Me cambió la vida (Octava parte)

Por juan krause
Enviado el 02/10/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Le dije:
- Ahora, te voy a chupar esa concha que debe estar hambrienta de mi lengua. Quiero sentir su sabor.
Le saqué las bragas que hasta ese momento no me habían molestado. Y la acosté boca arriba, apuntando con su vagina hacia donde estaba Mercedes.
Luego me coloqué sobre ella en dirección invertida. Quedamos cada uno con el sexo del otro a la altura de la boca. Al instante, sentí el calor de su boca alrededor de mi pija. Olga no perdía el tiempo. Abrí bien sus piernas,
primero, y luego con los pulgares separé los labios de su vulva. Era un río de flujo. Recorrí los labios superiores con mi lengua, pasando después a los inferiores.
A pesar de tener toda mi verga en la boca, se oían los quejidos de gozo de Olga. Llegué al clítoris que estaba hinchado, erecto y duro como un dedal.
Le pegaba lengüetazos, lo metía en la boca y lo succionaba con deleite. Olga se sacó mi pija de la boca y empezó a gritar como loca - Ay, me estás matando... cómo me gusta.... voy a acabar otra vez... Ahí va.. ahhhh...
Clavé la vista en la penumbra del vestidor y me pareció ver que el cuerpo de Mercedes se movía cada vez más rápido. Flor de paja se debía estar haciendo.
A rato, Tomando a Olga de las caderas hice que nuestros cuerpos giraran, quedando yo debajo y ella en cuatro con las nalgas en dirección al vestidor.
Continué chupándole la concha, pero ahora empecé a acariciarle el ano circundando el apretado ojal con un dedo humedecido por la mezcla de saliva y jugo que salía de su vagina. Esto provocó un nuevo temblor en el cuerpo de
Olga. Evidentemente, le gustaba. Introduje el dedo en el agujerito en el mismo momento en que tenía un nuevo orgasmo, acompañado con sus gritos de lujuria.
- Quiero que me cojas. Quiero tu verga adentro. Cógeme. Destrozame la concha.
Metemela bien hasta el fondo. Te quiero sacar hasta la última gota de leche. Hijo de puta, cogeme de una buena vez.
Poniéndola otra vez de espaldas en la cama, la arrastré por las piernas hasta el borde, abriéndoselas y colocándolas sobre mis hombros. Empecé a pasarle la cabeza de mi verga por los labios de la concha, mientras ella seguía pidiéndome que se la metiera de una vez.
Introduje el glande y lo saqué, cosa que provocó otra serie de insultos por parte de Olga, mientras me clavaba las uñas en los brazos. - Dale, guacho de mierda, cogeme, partime en dos.
De un solo golpe se la metí hasta los huevos. Ella gritó de placer. Yo sentía la pija más grande que nunca, como si fuera a explotar. Estaba tremendamente caliente. Más aún sabiendo que mi actuación tenía una espectadora de lujo que seguro no se perdía un solo detalle.
Olga tuvo otro ruidoso orgasmo, más que ruidoso diría escandaloso. Yo, por mi parte, hacía denodados esfuerzos por no acabar. Quería que mi obra fuera completa.
Hice levantar a Olga de la cama y pararse con las piernas bien abiertas. Luego le dije que se apoyara en la cama sin doblar las rodillas. Quedó con la cabeza gacha y la cola parada, ofreciéndome los dos agujeros en total estado de indefensión. Yo me sentía como un guerrero a punto de efectuar los
últimos ataque en pos de una victoria ya plenamente asegurada. Le pegué con mi verga varias veces en las nalgas y, sin previo aviso, se la volví a ensartar en la concha. Con un gran suspiro, a Olga se le doblaron los brazos y cayó con la cabeza sobre la cama, pero sin doblar las rodillas.
Eso hizo que su culo se alzara más y mi pija entrara con mayor facilidad aún. Creo que, si me lo hubiera propuesto, hasta le hubiera podido meter las bolas dentro de la vagina.
Mientras bombeaba fuertemente, haciendo que se oyera el ruido de mi pelvis chocando con sus glúteos, coloqué los dos pulgares, bien lubricados con el flujo vaginal, en la puerta de su ano, como queriendo abrirlo como una naranja. Poco a poco, le fui metiendo uno de los pulgares, cosa que hacía
que Olga gritara más. Cuando desapareció ese dedo en su interior, repetí la maniobra con el otro. Al rato, ya tenía
los dos metidos hasta el fondo, mientras seguía metiendo y sacando mi pija de su concha. Lógicamente, esto no pasó desapercibido para Olga, que como loca, acrecentó todavía más los alaridos acompañando los múltiples orgasmo.
En ningún momento hizo alusión a lo que pasaba por su trasero. Eso me demostró que no le interesaba quejarse por ello. Al contrario, parecía que también le agradaba.
Ni corto ni perezoso, saqué mi pedazo de carne de su concha y la apoyé en la puertita marrón.
- Sabía que querías eso. Te estaba esperando, hijo de puta. No sólo me querés dejar ardiendo la concha que también querés romperme el culo. Hacémelo, pero despacio. No me hagas doler.
- Te la voy a poner despacio, no te preocupes. Pero, hasta el fondo.
Presionando lentamente le fui metiendo la cabeza. Olga gritaba. No sabía si era de dolor o de placer. Cuando estuvo toda la cabeza adentro, me quedé quieto para que su culo se fuese acostumbrando al invasor. En un momento, Olga pegó un empujón violento hacia atrás y se tragó todo el pedazo de un golpe. Creo que me dolió más a mí que a ella.

Así ensartados nos quedamos un instante quietos, lo que permitió que mi pija se fuera acomodando a esa nueva funda.
Después. Comencé con las idas y venidas, teniéndola de la cadera. Cada vez que se la metía, ambos hacíamos fuerza para que llegara lo más a fondo posible.

- La tengo toda metida en el culo. Qué bien que se siente. Dame más fuerte que estoy por
acabar otra vez. No voy a poder caminar con tantos polvos que me hiciste echar. Eres una máquina, un animal. Y vos todavía no acabas. Tenés un aguante increíble. Y tenés la pija dura como un fierro. Me estás matando.

CONTINUARÁ........

Si alguna niña desea ser adoptada por mí como mi sobrina, escríbame a fjjcogh@yahoo.com.ar


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