Estancado

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La verdad no es más que una bola viscosa de pelo negro noche. 
La verdad no es sino la apisonadora implacable de las mentes ocultas, el triunfo que nunca llega a tiempo para las mentes luciérnagas, mentes destacadas, mentes que condenadas por el hambre se desperdician fregando escaleras en pisos extraños.
La verdad es una invisible, real como la respiración propia, tan ácida que algunos, muchos, demasiados eligen dejarla atravesada en su esófago antes que tragarla, resistiéndose a su sabor igual que los niños caprichosos apretando la boca contra el tenedor de acelgas, sabiendo que jamás podrán vencer lo evidente porque contra lo inevitable la mayor posibilidad es el retraso, nunca la evitación.
El mundo revienta en pedazos, trocitos cayendo en cascada como piezas de puzle derramándose caja a bajo. La tierra es poco más que una partida de póker donde los tahúres, avariciosos, guardaron para sí cuatro ases, cuatro reyes, cuatro reinas y engañaron a los iletrados, a los hambrientos, a los conformistas con el resto de una baraja insuficiente, sucia, marcada por los bordes. En despachos escondidos los señores de corbata juegan al ajedrez con peones de carne y hueso en tableros de parquet, apuestan almas intentando recuperar la propia, pero cada alma es un traje hecho a medida para cada cuerpo en exclusiva. Su voracidad es insaciable, continúan devorando sin conocer cuál es realmente el tipo de hambre que les mueve, devorando mujeres sosteniendo el cuerpo cubierto de moscas de sus hijos destripados con la metralla aún caliente dentro de los intestinos, devorando ciudades arrasadas por bombas cayendo como tomates desde el cielo reventando como úlceras sangrantes, bombas forjadas no a base de metal, sino con el odio, la sinrazón humanas en la carrera por extinguirse antes de que el creador, aburrido, decida destruirlos –la soberbia del ser humano es tan letal que de seguro elegiría el suicidio con tal de quedar por encima de los dioses-, devorando a niños parricidas reconvertidos en soldados con el cerebro untado en coca para olvidar que ahora su fusil no es de juguete… devoradores de inocencia, pureza, bondad, escribiendo en sus cuadernos donde los hombres se reducen a porcentajes, ganancias y estadísticas, haciendo cuentas sobre los ataúdes que deben llenarse al año para rentabilizar el exceso de proyectiles… la muerte nunca ha sido un negocio exclusivo de las funerarias: el dinero no se imprime con tinta, sino con agonía, desesperación, catástrofe. El planeta está implosionado, un estómago consumido por sus propios jugos, llamas fatuas deshaciendo los pactos con Dios, negociando con demonios, amasando fortunas con la harina hecha de granos de miseria.
El miedo es la aguja que cose los labios del analfabeto. El conformismo es la droga aletargante de la cobarde clase media. Las medallas, los aplausos, los discursos grandilocuentes de palabras como blancos sepulcros son la zanahoria que dominan al fanático… marionetas que se dejan seguir metiendo manos por el culo con tal de conservar el status quo.
Cuatro quintas partes de la humanidad elige convertirse en vacas hiperalimentadas, comiendo noticias prefabricadas en telediarios deliberadamente alarmistas, desoladores, evasivos, donde la información se disecciona, filtra y recompone al gusto de la quinta parte dueña del establo del mundo… Cuatro quintas partes de la humanidad se destruyen mutuamente cargando estandartes de medias lunas, cruces, izquierdas, derechas, rojos, mientras sus líderes lo observan distantes tras una jaula de oro desde donde los disparos suenan tan lejos que parecen petardos, juegos infantiles para divertir el capricho avaricioso de una minoría… Cuatro quintas partes de la humanidad se apuñala por la espalda para obtener los favores, las migajas que se caen de la mesita del comedor de los glotones de miseria…
El único fin posible es la revelación por las mentes de movimiento constante: el agua estancada forma charcos de podredumbre, el agua fluyendo desata tempestades, remolinos, cataratas que humillan a buques como si fueran de periódico… El único fin posible para la victoria es que las mentes de movimiento constante con vocaciones artísticas reciten en la calle más que en los bares bohemios, cubran de pinturas las paredes de bloques ruinosos en lugar de marcos casposos en museos fantasmas, canten gratis en los parque con el mismo valor incensurable de los pájaros azules sin preocuparse por discos de platino, estadios llenos o listas de ventas… en las mentes de movimiento constante está la llave maestra, la aguja del pajar que convierta guerra, asesinato, violación, mentira, abuso en palabras desfasadas utilizadas nada más que por profes de historia.


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