Hablando de sexo III

Por lauripeque
Enviado el 04/10/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Ya después de unos vinos decidimos salir hacia algún pub más movidito, en busca de buena música y posiblemente buena compañía. Hay varios sitios a los que me gusta ir, pero sobre todo uno que ponen buena música, ochentera, la bebida es buena (y no garrafón como en alguno otro) y además siempre hay bastante gente, más o menos de nuestra edad.

Mientras Sara iba al baño aproveché para pedir dos Gin-Tonic, y de paso saludar a una conocida que siempre estaba en ese bar, generalmente detrás de la barra. Nos saludamos desde un día que iba tan borracha que no pude sino apiadarme de ella, taparla un poco (se le veía todo) y cuidarla un poco en lo que se le pasaba la borrachera.

En lo que volvía Sara, que parece que tardaba, me puse a observar un poco a la gente del local. Había más variedad que otros días. Un grupo de chicas en un rincón charlando, una parejita en los sofás metiéndose mano descaradamente, un grupo de extranjeros que parecían ser ingleses, otro grupo de chicos y chicas en el que las chicas no pegaban en nada con los chicos, ellas muy elegantes, con tacones y maquillaje y ellos más bien con convers, camiseta y el pelo revuelto. Había alguno que la verdad no estaba nada mal.

En esto apareció Sara, aunque no venía sola. Había conocido a dos chicos en la cola del baño, y al parecer les había caído bien. Uno rubito de ojos azules, que por cómo le miraba Sara parecía que se le fuese a comer ahí mismo (él lo que parecía que quería comerse eran las tetas de Sara), y el otro moreno, un poco más alto, de ojos marrones y pelo largo (ese iba a ser para mí, me dije al verle).

Nos pusimos a charlar del local, de a que te dedicas, de de dónde eres… y cuando vimos que la parejita melosa se marchaba (el con un bulto “sospechoso” en el pantalón y ella con los pezones marcados, fruto de la calentura) nos sentamos de dos en dos, juntitos, ya que los sillones eran para una persona.

A Sara se le estaba empezando a notar todo lo que había bebido, por lo que ya había pasado de la fase “nos presentamos” a la fase “nos conocemos mejor” con el rubito. Yo me mosqueé un poco, puesto que no se preocupaba por no enseñar las bragas bajo su falda y el moreno no hacía más que mirarla el escote y las bragas rojas.

Le puse la mano en el muslo, bastante cerca de la entrepierna, y con eso me gané su atención. La verdad es que no sé en qué momento dejamos de charlar y pasamos a besarnos, o más bien morrearnos, pero la verdad es que me estaba gustando, y me estaba poniendo muy cachonda, y más cuando la mano del moreno se acercaba a ciertas partes de mi cuerpo. Hacía tiempo que mi mente había dicho que ese moreno iba a ser mío, pero ahora, además mi cuerpo quería sentirle pegado, dentro…

Nos fuimos del local, puesto que ya llevábamos rato y el “calor” ya era insoportable. Cuando salimos el rubito preguntó a dónde íbamos. Yo propuse un bar y el moreno otro, pero Sara, tan ancha, les dijo: no me has dicho que vivís cerca? ¿Por qué no seguimos la fiesta en vuestra casa? Y así fue, pero esa será otra historia…


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