Centro comercial

Por Ontanaya
Enviado el 17/09/2012, clasificado en Amor / Románticos
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Sabía que podría ocurrir… de hecho, esperaba que algún día sucediera… pero aún pasados más de nueve meses, al verle de nuevo, mi corazón sufrió una pequeña parada.

Seguía igual que siempre. Me giré corriendo antes de que me pudiera ver y al girarme me choqué contra un letrero que indica donde te encuentras dentro del área del centro comercial. Así que ante tal ridículo me agaché y me fui detrás de una maceta con un pequeño pino de plástico.

No sabía en que momento me había metido el dedo en el ojo, pero dolía bastante y el ojo me lloraba.

Cogí de mi bolso un pañuelo de papel y empecé a secarme las lágrimas del ojo.

Al levantar la mirada le vi. Estaba justo encima de mí. ¿Cómo no me había fijado que tenía unos pies a mi lado?

Sí, seguía igual que siempre. Inmensamente guapo.

Sonrió con esa sonrisa suya. Sin acabar de enseñar los dientes e intentando disimular una carcajada.

Eso solo significaba una cosa: me había visto darme el tortazo.

- Hola. 

Tendió su mano para ayudarme a levantar.

Yo asentí con la cabeza una vez estuve a su misma altura.

- ¿Te has hecho daño?

- ¿Lo has visto?

- Sí- se rió- Creo que te ha visto mucha gente.  ¿Qué estabas haciendo?

- Nada. 

- En un centro comercial, no se hace nada…

- Bueno, haber, estaba de compras. No vengo a robar ni nada de eso.

- Ya lo imagino. Serías una ladrona horrible. Si cada vez que intentas huir de algo, acabas chocándote, creo que te pillarían.

- No huía de ti.

- Yo no he dicho eso… Lo has dicho tú…

- ¿Porqué no lo dices claramente?- Seguía como siempre. Sacándome de mis casillas… Comenzaba a ponerme nerviosa.- Vale, lo admito, te he visto y pensaba huir para no verte ni tener que hablar contigo. ¿Feliz?

Su sonrisa se borró de su cara y en su lugar se colocó una bien seria.

Se quedó un momento callado, pero al volver a hablar, exhibió de nuevo aquella sonrisa que hacía que te volvieras tonta y olvidaras lo que estabas pensando.

- Sigues igual que siempre. 

- ¿Eso es bueno o malo?

- No lo sé, pero así es….

- Cariño, ¿estás bien?

Rubén se acerca a mí y mira extrañado a aquél desconocido para él.

Yo me sobresalto. Rubén. Se me había olvidado. Le miro y le sonrío. 

- Claro cielo. - Rubén no aparta la mirada de él.- éste de aquí es Pablo. Un viejo amigo al que no veía hace meses. Pablo, él es Rubén, mi novio.

Pablo le saluda con un movimiento de cabeza y Rubén lo imita. La tensión se puede cortar con un cuchillo.

- Bueno, me tengo que ir. Me alegra haberte visto. Cuídate. 

- Y tú. - de su bolsillo saca una tarjeta y con un boli, escribe su número de teléfono. Cuando lo miro veo que es el mismo número que he intentado borrar de mi cabeza un millón de veces, sin ningún éxito.- Toma. Llámame y nos tomamos un café y nos ponemos al día. Ven tu también si quieres Rubén. Será un placer conocer al novio de una vieja amiga.

Rubén me da la mano y nos alejamos de allí. Mi corazón late tan deprisa que temo que Rubén lo escuche y se dé cuenta. Guardo la tarjeta en mi bolsillo de la chaqueta.

No sé que hacer. 

Lo mejor sería tirar la tarjeta. Con Rubén estoy bien. Ha tenido mucha paciencia conmigo y me quiere con locura y sería una estupidez y una inconsciencia por mi parte estropearlo todo por ver de nuevo a la persona que más he querido en mi vida y la que más daño me ha hecho jamás.


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