Una noche en Madrid (2/3)

Por Cortés
Enviado el 02/11/2013, clasificado en Varios / otros
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MANTENEMOS LAS POSICIONES!!! Grito para que me oigan, mis
hombres aguantan, son excelentes policías fruto de una exigente selección,
miran al frente, escrutan los rostros, los huecos, los puntos débiles, buscan a
los alborotadores entre la multitud y haciendo gala de una capacidad que solo
se consigue tras años de experiencia, anulan todo lo demás: gritos, sonidos,
personas, sensaciones….convirtiendo esta amalgama en un murmullo,
encerrado bajo llave en el último rincón de sus mentes. Los nuevos les miran
a ellos, imitan burdamente su actitud, los ojos adiestrados lo perciben, sus
cabezas hierven y se repiten a sí mismos las consignas aprendidas durante el
curso, “autocontrol”, “calma y tranquilidad”, “calma y tranquilidad….
Horas antes disfrutábamos de la noche madrileña, unos cuantos gyn
tonics en La Latina predisponían a la diversión, a las confidencias, las risas, el
afecto y la hermandad. Realmente eran un grupo excelente, eran más que
compañeros, más que amigos, casi hermanos. Cuantas noches como esa….


De pronto lo veo, sudaderas negras, capuchas, bufandas, símbolos
anarquistas, los tenemos delante. Unos 50 miembros de la facción más dura
del Black Block están a unos metros de nosotros, se aprovechan de la multitud
para ocultar sus movimientos, el escudo humano es impenetrable sobre todo
cuando uno no sabe que le han convertido en escudo. Giro la vista y me
encuentro con la mirada de uno de mis oficiales, nos conocemos, no hace falta
hablar cuando se sabe interpretar la tensión facial del otro, giro la vista a mi
izquierda y veo al otro oficial, se ha percatado de todo también y comienza…
La primera botella impacta en el hombro de uno de los nuevos, ahoga
un grito de dolor, su orgullo está en juego. “VISERAS EN PROTECCIÓN!!!”
ESCUDOS EN PROTECCIÓN!!!” DEFENSA EN MANO!!!”, las órdenes fluyen
de mi garganta, apenas me ha dado tiempo para pensar. La ventaja que da el
entrenamiento constante se hace más patente que nunca, ya no estoy tenso,
no tengo miedo, mi mente es rápida, escruta y analiza el escenario mientras la
lluvia de objetos crece por momentos. Ante mi, la masa, inerte, inmóvil, no
reacciona, sus mentes no digieren con la misma velocidad el estrés que genera
lo que está sucediendo a su alrededor, necesito eliminar el escudo por su bien
y por el nuestro. Corro hacia ellos blandiendo la defensa, “FUERA!!!,
FUERA!!!”, hago un amago, selecciono y golpeo a quien sé que puede
aguantar el golpe, mis hombres han actuado como uno solo, no tengo que
mirar atrás.


Una mujer joven me mira, está apoyada contra la pared de un kiosco,
encorvada, su mano derecha ahoga un grito sordo que su garganta no es
capaz de emitir, sus ojos de par en par pugnan por escapar de las órbitas fijos
en mi, está en shock, ha entrado en lo que denomino “modo fallo”. Tengo que
hacer que se vaya, el suelo que ocupa ya está alfombrado de restos de
escombro y cristales, es un milagro que siga indemne, me acerco rápido y trato
de esconder la defensa, su mano, la que le tapa la boca, comienza a temblar
mientras creo oír lo que parece ser un “No no no” que se va apagando mientras
lo exhala, le toco el hombro, acerco mi visera a su oído, “Señora, váyase de
aquí”. Huye despavorida.

El caos se extiende, los manifestantes huyen aterrorizados lo veo en
sus ojos, la mala imagen nos precede y en este caso ha sido una oportuna
aliada, el escudo va desapareciendo y los agresores tienen que buscar cobijo,
han perdido su baza.
Retrocedo unos pasos buscando la protección de una esquina, he
cometido un fallo importante, el Black Block se ha reorganizado, había
conseguido meter un crochet pero no he aprovechado la oportunidad para
noquear, aquí los errores se pagan muy caro.
La lluvia de piedras es incesante, cada vez más y más, mi casco
repiquetea como una campana a cada impacto que recibo. “CERRAMOS
INTERVALOS!!!” mi orden vuelve a ejecutarse a la perfección, a veces creo
que me leen el pensamiento. Un golpe seco y un sabor metálico invade mi
boca, escupo sangre y arena, restos de la argamasa utilizada para anclar lo
que en su momento fue un apacible adoquín, con la lengua repaso que no me
falte ningún diente, miro al suelo y veo sangre goteando pero esta vez no es
mía y esto si que me preocupa de verdad.

El estruendo es brutal y un pitido molesto e insistente se empeña en
no abandonar mi oído izquierdo, han lanzado un petardo que por la potencia
casi pudiera ser un cartucho de dinamita, mientras, los escuderos aguantan,
esperan mis órdenes contemplando como las escopetas de sus compañeros
tocan una dramática melodía que retumba intentando imponer la ley del mas
fuerte.

(sigue...)


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