ruedas calientes .3

Por animalenmoto
Enviado el 18/09/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Se apoya en la moto, ella como si de una serpiente se tratara, va soltando sus piernas, luego sus brazos, liberándolo de su abrazo, se quitan los cascos, sin separarse, se besan y ella libera su miembro, pero comienza a bajar besando su cuello, le quita la camiseta y sigue besando su pecho hasta llegar a su miembro.

Con sus labios y su lengua, lo acaricia, nota el sabor de ella allí, termina cubriendo todo el con su boca, como si quisiera devorarlo, nota las manos de el sobre su cabeza, que le indican que está a punto de llegar, aumenta la pasión de su felación, hasta sentir como se derrama como fuego dentro de ella.

Escucha un sordo grito gutural que llena la noche, iluminada por la luna reflejada en aquel pequeño paraíso, en que se ha convertido aquel merendero, poco a poco va subiendo besando su piel, su pecho, su cuello, acompañándolos con inesperados mordiscos, fuertes pero que no dejan marca, hasta llegar a mirarlo a los ojos y sumergir su lengua dentro de su boca y disfrutar de un apasionado beso.

Se dan la mano, y se van acercando al agua, ella empieza a quitarse la ropa, él se pone a ayudarla y así el uno al otro se van desnudando, es un sentimiento mutuo o así lo siente el, pero tiene miedo de hablar, tiene miedo de que se pierda el encanto y la pasión tan extrañamente desatada aquella noche.

Como si intuyera algo ella salta corriendo hacia el agua, la ve correr iluminada por posiblemente la última luna llena de aquel verano, pensó va a ser la luna la responsable, observo como se sumergía y volvía a salir, la sintió como una sirena llamando a Ulises, sonrió para sus adentros y pensó ni soy Ulises ni esto es un viaje épico.

Se lanzó al agua y comenzó un juego, de persecuciones en su interior, el tiburón perseguía su presa, pero cada vez que la atrapaba, la besaba, la mordía, la abrazaba, ella hábilmente después de unos segundos de complacencia, se zafaba del abrazo y comenzaba el juego de nuevo.

En un momento dado, cerca del embarcadero la acorralo, ella intento huir saliendo del agua agarrándose a un flotador, fue imposible, la cogió por la cintura y le mordió en el bajo vientre, sintió una punzada de placer que le hizo gritar, y volvió a intentar escapar, pero la tenía bien sujeta.

Le estaba dando la espalda, noto como un brazo la sujetaba y acercaba hasta sentir su miembro erecto de nuevo junto a sus nalgas, mientras con la otra mano rebuscaba entre las aguas el camino hasta su sexo, no pudo evitar soltar una mano y ponerla sobre la suya y acompañarlo hasta hacer que introdujera sus dedos dentro de ella, sintió como una corriente de placer le arqueaba la espalda, su miembro estaba a punto de penetrarla por detrás, mientras sus labios mordían su cuello ella giro su cabeza y comenzaron a besarse, noto toda la fuerza de su virilidad entrando suavemente, dentro de ella y no pudo evitar un ligero gemido de placer que salió desde su interior.

Permanecieron un segundo o una eternidad en esa posición, moviéndose al ritmo de las olas que sus propios movimientos generaban, aunque la mañana era fresca sentían sus cuerpos hervir dentro del agua, con las pieles fundidas en un abrazo de placer, terminaron vencidos por el cansancio y el sueño, sobre una pequeña zona de hierva al lado del embarcadero.

El sol despuntando por lo alto de alguna montaña cercana, los despertó, ella con la cabeza apoyada sobre su pecho, él le beso el pelo, y le acerco la ropa, comenzaron a vestirse, sin dejar de mirarse y sin atreverse a soltar una palabra.

Volvió a ofrecerle la cazadora, que esta vez rechazo con un gesto, se pusieron los cascos y comenzaron a rodar hacia la ciudad.

No sabía dónde llevarla, no sabía dónde vivía, no sabía su nombre, alguna vez se lo dijeron pero no lo recordaba, sentía su abrazo en su espalda, se mezclaban sensaciones, de plenitud y de miedo, como en un sueño, pasaban por su cabeza todas las imágenes y sensaciones de aquella noche, como queriendo retenerlas para no olvidarlas, como cuando despiertas en un sueño agradable y no lo quieres perder, de repente estaban entrando en la ciudad.

Un toque sobre su muslo le hizo entender que tenía que parar, había una parada cercana de autobús, se bajaron de la moto, se quitaron los cascos y parecía que el silencio se iba a romper en ese momento, pero un beso no lo permitió, en esos instantes noto como se acercaba el autobús, y se acababa el beso, con una carrera y un ligero salto para entrar dentro del autobús ella desapareció, se quedó mirando la calle viendo alejarse el vehículo.

Ato el casco, se puso el suyo y se quedó como absorto durante unos instantes, una bocina lo devolvió a la realidad, se giró le soltó un corte de mangas y comenzó a rodar, llegando a su casa, y ya andando tropezó con un vecino, -que tal la noche-, -tranquila- respondió, mostrando su mejor sonrisa, ahora a descansar y mañana a trabajar, pensó mientras intentaba recordar el nombre de aquella morena de pelo largo que había conocido en el bar.


A.NIMAL.


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