LA ESCRITORA Y EL FOTÓGRAFO II

Por sara
Enviado el 27/09/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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CONTINUACION.

Estaba en el sillón del escritorio, masturbándose y gimiendo como le había pedido Juan. El grito de su marido le hizo dar un salto y ponerse en pie, temblando ante él.  - ¡¡¡¿Qué coño estás haciendo?!!! No le dio tiempo a contestar, se sentó en el sillón en el que había estado su mujer y subió el cursor hasta el principio de la conversación, leyendo todas y cada una de las palabras que se habían intercambiado ella y Juan.    -¿A esto te dedicas cuando yo no estoy en casa? Eres una puta, una puta sucia y barata.      Ana estaba temblando de miedo en el umbral del despacho.   – Nunca lo había hecho, te lo juro, Pedro, es la primera vez que….       – No creo las mentiras de una puta como tú, pero si esto es lo que te gusta, esto es lo que vas a tener.

La arrastró hasta el dormitorio y la arrojó violentamente sobre la cama. Se quedó de pie frente a ella mientras se desnudaba, su pene había empezado a alargarse cuando se sentó a horcajadas sobre el vientre de su mujer. Le rasgó el vestido dejando sus pechos al aire y se precipitó sobre ellos, mordiendo con ferocidad sus pezones. Ana sintió punzadas de dolor y de placer en igual medida. Se sorprendió de su propia reacción, la excitación había vuelto a mojar y a dilatar su vagina. Pedro se bajó de la cama y la obligó a que se arrodillara delante de él. - ¿Querías una polla en tu boca? Pues aquí tienes una, métela en tu boca y no pares hasta que yo lo diga.    Ana la saboreaba en todo apogeo, dura y tiesa adentrándose una y otra vez en su boca. Las manos de Pedro le aferraban la cabeza, moviéndola violentamente siguiendo el ritmo de sus embestidas. Ahora era él el que gemía, y Ana estaba encantada y enloquecida con aquella experiencia. Era la primera mamada que le hacía a su marido, el sexo entre ellos siempre había sido aburrido y limitado a la postura del misionero, tan solo unos minutos hasta que su marido se corría dentro de ella. Pero aquello era otra cosa, y estaba disfrutando tanto…

Cuando Pedro retiro su miembro de la boca de Ana, ella, en un repentino atrevimiento, se sentó en el canto de la cama y se abrió de piernas, dejando su sexo caliente a la vista de su marido. Pedro soltó un gruñido y se arrojó de rodillas al suelo ansioso por beber la miel que su mujer le ofrecía. Chillaba y se retorcía de placer mientras su marido la follaba con la lengua y le iba dilatando el culo con uno de los dedos.

Cuando lo tuvo preparado para recibir su regalo, Pedro puso de espaldas a su mujer y la embistió con dureza por el culo. Los dos gritaron al unísono. Ana sintió el dolor de la primera vez latiendo en su ano, pero enseguida el placer se comió ese dolor y empezó a moverse en círculos, sintiendo la dura verga dentro de ella. Las embestidas subieron de intensidad hasta que ella notó el caliente esperma de Pedro llenándola y los gemidos del hombre que dejaron los suyos en segundo plano.

Cuando se retiró de ella, Ana se arrodilló para dejar aquel enorme pene limpio de cualquier rastro de su maravillosa esencia. Lo lamió mientras se acariciaba lentamente el clítoris. Todo estaba limpio y ella preparada para que la volviera a follar, esta vez por delante. Cogió de la mano a Pedro y lo sentó en la cama, el parecía desconcertado, como si estuviera follando con una desconocida. Nunca había visto a su mujer tan caliente, tan sexual y él nunca había follado como lo estaba haciendo esa tarde.

Se sentó sobre aquel miembro que seguía duro y erecto y empezó a cabalgar a su marido con desesperación y urgencia. Sus pechos saltaban mientras ella gozaba del orgasmo más intenso de su vida.

Ambos se quedaron tumbados en la cama, extasiados y sorprendidos ante aquel feliz e intenso descubrimiento. Después de tanto tiempo, era como si se acabaran de conocer. Ana pensó en esos momentos en Juan, en cuanto había deseado que la poseyese, y pensando solo en él, se inclinó sobre Pedro y comenzó de nuevo, lamiéndole el glande lentamente mientras veía con satisfacción que comenzaba a recuperar el tamaño que ella necesitaba. Volvieron a follar de nuevo, pero esta vez, ella lo estaba haciendo con Juan.


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