Anabólico noctámbulo

Por Galimatías
Enviado el 28/08/2013, clasificado en Drama
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El estridente sonido percutía una y otra vez  sobre la madera, a través de las paredes, intuyendo su conciencia, y una y otra vez sentía que volvía. No había repercutido el contenido ni mucho menos la torpe forma. Tampoco sus ondas concéntricas que se insinuaban, ni nada verosímil. Poco a poco, en la levedad del ambiente surgía la tentación de enterrarlo todo, pero el sonido mismo escondía un mensaje.

Estaba convencido, poseído de convicción y asimismo preso de una libertad alucinatoria, imaginaba un sinfín de consecuencias, un aluvión de murmuros y ecos que inundarían al mensaje, lo transfigurarían en enormidad, en masa ineludible, pero aún permanecía. De forma inesperada, el molde se quebrantó, el silencio se abnegó. Se sentía preso su propio naufragio real de su ensimismada realidad hostil, donde se deshacía diluyéndose, perdiendo su letargo, su elocuencia y lucidez, extraviando su identidad, perdiendo color progresivamente. Quizás, por la disforia momentánea, lo pensó, trató de revertirlo, de devorar su lucubración, todo en vano. Ahora sólo hacía uso de su superstición y en su delirio visualizaba aquel cigarrillo encendido con el resto de los anteriores, lleno de cenizas, repleto de exhumados recuerdos y reflejos tenues. Pero, ¿cuál es la lógica de las apariciones? La sucesión de estas figuras que se forman con el humo, como un íntimo ritmo del mundo. En realidad nunca encontró razones, no tenía remedio. Una vida llena de transgresiones, verdades irreprochables, de grandes espacios blancos significarían intimidación. Aun así, confiaba en la contradicción, en lo dispar y en la proliferación de azares.

Volvió nuevamente, y ahora el ruido era insoportablemente vivo, insistente, tan empedernido; lo despertó. Comprendía que la reciprocidad era igual a la difusión que residía en un evento tan único como efímero. En su volátil proceso sentía que volvía a nacer, entonces, con aquella voz casi imperceptible dijo: "El fin brotó de mi alma", había encontrado su forma perfecta: un enunciado fatal.


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