FIRMA DE LIBROS EN CARREFOUR I : Roberto Bolaño revivido

Por Miguel Ángel Páez Muñoz
Enviado el 23/09/2013, clasificado en Humor
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Cada persona que te cruzas, que ves día a día, piensa que los demás le ven de una manera inquisitoria, que adivinan sus defectos, que saben que la chaqueta no pega con los calcetines, que notan o huelen su inseguridad. Esa misma persona, todas las que ves, que te cruzas, tú o yo son, vistas desde fuera, meras variantes de patrones muy manidos sacados de un escaparate de H&M,  de un concierto de Los Suaves, de un sobrino de Aznar triunfador en Londres o de un personaje de mediana edad de una serie de Antena 3, chaleco y pana incluida. Cada persona es dos entonces, la que se siente expuesta, que lucha contra sus miedos y manías y vilezas desde la humilde  bondad, y la que pasa absolutamente desapercibida en la parada del autobús, o en el Mercadona. Una interior y la otra fachada. La segunda es neutra, no interviene, salvo cuando observa fijamente a alguien  queriendo establecer un puente entre la primera persona y su fachada.


Muchos buscan romper las ventanas de la inseguridad y los miedos que se comerán los gusanos mediante la osadía. De ahí los actores, concejales, adictos, etc... Otros, como Renzo, buscan crear arte en la sutileza del engaño. Son grises titiriteros modernos, robotitos que vadean los peligros buscando el reconocimiento tan sólo en el espejo, pues no valoran el dinero y no sabrían cómo conseguirlo igualmente.


Llegó el día en que Renzo se atrevió a salir de su vida como la de los demás, cogió su chaqueta marrón del sofá, sus gafas de pasta negra, y camino de la puerta pasó por el lavabo para echarse Nenuco. En su mano derecha un ejemplar de “Los detectives salvajes” de Roberto Bolaño, para darle un efecto teatral a su inminente actuación. Era lunes a media mañana, y si estabas en la calle es que no habías conseguido un trabajo aun. Pilló el 15 que le dejó en la entrada del Carrefour. Siendo las diez cuarenta y cinco, no había mucho trasiego. El segurata le miró sin observar nada previsiblemente peligroso o amenazante. Así había sido él desde la adolescencia, un navegador silencioso entre gentes que tenían un camino delante y sabían dónde iban. Pasó por la sección de lácteos, escogió un litro de leche fresca President, y avanzó hacia su estrado. La zona de lectura, libros y discos.


Cinco minutos más tarde, Eva empujaba su carro con la mente muy,muy lejos de allí. Siendo tan temprano, se sentía cansadísima. Pero no era nada nuevo en ella. Cuando por fin se dio cuenta de que un hombre joven la observaba fijamente, dirigió su atención inmediatamente a una oferta de cruasans, siete medianos a un euro.


Seguía mirándola. Estaba sentado, detrás de una especie de biombo o estrado, de cartón. Haciéndose la sueca, avanzó hacia el joven. Empezó a ponerse nerviosa ante la posibilidad real de follar con un jovencito desconocido. El estrado tenía unas letras pegadas:

HOY EN CARREFOUR FIRMA DE LIBROS CON  ROBERTO BOLAÑO



Ella rompió el hielo. ¿Es usted el escritor?

Sí, (risa nerviosa), sí. Soy Roberto. El que firma hoy. ¿Cómo se llama usted? ¿Quiere que le firme?

Eva, pero no me llame de usted, por Dios, que me hace más vieja. ¿Qué escribes?

Ficción. La editorial me ha mandado aquí hoy. Estoy firmando ejemplares de LOS DETECTIVES SALVAJES hoy. ¿Lo has leído?

No, qué va, no leo mucho,los críos, ya sabes. Veo la tele. Series sobre todo.

Ah… bueno, déjame la lista de la compra,que te la firmo gratis (risas van y vienen).

Muchas gracias, hazte famoso y a ver si vendo la lista y me hago rica.Oye, veo aquí que eres chileno,pero has vivido mucho tiempo en México. ¡Qué vida tan interesante, esos viajes! ¿no?

Sí, sí, buscando la plata, tú ya sabes, suelta Renzo con un acentazo canario brutal. Mira nervioso sus calcetines, grises con una banda superior color salmón. Sabe que eso que ha salido de su boca no sería mexicano, ni chileno, o quizá sí. Pero es la inseguridad.

Esto no lo entiendo, Roberto. Aquí en la cubierta dice que estás muerto, con cuarenta y nueve años. Pero si no aparentas más de treinta…

¡Ah, eso!, están arreglando esa errata, es cosa de los de tipografía y diseño, que maquetaron mal el Autocad y el facsímil no entraba en el Protools. Pero para la siguiente edición, la deluxe, estará solventado,Eva,te lo aseguro.

Mmmm...vale,vale, es que era raro, así sin más te han matao (risas). Bueno, muchas gracias por la firmica, que me voy, que tengo la comida, los niños, y todavía ni he arreglado la casa. Que mucha suerte, señor Bolaño. 

Gracias, Eva. Un saludo. Leete algo más mío, espero que te guste. Hasta otra, chevere.



Tres minutos más tarde, Renzo seguía sin saber en qué país o paises usan la palabra "chévere". Plegó el biombo parsimonioso, se lo guardó en el pecho, debajo de la camisa, como para bajar el Tourmalet con frío helado, y salió del centro comercial, un fachada más entre otros, impersonal y silencioso. Sonreía como un niño rarito hacia el bus, imposiblemente satisfecho y sintiendo que había encontrado su lugar en el mundo.

Iba a firmar libros en Carrefour. Iba a infringir la ley. Suplantaría a escritores con nombre y calidad.Nada de Ken Follett o el del Código Da Vinci, además de por el inglés por usar negros y escribir una puta mierda detrás de otra. La próxima iba a ser Miguel Delibes.Esa debía prepararla mejor. Ancha es Castilla y en Murcia no tenía muy claro que supieran lo que es un chopo. 


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