Centro comercial 2

Por Ontanaya
Enviado el 28/09/2012, clasificado en Amor / Románticos
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Pablo. Pablo. Pablo. 

Habían pasado dos semanas y no se había ido ni por un segundo de mi cabeza. ¿Pero qué me pasaba? ¿Estaba tonta?

No paraba de acudir a mi mente su perfecta y maravillosa sonrisa, mil momentos preciosos a su lado, mil caricias, mil besos, mil promesas...

¿Por qué no era capaz de recordar las cosas malas? Cada vez que acudía a mi mente un recuerdo de esos tan maravillosos y geniales me obligaba a pensar en los malos. En como me había dejado, cuánto había llorado, el dolor y vacío que había sentido no sólo en mi pecho sino, en todo mi ser... 

Fueron meses y más meses actuando en modo automático hasta que apareció Rubén. Él lo cambió todo. Volví a ver la luz, me hizo volver a creer en el amor y a tener esperanza.

Tuvo y tiene la paciencia más grande que jamás haya visto nunca.

Después de que nos inflijan dolor, a todos nos quedan secuelas y aunque yo cada vez tengo menos arranques de rabia,de dolor y estoy intentando dejar de ser tan fría, todavía tengo retazos de ese sufrimiento y él los aguantaba con aplomo. Y en vez de alejarse de mí, se acerca aún más y eso hace que me sienta más desconcertada. Porque, ¿cómo alguien puede ser tan masoca? Lo único que se me ocurre cada vez que lo pienso es que Rubén me quiere más de lo que merezco.

Así que, ¿por qué rayarme? ¿por qué no dejar de pensar en Pablo? ¿Por qué no disfrutar de una relación bonita y sana con Rubén? 

Sino dejo de pensar en Pablo, ¿significa que aún le quiero? Porque no quiero quererle.

Mis amigas no son de mucha ayuda. Por un lado están las de:

- ¡Olvídate de ese cerdo cabrón! 

y, por otro:

- Deberías quedar con él y ver que pasa.

What can I do?

Creo que la cabeza me va a estallar.

La verdad, nunca he dejado de pensar en Pablo. Pero eso no significa que quiera volver con él. Pero si es verdad que tengo una espinita clavada. Y bueno, si quedo él, no quiere decir que vaya a pasar algo. Ha pasado mucho tiempo y si yo he rehecho mi vida, ¿quién dice que él no?

Quizás me esté adelantando a los hechos. Quizás cuando dijo de tomar algo y ponernos al día, era sólo eso. Así que, quizás solo quiera que seamos amigos. Quizás debería llamarle. O no. Quizás mejor un mensaje. Un whatsapp. Sí. Quizás eso fuera mejor. Quedaría menos ansiosa. Más informal.

¿Y qué le pongo? Que tonta soy. Escribe y calla.

- ¡Hola Pablo! ¿Qué tal? Soy Alicia :)

Ya está. Enviado. Ahora toca esperar.

Espero 1, 2, 5, 11 minutos interminables con los nervios haciéndome sudar más de lo que una chica debería sudar.

- ¡Hola guapa! Bien y tú qué tal?

Espero 5 minutos para contestarle. Realmente no quiero parecer ansiosa, desesperada o algo por el estilo.

- Bien también. - Mierda! ¿Y ahora cómo continúo? ¿Qué digo? - ¿Haces algo mañana por la tarde?

Así, sin parecer apenas ansiosa. No. ¡Qué va! Me intento engañar diciéndome que es mejor ser directa.

- Sí. Lo siento. Tengo entrenamiento. Pero si quieres hoy sobre las 20,30 estoy libre. ¿tú puedes?

¡Ay Dios mío! ¿Hoy? Y de repente mi corazón late más desbocado. Como un caballo que sólo quiere salir del establo.

- Sí. Estoy libre. ¿Dónde quedamos?

- ¿Te paso a buscar por tu casa?

- Está bien.

- Ok. Pues nos vemos en una hora y media. :)

- Vale. Hasta ahora. Un beso

- Otro para tí preciosa.

Y.... ¡¡¡arre caballo!!! Lejos corre ya mi corazón montado en su caballo.


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