Momentos después de mi muerte

Por Ontanaya
Enviado el 05/09/2013, clasificado en Varios / otros
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Estoy muerta. Bueno, es algo que nos pasa a todos. A unos antes a otros después, pero al final a todos nos ocurre… o no?

Sólo llevo setenta y dos horas muerta y esto ya me parece un coñazo.

Me siento mal por mi familia y mis amigos. Sobre todo por mi hermano que ha sido el que me ha encontrado y se ha llevado un susto espantoso. Pero por otro lado, una pequeña parte de mí, se ha reído de él. Él siempre presumía de no asustarse por nada y mira tu por donde conmigo se ha pegado un susto de muerte. ¡Aunque la única muerta soy yo! Si se hubiese visto la cara… Estaba tan gracioso… Es cuando piensas, ¿dónde tendré una cámara para grabarle? Si esto hubiese sido una broma, seguramente, se me habría ocurrido, pero la muerte no es una broma.

El caso es, que después del susto inicial y la confirmación de que no respiraba, ha gritado y llamado a mis padres y a una ambulancia…

Cuando mis padres me han visto, mi padre, se ha agarrado al marco de la puerta y mi madre se ha caído de rodillas. Se han acercado a mí y mi padre se ha agachado y puesto mi cabeza en sus piernas. Me empezó a acariciar el pelo y a llamarme. Yo todavía notaba como me acariciaba el pelo. Lo sentía y me estremecía. Mi madre, mi pobre madre agarra mis manos y llora desconsolada, mientras que mi hermano, de pie, mira perplejo la escena. Espera que llegue la ambulancia y cuando esta lo hace, lo hace acompañado de la policía y un psicólogo. Intenta parecer sereno, pero noto su dolor. El ser mellizos, tendrá algo que ver. Él es dos minutos mayor que yo y siempre se ha creído que por ello, me mandaba… ¡Estúpidas jerarquías! Ja, ja, ja.

Le voy a echar de menos.

Se llevan a mis padres al salón y la policía y el psicólogo, hablan con ellos. Están conmocionados. 

Mi madre me parte el corazón… no para de llamarme y yo aunque sé que no me escucha, la respondo y la digo que estoy ahí con lágrimas en los ojos. Sé que he muerto, pero no sé bien lo que ha pasado. No recuerdo como he muerto.

Ahora tiene que venir no sé quien para poder levantar mi cuerpo… ¿Era un juez? No lo recuerdo. Presto mayor atención a mi familia. Joder, me dan mucha pena pero por otro lado y aunque suene mal, me alegro no tener que pasar por lo que están pasando ellos. Ahora tendrán que soportar muchas cosas. Preparar el funeral, avisar a la gente, enterrarme y aprender a sobrellevarlo…

Decido dar un paseo por la casa. Decido ir a ver mi cuerpo.

En la habitación hay tres técnicos sanitarios y yo estoy rodeada por ellos.

Hay una mujer joven de unos veintisiete años y dos hombres. Uno de unos cuarenta y tantos y otro de unos treinta y pocos.

- Pobre chica.- dice el hombre más mayor.

- Sí. La verdad se la ve joven. No tiene que tener más de diecinueve o veinte años.

-  Y encima es guapa.

- ¡Diego! ¡Cállate! La familia de la chica está ahí al lado.- Le reprende el hombre mayor.

- Lo siento.

- Me da pena. Una muerte así, quizás, se podría haber evitado.

- La muerte, es la muerte. A todos nos llega tarde o temprano y a veces nosotros llegamos a tiempo y otras no. Quizás sea cosa del destino.


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