Beso, Atrevimiento y Verdad 2/2

Por Valeriant
Enviado el 30/10/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Al cabo de un rato os sentasteis en el suelo. Ella puso la cabeza entre las rodillas, las manos en la cara y empezó a sollozar. Tu sentido de la responsabilidad se hizo con el control e intentaste consolarla. Dijiste cosas como acudir a la policía y programa de protección de testigos, pero eso no parecía tranquilizarla en absoluto. Luego dijiste algo de lo que te arrepentirías bastante, le ofreciste ayuda incondicional. Ella levanto la cara, pero ni los mocos ni los ojos hinchados parecían mermar su belleza, sino todo lo contrario. Te planto un beso como no te lo habían dado nunca, cálido, húmedo, desesperado... Después de dos o tres segundo, te diste cuenta de lo que pasaba y te retiraste un poco. Ella se disculpó y te preguntó si podías acompañarla a la reunión que tenia prevista con los jefes de esta mafia. Te contó que si te hacías pasar por otro matón de una mafia distinta, quizás lograríais salir los dos de aquel asunto. Dijo "los dos de aquel asunto" y algo se movió en tu estomago. Ahora estabais juntos, para bien o para mal. Trazasteis un absurdo plan, donde tú te ponías un abrigo largo y mocasines, algo que pareciera intimidatorio. Te pareció ridículo pero accediste, ya que parecía que organizar menudencias como esa la distraía del miedo. Tu nueva identidad seria: Pedro "el mentiroso", algo con poca imaginación sacado de un cuento popular. Aquello parecía ridículo, pero era tan ridículo que hasta podía funcionar. Encontrasteis ropa en una tienda que ella no dudo en pagar. Cogisteis su coche, un flamante descapotable y os dirigisteis al almacén número 6 del puerto.

 

Al llegar, notaste como las piernas temblaban, pero no se lo hiciste saber a ella. Caminasteis hasta el interior del edificio. En el centro, charlando, había un grupo de 6 o 7 hombres vestidos como tú. Aquello parecía de risa, sacado de película. No parabas de mirar al suelo pensando que no iba a salir bien. Llegasteis al centro del circulo que formaron los ya presentes. Ella se adelanto dos pasos frente a ti, diciéndole al que parecía ser el jefe: "Lucas, parece que tenemos un cambio de planes" De repente, de la maleta donde parecía tener planos saca un arma automática y prende una primera ráfaga a los 4 individuos de delante. Antes de que quisiste darte cuenta, se dio la vuelta y con disparos precisos acabo con el resto de individuos. Todo pasó en 3 o 4 segundos. Tu corazón parecía que iba a estallar dentro del cuerpo. No sabias cuando te habías agachado y cubierto la cabeza pero miraste de nuevo a la chica y no parecía ella. Tenía una mirada fría e impasible, como la del matón del bar. Te apuntó con el arma y dijo: “Esto va así. Tú cargas con el muerto por este estropicio. Siento mucho que te haya tenido que tocar a ti, no me caes mal después de todo. Solo es que necesitábamos un chivo expiatorio para este asunto. Eres el responsable de todas estas muertes, y perteneces a la mafia rival del tipo que electrocute por la mañana, que pertenece a esta gente. Le dije a aquel tío que eras mi escolta, así que ahora mismo debe estar buscándote como loco. No hay sitio donde te puedas esconder. Por supuesto la policía esta en camino, deben estar al llegar, pero no te podrán ayudar en nada". Parecía que el mundo se desmoronaba. El olor cambiaba de pólvora a sangre cada vez más intensamente. Su belleza cruel y asesina era más embriagadora que la débil y asustada. Era terrible, pero hermosa. Dijo algo mas: “Respecto a mi, esto solo lo hago por dinero. Doy por hecho que no vas a decir nada a nadie, puesto que tengo tu cartera y tu móvil en mi coche, con todos tus datos personales. Si me entero, y créeme que me enteraría, de que dices algo a alguien, todo al que conoces morirá. Tu mismo". Dio un golpe con la cabeza y su melena brilló con los últimos rayos de sol de la tarde.

 

Se marchó caminando resueltamente. A pesar de estar enterado de todo, no podías dejar de admirarla en ningún momento. Antes de que se perdiese de vista, las primeras alarmas de la policía sonaban amortiguadas en la lejanía. La policía te encontró mirando al cielo, pensativo, con el arma que ella había sostenido en las manos. Pero aun así, aun pensando que todo se había ido irremediablemente al diablo, no podías dejar de pensar en aquel beso, aquel destello que te había dejado. Valió la pena.

 


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