La doncella y el mayordomo -II-

Por Truan
Enviado el 22/08/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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La cogí ligeramente por los hombros y la levanté suavemente, para posteriormente terminar de quitarme los pantalones, la ropa interior, los zapatos y demás prendas que me provocaban no estar en las mismas condiciones naturales que ella.

La hice que me diera la espalda, poniéndola frente al espejo, apoyada con las manos en el lavabo y ligeramente inclinada, exponiendo a mi merced todo su dulce manjar. Con la mano izquierda acariciaba su dulce y húmedo coño, mientras con la derecha separaba una de las nalgas para descubrir el agujero del ano; seguidamente apoyé mis dos manos en sus hermosas piernas para bajar con la boca hasta las puertas de su hermosa cueva y recorrer con mi lengua sus labios superiores e inferiores una y otra vez. Le separé las piernas con ambas manos e hice que se inclinara un  poco más para tener mejor acceso a dicha zona. Ella no decía nada, tan

solo ruidos y gemidos suaves de placer, la excitación se empezaba a notar por los flujos que emanaban de su interior. Mientras me comía literalmente sus entrañas, con una de mis manos empecé a tocar mi duro falo, masturbándome ligeramente, mientras seguía trabajando con mi lengua.

Dejé mi lengua y me incorporé; agarrando mi herramienta con una mano la puse delante de su entrada moviéndola arriba y abajo, pero sin introducirla; entonces ella dijo: ¿a qué esperas? ¡vamos métemela ya! ¡no aguanto más! ¡vamos! Gimió. Se la introduje muy suavemente; ella se echó hacía atrás para agilizar el proceso, sin embargo, yo presioné su espalda hacia adelante para impedir que ella tomara el control de la situación, limitándola el movimiento y continuando yo mi proceso de penetración lenta y suavemente. Cuando ya tenía mi pene completamente dentro, miré en el espejo su rostro de placer, mientras empezaba a sacarla y meterla muy despacio, pero… incrementando poco a poco el ritmo. Mi mano izquierda pasó alrededor de su pierna izquierda para acceder a su inflamado clítoris, acariciándolo con un dedo, mientras mi mano derecha, concretamente el dedo pulgar de dicha mano, jugaba con la entrada del agujero de su bonito culo. Todo ello junto con el aumento del ritmo de mis embestidas. ¡vamos no pares! Sigue, sigue decía, mezclándose sus palabras con gemidos de placer.

Tras jugar con mi pulgar sobre la entrada de su ano, decidí introducírselo, estremeciéndose de placer; al mismo tiempo que mis embestidas habían alcanzado un ritmo y fuerza que estaban provocando en mí un placer, que me indicaba que estaba a punto de llegar al orgasmo. Ella había tensionado toda su columna vertebral y sus gemidos, sonidos y demás gestos denotaban que estaba fuera de sí… fuera de control…; ¡sigue si! ¿lléname toda! Si, si, si, ahhh!!! Ah! Ah! Ah! Oh! Dios!! Siiii!!!!! Estremeciéndose todo su cuerpo, mientras yo me corría en su interior envistiendo con fuerza y descargándolo todo. Saque mi pone aún goteando y la giré para ponerla frente a mi, y besarla apasionadamente.

 

Truhan. 


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