El Destino

Por Jesús Pallares
Enviado el 20/08/2013, clasificado en Drama
549 visitas

Marcar como favorito

Tratar de manejar y conllevar una tristeza afecta a todo mundo; se puede liberar de muchas maneras: llanto, gritos, golpes e incluso el alcohol, pero existen ciertas personas que sólo viven o más bien, sobreviven con ella.

            El día no brillaba, sólo una tenue luz iluminaba aquel día en el que Arturo y Emily celebraban tres felices años de novios; se encontraban recostados en el pasto, deleitándose con besos y caricias pasionales que lograban incitar una mirada malévola de los caminantes.

            Un suave cantar de algunos pajarillos acompañaba tan agradable tarde para la pareja enamorada; él controlándose para evitar tener relaciones, ella lo deseaba  con todo su ser así que insistía sin pensar el poder tener una noche riendo con su amado.

            Pronto el día fue interrumpido por una lluvia serena; corrieron tratando de resguardarse; la lluvia se convirtió en un diluvio. Arturo quitándose su saco con movimientos inteligentes logró cubrir a Emily, quien se rehusaba a utilizar la prenda, pero a fin de cuentas quedó a merced del calor que le brindaba el saco, sumado con el aroma de su querido.

            La lluvia estaba cediendo, sólo ligeras gotas resonaban en una  choza donde encontraron refugio; minutos después la lluvia cesó, los dos se disponían a retirarse del lugar, goteos y pasos atronaban por toda la cabaña, Arturo se adelantó para observar el parque recién bañado, Emily apenas incorporándose intentó sujetarse de una madera que sobresalía de una pared, pero sin saberlo ese pequeño tablón era una parte fundamental para que la choza no se viniera abajo; al tomarla quebró y sin poder escapar el techo cayó sobre ella, dándole una muerte casi instantánea.; lo único que pudo divisar antes de morir fue el rostro desesperado de Arturo...

           

            Hoy, a dos años de la trágica muerte de Emily, Aturo deambula por el mundo en busca de aliento que lo motive a seguir con su miserable vida; actualmente tiene cerca de 14 meses caminando y viajando por diversos medios, no importa el camino, sólo quiere alejarse de todo lo que traiga una imagen de su amada Emily.

            Un día sin pensarlo logró llegar a un pequeño pueblo que se encontraba asediado por soldados, él para pasar desapercibido se escondía en los callejones de la aldea, marchas sin cesar de soldados adiestrados aturdían a todo mundo.

            Su meta era llegar a un tren que estaba a punto de iniciar un viaje, con un rumbo desconocido para el desafortunado Arturo; sin pensarlo trató de llegar a la estación del tren que se ya iniciaba su viaje, pero antes de llegar un soldado logró divisarlo, provocando una lluvia de gritos, amenazas y disparos, disparos que gemían tal cual cohete al estallar. Para su suerte, sólo una bala rozó su brazo izquierdo y logró abordar aquel magnífico ferrocarril.

            Una vez iniciado su viaje, trató de dormir un poco presionando su pequeña herida que no paraba de sangrar, hasta que fue alcanzado por los polvos de Morfeo y logró descansar un poco; una hora después un fuerte ronquido logró sacarlo de su profundo sueño, en el cual soñaba con su amada Emily; miró por la ventana y contempló un puerto pesquero a lo lejos, así que preparó su bajada en la siguiente estación, al bajar, de su herida seguía brotando un poco de sangre, cosa que no le importó, ya que sólo quería subir a un barco y alejar aún más.

            Al llegar al embarcadero tropezó con un gran mercado donde los gritos, pleitos y demás contaminantes lo perturbaban, y apresuró el paso; un gran barco a lo lejos gruñía como una enorme fiera, un barco con destino a tierras desconocidas para Arturo, así que decidió unirse a la flota.

            Una vez en el barco, consiguió trabajo limpiando y fregando pisos, cosa que no le desagradó, ya que era el único trabajo donde podía estar solo. En el día gritos, discusiones, críticas, y otras cosas agitaban su débil mente, provocando su refugio en un solitario y pequeño camarote; trataba de dormir un poco, pero siempre lograba escuchar un serrucho, martillos y palas trabajando sin parar.

            Sin acudir con un médico su herida seguía sangrando, infectándose y carcomiendo la piel de Arturo, algo que provocó su debilitamiento inmediato, pero eso no fue importante para él, siempre comparaba el sufrimiento de Emily y las heridas dejaban de doler...


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com