Mi visita al doctor

Por Marie Roxane
Enviado el 26/10/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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Todos tenemos que visitar a un doctor en nuestra vida, pero mi última visita fue diferente.

Al llegar a la sala de espera vi a mi alrededor a mujeres de distintas edades, algunas más jóvenes, virginales y otras mayores que lucían el reflejo de su vida sexual en sus ojos que brillaban como las chispas producidas durante cada orgasmo. Todas coincidíamos en el atuendo, vestidas de rojo o de negro, los vestidos eran cortos, apenas cubrían las nalgas y el escote era vistoso.

Mi turno llegó. La recepcionista con voluptuoso cuerpo me invitó a pasar al consultorio. Pude verla mirando mi escote profundo y saboreando con la mirada mis senos.

La puerta se cerró tras de mí.

Vi un cuerpo poderoso que miraba hacia la ventana. Miré su espalda y sus bien formadas nalgas que se pegaban al pantalón. Al percatarse de mi presencia volteó y pude verlo mejor con su bata blanca. Era un hombre con mirada profunda, ojos que invitaban a desearlo.

Me saludó e invitó a tomar asiento en aquella silla suave y negra.

Delicadamente coloqué mi cuerpo en donde indicó. Él permaneció de pie a mi lado y comenzó a hacerme preguntas sobre mis experiencias sexuales. Mientras me interrogaba, su ágil mano tocaba mi cuello y hacía a un lado mi cabello que caía con delicadeza.

-Veo que usted necesita ser valorada cuidadosamente para aprobar el examen- dijo sin dejar de mirar mi escote. Asentí
-Iniciaremos con el examen de rutina. Usted deberá seguir mis instrucciones. No debe protestar porque eso podría perjudicar los resultados de su examen-dijo muy serio.
-Iniciemos

El doctor me tomó por la cintura y me levantó de la silla, me hizo girar de manera que mis nalgas quedaran muy cerca de él. Su pene estaba erecto, lo sentía. Comenzó a tocar mis piernas desde los tobillos; dijo que no usaría guantes porque éstos disminuían sensaciones necesarias para que pudiera aprobar. Mi corazón latía rápido. Sus manos subieron, tocó mis pantorrillas firmemente, pasó por mis rodillas, llegó a mis muslos. Apretaba fuertemente mis mulsos. Él deseaba saber si mis piernas resistían.

Me dijo que el vestido que llevaba puesto tenía que ser retirado, así que bajó el cierre y deslizó por mi cuerpo el diminuto vestido. Ahora él podía ver mi piel desnuda, pues era requisito no utilizar ropa interior, pues era la barrera entre los hombres y los placeres.

Desnuda frente a él, me indicó que me agachara dejando expuestas mis nalgas que lucían redondas, llenas de carne, llenas de vida. Seguí sus indicaciones. Él se agachó y acercó su lengua a mis nalgas, las besó y lamió en varias ocasiones, hundió su cara en ellas y después las tocó con sus manos. Su mano derecha ahora se desplazó a mi vagina. Él mi abrazaba la cintura con la mano izquierda mientras lamía mis nalgas. La mano derecha tocó mi vulva. El doctor me pidió abrir un poco mis piernas, así que lo hice. Podía sentir mi vagina mojada y uno de sus dedos entrar en mí. Su dedo medio estaba hasta lo más profundo de mi vagina y era sacudido con fuerza.

Él me tomó con brutalidad arrojándome a un sofá. Permanecí sentada, pero me indicó que abriera las piernas para que pudiera realizar el examen visual. Mis piernas se abrieron lo más que pude. Él se agachó quedando su rostro frente a mi vagina. Procedió a meter nuevamente uno de sus dedos y a sacudirlo. El doctor miraba atentamente cómo era el líquido de mi vagina y cómo entraba y salía su dedo de mí. Ahora el doctor introducía dos dedos en mí. Mi vagina estaba completamente mojada, así que introdujo un dedo más. Mi vagina aún podía recibir uno de más de sus dedos largos, así que el cuarto dedo entro en mí con tanta fuerza que un gemido fue arrojado por mis labios. El doctor escuchó mi gemido y me pidió que no me quejara, porque el examen recién había comenzando.

Sus movimientos dentro de mi vagina se hacían cada vez más rápidos. Sus dedos entraban y salían y se movían en mi interior. Yo sólo sentía el calor que invadía mi cuerpo. Él seguía mirando.

Tocó mi clítoris y realizó la prueba del sabor aproximando sus labios a mi vagina. Probó mis fluidos y chupó cada uno de sus dedos cuando los sacó de mí. Después introdujo su lengua en mi vagina. Sentía su barba rozarme, lo cual me provocaba una sensación deliciosa. Su lengua se movía al interior. Sentía su aliento.

Ahora, el doctor se puso de pie y bajó su pantalón; me pidió levantar mis piernas. Él las tomó y las colocó junto a su cuello. Mi vagina estaba roja y muy abierta. Pude ver su verga erecta y enorme antes de que entrara en mí salvajemente. Su verga estaba dura, era grande y hermosa. Otro gemido salió de mis labios cuando su miembro entró y tocó el fondo de mi vagina. Mi gemido produjo en él ganas penetrarme más y con más fuerza. El doctor me penetró y me penetró hasta eyacular en mí. Sentí el calor de su semen recorriéndome y escurriendo por mi vagina.

Yo estaba exhausta, pero él seguía tocando cada parte de mi cuerpo. Mis senos fueron saboreados, tocados, apretados. Mi vientre fue llenado caricias y mi boca fue abierta para recibir su gran pene. Él no paraba de meter su pene en mi boca y mi lengua lo masajeaba y lo chupaba hasta que conseguí la segunda eyaculación, pero esta vez en mi boca.

El doctor decidió voltearme y comenzó rápidamente a penetrarme por atrás. Levantó mi cuerpo para poder alcanzar mi vagina. Nuevamente introdujo dos dedos en mi vagina mientras su pene estaba en mi ano. Sus dedos y su pene se movían con rapidez. Sentía que moriría de placer. Sus movimientos fueron cada vez más rápidos. Alcancé un orgasmo tras otro. Quería pedirle que parara, pero sabía que tenía que soportar hasta que él me lo indicara. Mi clítoris estaba completamente inflamado y rojo. Sentí la nueva eyaculación del doctor en mi ano. Fue delicioso.

-El examen ha terminado-me dijo después de besarme largamente la boca.
Me pidió que permaneciera desnuda mientras escuchaba. Me dijo que había aprobado el examen, que mi vagina era perfecta para ser tocada, para ser saboreada, para ser cogida y para eyacular en ella. Mis senos y nalgas eran firmes, mis labios eran suaves para ser besados y para acariciar su pene; mi lengua era una delicia y mi ano era rico, muy cogible.

La felicidad me invadió al saber que había aprobado, ahora podía ser cogida todo el tiempo.

Me puse mi vestido y me despedí del doctor. Me dio una nalgada antes de salir.

Ahora puedo ir por el mundo sabiéndome lista para ser cogida en cualquier momento. Eso me dijo el doctor ¿probamos...?


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