Dulce súcubo, cruel tentación (Mulier Aeterna)

Por Ezequiel Ocampo
Enviado el 29/09/2013, clasificado en Poesía
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  Ha decidido renunciar a su pecado

Por su conocimiento banal.

Es la única que sostiene la Luna,

Mis Lunas, tus Lunas

Con su mano virginal.

 

  Quizá fue una pesadilla de dolor

La que, frente a tus ojos, cruzó.

Entre estas tumbas de gélida roca

Caminando vadeó.

 

  Tus ojos, perdidos en la ciega oscuridad,

Han venido a buscarme.

Todavía no encuentras mi nombre

Ni la piedra. Ni en la carne.

 

  El frío de la noche

Te hace dudar una vez más

Y el pensamiento se nubla

Por demás.

 

  El destino se ha cumplido,

Haciéndose aún más complejo.

Lo corroboras en la tumba vacía

Y sin indicio bermejo.

 

  Sin embargo actúas

Con tu redención gótica,

Acorde a tus placeres

Y tu condición narcótica.

 

  Esa voluntad produce que caiga

A tu pies, nuevamente,

Con el vampiro muerto a mi diestra

Y mis virtudes, insolentes.

 

  Con oscura seducción

Ahora te mueves

Entre las rosas muertas

La hierba y la nieve.

 

  Una imaginación salvaje

Nunca podrá pensarla.

Una percepción afable

Nunca podrá tocarla.

 

  Avanzas sin piedad,

Mordiendo el fuego,

Cruzando todo límite

Por tu espíritu impuesto

 

  La noche te vio nacer

Con la Luna a tu favor;

Un corazón solitario

Que, por compañía, muere de horror.

 

  Te has convertido

En la Bestia del Paraíso

Que no permite que sueñe.

Sin tener tu permiso

 

  Un crudo invierno

Y un cuchillo entre sus manos.

(La espina se hunde cada vez más)

Y sólo sonríes, con gran afano.

 

  “Pero mira hasta dónde hemos llegado

Para tan miserablemente morir!”

La sangre sigue su flujo.

Se ha arrepentido como cualquier mortal.

Sin reproche, sin moral.

 

  P.D.: Dicen que éste poema, Edzhekil Komohvpa, lo escribió cuando soñó con aquella mujer: la Mujer Eterna. Ella rozó su piel toda, dejando impregnado su dulce perfume en la memoria de aquel. En base a eso, Komohvpa, aspiró a tantear aquella exquisita figura de ensueño. La anécdota expresa que escribió unos 700 versos de los cuales sobrevivieron éstos 14, luego de que el propio Komohvpa tomara la (absurda?) decisión de calcinar las más de 107 páginas que comprendían el amplio poema. 

  Pero como leyó por ahí: 

 

  "Siempre se pierde lo esencial. Es una

Ley de toda palabra sobre el numen (...)"

 

  Palabras que lo marcaron. Verdaderamente lo estigmatizaron. Quizá la absurda decisión tiene su justificativo allí, en aquellos 2 infinitos versos.


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