Bye Bye, Berlusconi

Por Andrea López Zanón
Enviado el 07/10/2013, clasificado en Varios / otros
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Andrea López Zanón.- Cuatro años de prisión por fraude fiscal en el Caso Mediaset son los que han llevado a Berlusoni a verse con la soga al cuello. Tras ser procesado en más de 30 ocasiones en los últimos 20 años por fin hizo frente al Tribunal Supremo italiano, obteniendo como resultado un billete de viaje para la cárcel.

En cualquiera de los casos, el magnate no cumplirá la condena entre rejas. En primer lugar porque tiene más de 70 años (77 concretamente) y en segundo lugar porque gracias a un indulto los cuatro años de cárcel pasan a ser tres. No obstante, al superar en siete la edad establecida por la ley, Silvio Berlusconi cumplirá su condena realizando trabajos sociales y no bajo arresto domiciliario.

La sentencia en firme dictada por el Tribunal Supremo el pasado 1 de agosto levantó ráfagas de aire huracanado en el Senado.

El conflicto era evidente: alguien condenado no puede desempeñar cargos públicos. Y para más inri, la Cámara de los Diputados de Italia aprobó el 31 de octubre del 2012 una ley anticorrupción que se basa en la prohibición de que puedan ejercer en el Parlamento los políticos que hayan sido condenados en firme.

Esta ley entró en vigor en enero del 2013, la llamada ‘Ley Severino’, y no deja lugar a dudas a la hora de emitir una sentencia sobre si Berlusconi sigue o no en el Parlamento.

Pero el ex primer ministro sí que encontró un clavo ardiendo al que aferrarse en su defensa. De ese modo, Silvio Berlusconi argumentó, no hace mucho tiempo, que la ley de enero de 2013, que podría poner fin a su vida política, no se puede aplicar de forma retroactiva a los delitos por los que fue condenado, ya que los cometió antes de que el Gobierno decidiera su implantación.

Gran parte de los senadores italianos no dudaron en hacer un placaje a la estrategia de Berlusconi. Pero éste no estaba por la labor de dar por finalizado su capítulo dentro de la política, y amenazó a Enrico Letta, el jefe del Ejecutivo italiano, con retirar su apoyo sobre el Gobierno de coalición si no se resolvían sus problemas con la justicia y ocasionar, de ese modo, una gran crisis política.

Muchos humos se traía el magnate, centro de la vida parlamentaria y gubernamental en Italia durante más de 20 años. Pero fue a topar con la persona equivocada.

Y es que Enrico Letta, del Partido Democrático, una organización de centro izquierda, obtuvo el apoyo del presidente de la República, Giorgio Napolitano, para supeditar la continuidad del Gobierno a la confianza del Consejo de Ministros y en el Parlamento en caso de que Berlusconi llevara hasta el extremo sus chantajes.  

Y así lo hizo. El ex primer ministro retiró a cinco ministros del Pueblo de la Libertad, formación con la que gobernaba en coalición, dejando al Parlamento asentado sobre unos pilares muy débiles.

Como un niño con una rabieta porque no consigue lo que quiere, así se comportó el anciano. Aunque para qué, para nada. Al igual que un chiquillo reacciona y asume sus errores después de la reprimenda de su madre, Berlusconi agachó las orejas cuando su propio partido, Pueblo de la Libertad, discrepó sobre su estrategia.

Un par de días después de haber retirado su confianza sobre el Gobierno, volvió para votar a favor de la moción de confianza que Enrico Letta propuso al Parlamento para asegurar la continuidad del Gobierno.

Después de toda esta tragedia griega, Berlusconi se queda igual que estaba: compuesto y sin Senado en el que ejercer. Su plan hubiera resultado si, como él esperaba, el Gobierno italiano se hubiera detenido cuando él le retiró su apoyo. Pero no: continuó y consiguió la fuerza que necesitaba para espolsarse las malas hierbas de los pantalones. 


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