Amnesia

Por Galaecia
Enviado el 06/10/2013, clasificado en Varios / otros
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¡Amnesia antero grada! Repite Pedro, una y otra vez.

¿Cómo debe sentirse un hombre, cuando se ve obligado, a ser un extraño en la vida de su mujer? ¿Cómo actuar, cuando al llamarte, nombra a su ex novio?.

Se la ve tan feliz, el reloj de su vida retrocedió casi veinte años. Cada día me siento un poco más viejo, porque mi reloj, a diferencia del de ella, sigue adelante en el tiempo.

Elena, se imagina siendo la joven estudiante de medicina, acompañada por su perro Toby y su gata Lula. Tenemos la suerte, de que los vecinos se vuelcan mucho, en ayudarme, a salir adelante. Nuestro Toby de ahora, no es más que un perro abandonado que merodeaba por nuestra puerta y al que Elena detestaba porque le llenaba el jardín de agujeros. Lula es una pequeña gata siamesa que los reyes magos le regalaron al hijo de la vecina.

Cada noche que intento abrazarla y besarla, tenemos que escondernos para ello, parecemos dos delincuentes, ocultos, tras las cortinas de nuestra propia casa.

Los psicólogos me han enseñado a comunicarme con ella sin herirla, pero resulta complicado. A veces trato de explicarle lo que ocurre y tras una larga conversación, sus carcajadas resuenan sobre las montañas que nos limitan con el pueblo próximo. ¡Que gracioso estás hecho Simón! Me responde con un gesto de alegría en su rostro.

Hace dos semanas, se levantó ilusionada y decidida a llegar a la universidad en bicicleta. Le recordé lo lejos que nos encontrábamos de esa universidad y que tardaríamos mucho en llegar, pero no sirvió de nada. Una vez más, me vi arrastrado por su locura, los dos, nos pusimos en camino. Gracias a Dios que después de tres días pedaleando acabó frustrada y desorientada. Volvieron las crisis y fue hospitalizada durante un largo tiempo.

Siempre que volvemos a casa, mi inseguridad me persigue, estoy alerta las veinticuatro horas del día, preparado para una nueva aventura. Lo peor de todo esto, es que el final de cada pequeña historia, termina en una fría sala de hospital. Su cuerpo se agita sin control, su voz penetra en mis oídos hasta hacer salir las lágrimas que tanto retraigo, la observo callado desde la silla, pensando en nuestro futuro incierto.


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