Mirar al hombre de reojo

Por Agustina Chavero
Enviado el 20/08/2013, clasificado en Intriga / suspense
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  Paró un colectivo y sacó un boleto de 75 centavos, sin saber adónde ir realmente, pero procurando no alejarse demasiado. Cuando se encontró con la imagen del Cabildo decidió bajar en la Plaza de Mayo.

  Estuvo deambulando por ahí hasta que se hicieron las nueve de la noche y decidió sentarse en un banco. Hasta entonces girar solo alrededor de la Pirámide, como un idiota, había sido divertido.

  Afligido y torpe se cruzó de piernas y se quedó observando la oscura Casa de Gobierno, opuesta al Cabildo por su posición, su contexto histórico y su época. El círculo de pañuelos alrededor de la Pirámide le hizo recordar el breve tiempo en el que su madre se convirtió en una madre de Plaza de Mayo. No pudo verla, pero se la imaginaba tomada del brazo con la madre de Elías, ambas llevando los pañuelos blancos atados a la cabeza, girando compungidas bajo el sol y el piar de miles de pájaros, cualquier jueves de 1978.

  Un hombrecito de bigotes, cual Natalio Ruíz, que estaba sentado frente a él, instantáneamente se detuvo a observarlo. Lucio lo descubrió al llevar su mirada del suelo al banco opuesto y el hombre le quitó la vista de encima. Regresó entonces a sus cavilaciones sobre su pobre madre, pero luego de unos segundos volvió a sentirse observado y se vio obligado a mirar al hombre de reojo, quien otra vez volvía a desviar la mirada.

  Así estuvieron por varios minutos, atisbando mutuamente. Hasta que el hombrecillo se puso de pie y comenzó a caminar hacia él.


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