Las apariencias engañan (15ª Parte)

Por Clair de Lune
Enviado el 20/11/2013, clasificado en Amor / Románticos
989 visitas

Marcar como favorito

Pasaron varias semanas desde el incidente.

 

 Carlos había hablado con todos los componentes del grupo y sin hacer ningún tipo de acusación concreta les pidió que por favor no mezclaran los problemas personales con el grupo, al menos hasta que terminaran los conciertos que tenían programados ese verano, todos accedieron por el bien del grupo aunque les costaba Dios y ayuda.

 

David había seguido con su plan, llamaba cada día a Lucía o le mandaba mensajes, la llenaba de halagos, palabras cariñosas, y aprovechaba cada vez que podía para hablar mal de Javier. Intentaba quedar con ella pero le estaba siendo realmente difícil que ella accediera, eso hacía que tuviera muchísimas mas ganas de llevar su plan hasta el final, se había convertido en un reto y no pararía hasta conseguirlo.

 

Lucía, vivía entre tres mundos, el que le ofrecía David, lleno de adulaciones y mimos, un mundo que no conocía pero que disfrutaba a su manera, le gustaba mucho sentir que le importaba a alguien, nunca se había sentido así… Por otro lado estaba Javier, esa persona que por mas que le hiciera daño no se podía sacar de la cabeza, siempre estaba pensando en el, en el abrazo que le dio aquel día en su portal… toda esa locura interior no le ayudaba con sus problemas, su conflicto con la comida seguía latente, ya había conseguido pasar sin comer días enteros, aunque para ella los efectos de esa dieta ya no se percibían, se veía igual que hacía meses, incluso llegó a pensar que estaba engordando a pesar de que había incrementado las horas de ejercicio físico, ese asunto se le estaba empezando a escapar de las mano.

 

Javier, no había vuelto a hablar con Lucía desde entonces, no sabía como acercarse a ella, pero cada mañana antes de ir a trabajar se situaba en un lugar estratégico del paseo marítimo para verla correr sin que ella le viera y no la perdía de vista hasta que sabía que estaba en casa. Su delgadez le empezaba a preocupar, la veía sumamente pálida y desmejorada, los ojos se le hundían en la cara ¿estaría enferma? Cada día buscaba fuerzas para acercarse a ella o llamarla, pero no las encontraba, se sentía como un idiota, nunca se había visto en esa tesitura y odiaba no saber que hacer. Por otro lado, no perdía de vista a David, lo tenía entre ceja y ceja, vigilaba de cerca todos sus movimientos, no se habían vuelto a hablar desde la pelea pero saltaba a la vista que el asunto no estaba zanjado.

 

Ese martes el grupo tenía ensayo y David le pidió a Lucía que le acompañara, ella se negó, no tenía ganas de estar en la misma habitación que Javier y David después de todo lo que había pasado, pero después de darle tantas veces calabazas pensó que tendría que salir algún día con él, aunque fuera a dar un paseo, así que le dijo que si le apetecía después del ensayo podían ir a dar un paseo, que la pasara a buscar.

El encantado de la vida y con sus planes cada vez mas cerca de hacerse realidad se fue al ensayo, este fue de lo mas aburrido, nadie dijo nada, ni una broma, ni un comentario, el ambiente había cambiado mucho desde aquel concierto, David ilusionado por su logro con Lucía no se pudo resistir a que Javier se enterase y se mortificara, así que al despedirse dijo:

-       Bueno chicos, yo me voy que hay una preciosidad esperándome.

-       Disfruta – Dijo Carlos sin saber con quien tenía la cita – el jueves nos vemos otra vez.

-       Claro, futuro cuñado – contestó mirando a Javier con la intención de que este se diera cuenta de con quien tenía la cita. – Nos vemos el jueves. – David salió del local rápidamente.

Javier se quedó en descolocado, ¿sería verdad? ¿Había quedado con ella?, empezó a sentir una rabia incontrolable y a recordar palabra por palabra lo que el le había dicho antes de pegarle la paliza, no podía consentir que estuvieran a solas.

 

-       ¿ha dicho, futuro cuñado? – Preguntó Carlos alucinado.

-       Sí, eso ha dicho – Contestó Javier saliendo por la puerta a toda prisa.- Nos vemos el jueves.

 

Javier se montó en su moto y se lanzó a la carretera como un loco, tenía que llegar antes que David a casa de Lucía. Llegó y se puso donde no le pudieran ver, observó que en la habitación de Lucía había luz, eso le tranquilizó, había llegado a tiempo o tal vez ese cabrón había mentido. Rápido salió de la duda al ver llegar a David con su coche, enseguida este se bajó, llamó al portero automático y se quedó esperando en la acera, a los pocos minutos apareció Lucía, estaba preciosa, llevaba un vestido de verano blanco hasta los pies, el pelo suelto, a Javier le pareció ver a un ángel. David enseguida se acercó a ella, le dio un abrazo y un beso en la mejilla, Javier pensó morir, ver a David abrazándola era terrible, los celos le mataban y saber que ese idiota solo quería jugar con ella le podía.

Javier observó todo lo que pasaba, se metieron en el coche y se marcharon. Javier guardando una distancia prudencial para no ser descubierto y les siguió, vio como paseaban por el paseo, mirando los barcos, charlando y riendo… verles así le dolía más de lo que podía imaginar. No hubo ningún tipo de roce, mientras paseaban guardaron todo el tiempo cierta distancia, cosa que tranquilizó a Javier, al cabo de un buen rato se marcharon se subieron al coche, Javier pensó que la acompañaba a casa, pero se equivocó, David se desvió hacia una zona que se conocía como el monte de los suspiros, allí era donde iban los chicos para tener sexo… Javier no supo que hacer, supo enseguida las intenciones que tenía David, no podía permitirlo. Javier iba con la moto y allí sería mal recibido ya que le tacharían de mirón y tal vez tuviera problemas, así que decidió acercarse prudencialmente y continuar andando.

Mientras en el coche de David la conversación era fluida, los dos reían y se contaban sus cosas, Lucía estaba tranquila, David la había tratado muy bien y se sentía confiada. Cuando Lucía vio que se desviaban del camino de vuelta a casa dijo:

-       David, mi casa es en esa dirección.

-       Lo sé preciosa, es que te quiero enseñar unas vistas alucinantes, ya verás te va a encantar – Contestó con voz dulce. 

-       ¿si?, que bien, nunca he estado por esta zona – Dijo inocente.

 

David estaba excitado, su plan estaba saliendo a la perfección, el paseo había relajado muchísimo a Lucía, su inocencia le volvía loco, quería disfrutar de ella, hacerla suya… fuera como fuera esa noche su deseo se vería saciado


Compartir el relato

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Ellas buscan... MiPlacer.es
TvReceas - Videos de recetas de cocina Haz tu donativo a cortorelatos.com