final estaba escrito. Él lo escribió de su puño y letra. El frió dejo de aprisionarle el pecho. El corazón dejo de dolerle. Las lágrimas se deslizaron por sus ojos. Miro a Mónica una vez más. Lo estaba haciendo por ella. Apretó el gatillo. El tiempo se detuvo. Al fondo de la sala una mujer con una guadaña le miraba. Estaba muerto, la muerte había venido a buscarle. Le sonreía.

Tic-tac el tiempo no se detiene ante nadie. Por muy insignificante o grandioso que seas.


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