SONG FOR ALBA (part 3)

Por antártico
Enviado el 13/07/2012, clasificado en Amor / Románticos
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Debo reconocer que estoy obsesionado y puede que trastornado. El tiempo libre no me sienta bien. Lo único que hago es estar en mi estudio, frente al ordenador, tocando, cantando, fumando, navegando, escuchando una y otra vez su canción, pensando, mirando sus fotos, desesperándome, viendo las horas pasar fugaces hasta que llega el momento de interpretar mi papel principal de cabeza de familia. E incluso en esas situaciones me cuesta estar centrado, a la mínima desconecto y en breves episodios me quedo abstraído, se hace el silencio en mi interior, no escucho la voz de mi pareja, ni coches, ni al camarero leyéndonos la carta, ni las conversaciones de la gente de al lado… Pero en cambio si la veo a ella a mi lado, o viniendo hacia mí, dedicándome sus gestos que me estremecen. A veces intento una transposición de sus caras. Soy horrible. Y así me siento.

Y me pregunto por qué no ha dicho nada de la canción. Tampoco creo que sea algo que la comprometa. Con unas pocas palabras que mandase me daría pie a explicarle mejor que no tengo ninguna pretensión mailiciosa, que no intento seducirla con una cancioncita, ni arrinconarla como a una presa. Podría explicarle que su belleza me ha inspirado inmensamente, podría decirle lo que me ha trasmitido, lo que he visto en ella, que he sentido su grandeza, que me he embelesado como ante una obra de arte magistral. Podría decirle tantas cosas sin cansarme…

Al ver sus fotos pude comprobar que mi intuición no me engañaba. Era hermosa en todas ellas, en ninguna salía desfavorecida, incluso en situaciones cotidianas. Pero sin duda lo que me hizo convencerme del todo fueron aquellas fotos en las que salía bailando en una obra en la que actuó. Cada movimiento era arte, perfección, belleza. Algo estremecedor. Algo inspirador. Y fue ahí cuando supe que ni pasando por alto todas nuestras circunstancias adversas, distintas ciudades, distintas edades, estados o sentimientos, sería merecedor de estar con ella. Algo tan divino no podría estar con alguien tan perturbado como yo. Ella se merece algo que no soy, no he sido ni seré. Alguien saludable, jovial, enérgico, fuerte, guapo, deportista y seguro de sí mismo. Pero no yo, alguien atormentado, sensible, conformista, cínico, con un atractivo poco evidente y muermo a veces.

El caso es que después de haber visto  una y otra vez sus cientos de fotos es como si fuera parte de mí, como si la conociera. La he visto bailando, ensayando, divirtiéndose con amigos, de fiesta, con la familia, de boda, disfrazada, en  pijama… y siempre preciosa. Cómo no enamorarme. Es como contemplar un cuadro o una pequeña joya valiosísima. Pero yo para ella quién soy. Un componente más de un grupo más de los que actuaron aquella noche. Alguien con quien sólo compartió unos minutos hablando. Seguro que con otros músicos habló durante más tiempo y a lo mejor se fijó en alguno. Es probable que no sólo yo quedara prendado de ella. Pero sí estoy totalmente seguro de que ninguno la vio como una fuente de inspiración ni quedara subyugado a sus encantos como yo. Seguro que nadie le compuso una canción al día siguiente, posiblemente la canción más pasional y visceral que he hecho nunca. Pero es raro ¿no?  Es decir ¿Cómo asimila ella algo así? ¡Mira qué mono, me ha hecho una canción! ¡qué artista tan sensible! Si fuera eso desde luego no me lo ha hecho saber. Pero claro también puede pensar que soy un jodido psicópata que se ha obsesionado con ella, que ha conseguido extrañamente su cuenta de facebook, que le ha enviado una canción en la que se imagina cosas y que ahora se está regocijando viendo sus fotos y machacándosela, y lo que es más escalofriante, no tiene fotos ni amigos agregados a su facebook. A lo mejor por eso no dice nada, porque así lo piensa. O quizá no tan exagerado, pero lo trata con prudencia desde el silencio. Eso tendría más sentido, sí. Pero tampoco entiendo que sea capaz de no decir nada, aunque sea por curiosidad o por la sorpresa de que te dediquen una canción. En todo momento fui muy correcto con ella, incluso en el mensaje que le dejé fui moderado y respetuoso. No creo que a nivel personal le haya dado motivos para desconfiar de mis intenciones.

Acabo de mirar de nuevo a ver si tenía algún mensaje. Como es de imaginar no lo había. Creo que ya no hay nada que esperar, no creo que alguien se tome tanto tiempo para decir algo. Simplemente ya ha decidido no decir nada. Por muy latoso que sea este ser hambriento de romanticismo que llevo dentro no es tan fuerte como mi sentido del ridículo, el cual me impide insistir y mandar otro mensaje. En efecto el círculo se cerró, hice una canción y se la entregué porque era suya. A partir de ahí son sólo fantasías de un trasnochado como yo que se niega a madurar y a asumir la edad que tiene, los pasos que le tocan y las responsabilidades que están por venir. Alguien a quién le espera mucho tormento escondido si no aprende a valorar lo que tiene y a espantar a los monstruos internos.  


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