Horizontes sin conquistar

Por Galadriel
Enviado el 07/10/2013, clasificado en Varios / otros
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El primer día que entras en contacto con un nuevo mundo tus sentidos cambian. El olfato está en el tacto, mientras que la vista en el oído y el oído en el olfato. En estas ocasiones, el gusto precisamente no te sirve de mucho. Pero en mi caso, es el único sentido que me sirvió.

Comenzaré mi pequeña historia por el principio, como creo que empiezan todas las historias. Cuando llegué a este nuevo mundo, no sabía muy bien hacia dónde dirigir mis pasos. Después de atravesar un largo puente colgante, me aproxime a unas escaleras que para ver el final tenías que romperte el cuello. Tras la fatigosa subida mis pies avanzaron dirección a una puerta principal que custodiaba la entrada del mundo del saber.

Una vez entré al edificio, tuve que subir otras escaleras, no tan elevadas como de las que antes he hablado. Y en el primer piso, en el aula 1.06 estaba mi destino. La puerta estaba cerrada y en el pasillo se encontraban numerosos seres de características similares a mí.

Intenté establecer contacto con ellos y así pregunté sus nombres y edades. Así poco a poco establecimos lazos de amistad, que a día de hoy perduran. Interrumpiendo nuestra conversación apareció un ser que parecía mucho más mayor que los que nos encontrábamos esperando y con un “Buenas tardes” abrió la puerta del aula 1.06.

Nos explicó distintos mecanismos que englobaban distintas metodologías para transmitir conocimientos hasta nosotros.  Cuando finalizó mi primera sesión educativa, me vi motivada a buscar otro universo.

Con una tarjeta podía acceder a numerosos edificios. El primero que me interesó fue un edificio de grandes cristales y pesadas puertas que encerraba en su interior millones de libros de diversos temas. Caminé por uno de los pasillos y cogí un libro para echarle un vistazo. Mientras me dejaba llevar por sus páginas una voz ronca y fuerte me susurro al oído que si era nueva aquí. Me giré para ver su rostro, era un ser de tez morena, ojos miel y pelo enredado en numerosas “rastas” que colgaban hacia abajo por su espalda. Vestía pantalones anchos de rayas y una camiseta negra. Mi voz quedó muda. Volvió a insistir con su pregunta añadiendo que me enseñaría el sitio. Yo creí no ver, no escuchar y no sentir su mano cuando me levantó de la silla.

Caminando los dos juntos en silencio pasamos varias secciones, que me iba explicando mientras yo veía como sus labios se movían sin parar, supongo me explicó lo que encerraba cada columna de libros mas no recuerdo muy bien, pues en ese momento mis sentidos habían viajado a otro cosmos.

En cuestión de segundos, contados en el reloj de mi universo particular, sus labios se aproximaron a mi cuello y su mano se deslizó por mi pantalón, hasta que mis labios reaccionaron y siguieron la misma trayectoria que los suyos. Su mano se encerró tras el botón de mi pantalón. Entonces creo recordar que mi vista volvió a sus ojos, mi tacto a sus manos y mi oído a sus correspondientes conductos auditivos.

Creo que ese fue un buen día.

El primer día que entras en contacto con un mundo nuevo tus sentidos cambian. Pero cuando ese mundo es gobernado por tus sentidos eres tú quien no quiere que vuelvan a su lugar habitual. Así bien, con tal solo un sentido se pueden conquistar tierras desconocidas.


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