Cenizas de Pasion

Por Tiffi
Enviado el 25/11/2013, clasificado en Drama
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Encontrarme donde estoy ahora tiene sus razones y motivos, de los cuales estoy orgullosa. Llámenme loca, desquiciada, falta de coherencia o como quieran llamarlo, mas yo sé que soy la única con el poder para decir la verdad, y lo que hice es el deseo que muchos tienen pero pocos se atreven a hacer. ¿Por qué me juzgan, acaso no es lo que a muchas les encantaría hacer?, lo piensan, lo planean, hasta dicen y juran por Dios que lo harán, pero cuando el momento está en sus manos  lo dejan pasar, pues se arrepienten de sus palabras, las cuales se las lleva el viento como lo hace con todo lo inservible y sin sentido. Pero lamentablemente yo no soy como ellas, y quizás este tipo sea el que más lo lamente. Si lo hice, ¿qué acaso está mal dar un placer al alma? ¿acaso es ahora ilegal desahogar los sentimientos?, me miran como si fuera un fenómeno, una maldita loca, soy la pieza que ahora no encaja en esta sociedad de malditos superficiales y “normales”, si digo “normales” porque ellos creen que lo son, pero díganme ¿qué es lo normal?, y ¿quién lo es?. Para ellos yo soy la rara, lo que no tienen idea es que los raros son ellos, los cuales van en manada creyendo que son parte de algo, pero no son parte de nada, más que de un montón de masas ignorantes, hipócritas y mentirosas, hábiles en el engaño y pésimos en la sinceridad. Lo que yo hice tiene un significado y mensaje, lo que hice libero en mi un sentimiento nuevo que inundo mi alma de placer y poder, el gran poder del mundo. Tengo que admitir que me vi inmersa en la gloria, me atrevo a decir que me sentí Dios al hacerlo, tan simple, tan frágil, tan vulnerable. Pero lo hice con una razón, el tipo se lo merecía, me busco y me encontró, provoco esos sentimientos en mí, los cuales ardían en un mar de lujuria y pasión, el encendió una pequeña llama la cual se había convertido en una enorme hoguera, quemándome de adentro hacia afuera, pero fui una más de sus engaños y  abandono la pasión, dejando que ardiera sola y acabara en cenizas. Pensó que había muerto pero se equivocó, como el ave fénix de entre las cenizas renací, pero no era como antes, volvímás inteligente y con sed de venganza. Me acerque a el muy lentamente, espere que estuviera débil y vulnerable para aprovecharme de él, como lo había hecho conmigo. Dicen que Dios no es rencoroso, que no apoya a aquellos que buscan venganza, pero créanme que están equivocados pues él me fue de mucha ayuda, le rogué que me diera la oportunidad de volver a verlo y así poder cobrar mi venganza, y a cambio de ello le di mi alma. Así fue como llegue a su casa, ardiente y en llamas lo encontré, yo con un disfraz de amor y pasión, el cual el muy idiota creyó sin sospechas. Por supuesto que disfrute al besarlo, después de todo  al renacer habían quedado algunas cenizas del pasado, más el recuerdo amargo del engaño y abandono prevalecían en mi nuevo ser. El muy ingenuo se creía altanero y masculino, mas era un pobre imbécil  sin nada mas en que pensar sino en el simple acto carnal y vulgar. Mas no sabía que yo había cambiado, que el amor que le había jurado había muerto el día de su engaño y abandono, y que habían sido remplazados por odio y repulsión. Espere el momento justo, cuando su pequeña masculinidadse vio erguida, para sacar de mis ropas una pequeñísima navaja de bolsillo. Sus manos habían tocado todo y cada parte de mi cuerpo, sentía tanta repulsión que me daban ganas de terminar con toda esa escena sucia y vulgar, más el deseo de cobrar venganza me impedía salir de allí, después de haber llegado tan lejos veía estúpida la idea de volver hacia atrás. Lo bese con vehemencia y deseo, lo mordí con odio y pasión, bese su cuello con locura acercándome a su oído y dije “esto lo que me hiciste sentir, amor, pasión, placer. . . y después de que te fuiste. . . ”. Lomire a los ojos, pensé que no podría hacerlo, que debía darle otra oportunidad, pero un segundo después mi mano había clavado la navaja en su cuello,  llenando de sangre toda la cama. Debería haberme ido pero no, me quede observándolo, viendo cómo se retorcía como la vil y asquerosa víbora que era. Fue el espectáculo más hermoso que vi en  mi vida, jamás voy a olvidar sus últimas palabras “sos una loca de mierda, dijiste que me amabas”. Me reí, me causo mucha gracia, me acerque a él, todo ensangrentado y le dije al oído “tenes razón mi amor yo te amaba, si no me hubieras mentido y abandonado no habría enloquecido, agradécele a Dios de mi parte” y termine de enterarle la navaja. 


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