La primera vez... (I)

Por avuscaldium
Enviado el 08/11/2013, clasificado en Adultos / eróticos
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La primera vez…

Soy un hombre mayor, cerca de 59 años, por lo que mi educación sexual fue… tabú, y como me casé con una mujer dos años menor que yo, pues para ella igual de tabú… o más, unos meses antes de casarnos nos desvirgamos mutuamente y así acudimos al matrimonio.

La cosa es que nuestra vida sexual fue transcurriendo entre hijos, cuatro, “me duele la cabeza” y algo poco más allá del misionero, pero nos amamos, y seguimos en ello, aunque hayamos tenido nuestros altibajos, pero vayamos al meollo de este relato.

Esto pasó hace ya casi 20 años, un sábado por la mañana, cuando estaba a punto de cumplir los 40, Mercedes, mi mujer, me “sugirió” a que saliéramos a jugar un partido de tenis, que por supuesto me ganó, después de volver del club, me animó a entrar primero en la ducha, y estando allí se coló ella, me calentó un poquito y me dijo que la esperara en el dormitorio (los niños estaban en sus actividades habituales) así que no pude mas que pensar que sería una buena mañana.

Abrí la cama, me tumbé en ella y esperé, no me hizo esperar nada, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando la vi entrar con unas cuerdas.

-       ¿Qué pretendes?

-       Darte tu regalo de cumpleaños…

-       ¡Merceeedes! ¿te vas a dejar atar?

-       No cariño, el atado serás tú, a menos que no quieras tu regalo.

No pude por menos que contestar:

-       ¡Seré tu esclavo!

Dicho esto, me quité las sábanas de encima, me puse en el medio de la cama y esperé con el pene sobre mi vientre pues ya estaba bastante caliente.

Vi que traía los nudos ya preparados y también un ¿antifaz? ¡Ah! Que me quiere tapar los ojos, ¡interesante y sugerente!

Me puso el antifaz, demorándose un poco cuando apreció que trataba de comerle los pezones, después atacó a mis muñecas, apretó y luego soltó un poquito, me puso las manos sobre el ombligo, lo que aproveché para magrearme un poco el cimbel y que ella lo viera, y entonces noté como tensaba la cuerda y la ataba a los laterales de la cama… La suerte está echada, mi polla reventando de lo que imagina mi mente y mis manos que puedo mover desde mi barbilla hasta las rodillas.

Se sube a la cama y trepa hasta ponerme el coño sobre la boca, así que comienzo a comérselo, mi lengua se pasea por sus labios mayores y hace escarceos por entrar en su agujerito, ella también se mueve un poco e intuyo que quiere marcarme el ritmo, bien, ya que es la primera vez que hacemos esto (lo intenté dos veces y en ambas ocasiones me rechazó tras unos lametazos…) voy a dejar que lleves la voz cantante. Así que vamos muy despacito, mi polla se muere de ganas, pero si ha decidido que mi regalo es que yo le coma el chichi, ese será mi regalo, y así lo estamos haciendo.

El ritmo se va incrementando, mi lengua entra y sale de su raja con mucha facilidad y mis manos, que no llegan a magrear sus tetas, si llegan a sus nalgas, así que me conformo con eso.

Se levanta y noto mi cara y barbilla totalmente mojadas de sus fluídos.

-       ¿Qué pasa? - Pregunto yo

-       Sssshhhh - es su respuesta

Antes estaba mirando al cabecero de la cama y ahora se pone mirando los pies, mi imaginación se desborda y pienso si será capaz de hacerme una mamada, sólo de pensarlo creo que me voy a correr.

Apoya sus manos en mis caderas y comienza de nuevo el vaivén, así que no pierdo la ocasión y sigo con lo que estaba haciendo sin esperar a que me la chupe.

Seguimos así un rato, ambos concentrados en su coño, hasta que noto que quita su mano derecha del apoyo y coge mi verga que ya estaba, me imagino, que con brillo y mientras la masajea recuesta su lado izquierdo sobre mi vientre, ¡que delicia, ahora me masturba mientras me como su hipermojado coño…

Pero aquí no acaban mis sorpresas, empieza a lamerme el capullo, su lengua me lo circunvala y después sus labios lo besan, lo va introduciendo poco a poco en su boca y lo saca rápido con un sonido de lo mas esclarecedor ¡estoy delirando! Mis manos, que estaban sujetando su espalda, bajan rápido a sus pechos para sobárselos.

¡SORPRESA! ¡Esas no son sus tetas! Me quedo clavado, no soy capaz de mover un músculo pero mis manos han adquirido vida propia y con el poco movimiento que me permiten las ataduras, exploro ese cuerpo, muslos… pequeños y trabajados, espalda… fuerte, vientre… firme de gimnasio, tetas… duras casi grandes y con unos pezones tremendos, brazos… torneados, pelo… largo y fino, definitivamente ésta no es Mercedes, mi mente, que ha retenido cada rincón de su cuerpo, me susurra quién es la desconocida, saco mi lengua de su raja y grito

-       ¿¡LALI!?

De nuevo su respuesta es

-       ¡Sssshhhh!

¡No me lo puedo creer!, ¡Mercedes ha engatusado a su cuñada para que me eche el polvo del siglo! Pero… ¡no entiendo nada!, ¿Cómo ha entrado?  ¡Ah claro! por eso la insistencia en el tenis, y ¿por qué ella? ahora recuerdo.

En la última comida familiar, Lali estaba justo enfrente, iba con un escote espectacular, y con los 31 recién cumplidos lucía espléndida. Mi vista no pudo apartarse de sus tetas en toda la comida y sobremesa, debió ser tan descarado, que cuando llegamos a casa Mercedes me preguntó si tanto me gustaban y ¡que le iba a decir yo!

-       Ya sé que no te gusta un pelo como se luce, pero es que lo de hoy era…

-       Si ya, que además de estar muy buena, lo luce.

-       Pues eso, si ya lo sabes, ¿por qué me preguntas?

-       ¡Joder! ¡como sois los hombres!

-       Bueno, no provoques, todavía me acuerdo… - se había apretado a mí y me silenció con un buen beso

Esa noche echamos un buen polvo.


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