Las apariencias engañan (18ª parte)

Por Clair de Lune
Enviado el 26/11/2013, clasificado en Amor / Románticos
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El silencio se apoderó de la sala de espera por unos momentos, los padres de Lucía necesitaban asimilar lo que el médico les había dicho, la madre lloraba mientras el padre la intentaba consolar, ninguno podía hablar.

Javier se quedó donde estaba, Carlos se le acercó y se sentó a su lado, necesitaba al igual que todos saber que había pasado.

-       Gracia Tío – dijo Carlos – ¿qué narices ha pasado?- le susurró para que sus padres no escucharan.

-       Carlos, no se lo que ha pasado exactamente, pero algo le ha hecho David a tu hermana, no se el qué, yo ya la encontré muy mal, en segundos se desmayó, pero estoy seguro que huía de el.- Contestó Javier en el mismo tono – Te juro que ese cabrón lo va a pagar muy caro – afirmó visiblemente alterado.

-       ¿qué me estás contando, Javi?, si eso es así, tenemos que denunciarle, a nadie le da un ataque al corazón así como así. ¿Dónde la encontraste? –preguntó un Carlos consternado.

-       En el monte de los suspiros – contestó en voz muy baja - salió corriendo de entre los árboles, yo iba por el camino paralelo a la carretera. – contestó sabiendo que tendría que dar muchas explicaciones.

-       ¿el monte de los suspiros?, ese cabrón, ¿llevó a mi hermana al monte de los suspiros?- dijo cada vez mas alterado, le costaba hablar en voz baja. – ¿y tú que narices hacías por ahí caminando?

-       Les seguía – Contestó Javier nervioso- Les seguí desde que salieron de tu casa.

-       ¿Cómo? Pero… ¿qué me estás diciendo? ¿por qué los seguías?, ¿qué pasa Javi?

Javier sabía que ya no podía disimular mas, la situación había llegado a límites insostenibles y creyó que lo mejor sería hablar con claridad con su amigo.

-       Los seguía porque me preocupaba que ese desgraciado le hiciera algo a tu hermana, como así ha sido, es un cabrón- dijo Javier alterado- se quería aprovechar de ella y me lo dijo cuando nos peleamos el día del concierto. Yo no tendría que haber permitido que esto llegara a pasar… soy un cobarde.  

-       Javi, no te flageles, tu no tienes la culpa de nada de esto,- dijo Javier consolando a su amigo, al que veía destrozado- No sabía que lo que sentías por mi hermana era tan fuerte…, te agradezco que estuvieras pendiente de ella, no se que hubiera pasado si ni hubieras estado tu allí – añadió mirando con complicidad a su amigo.

Al poco tiempo de estar allí, apareció otro médico, llamó a los padres de Lucía y se los llevó. Los dos amigos se quedaron en la sala de espera, ansiosos, por saber lo que pasaba.

Cuando volvieron a entrar en la sala los padres de Lucía, las caras de estos no presagiaban buenas noticias, a Javier se le puso el corazón en un puño al ver a la madre de Lucía desconsolada. Se acercó a ellos sin pensar.

-       ¿Qué pasa?, ¿está bien? – Dijo Javier dirigiéndose a Carmen muy alterado- ¿Qué les han dicho? ¡Por el amor de Dios!, díganme algo- dijo suplicante.

 

Carmen no podía hablar, era incapaz de asimilar todo lo que los médicos les habían dicho, solo lloraba. Emilio, el padre de Carlos y Lucía se armó de valor y les pidió que se sentaran a su lado.

-       Por favor, sentaros, necesito explicaros – Dijo nervioso- Lucía ha tenido un paro cardíaco, eso ya lo sabéis, ha tenido un fallo en el músculo miocardio provocado por la debilidad que tiene debida a una anorexia severa. Lucía está desnutrida y su estado es muy grabe.- dijo de carrerilla, los médicos le habían dichos tantas cosas que tampoco estaba muy seguro de lo que decía.

Javier y Carlos se quedaron estupefactos, ninguno de los dos reaccionaba, no procesaban toda aquella información.

-       ¿Se recuperará?- preguntó Carlos en un hilo de voz.

-       Eso espero, hijo, eso espero…- contestó Emilio apretándole la rodilla con la intención de reconfortar a su hijo y buscando su propio consuelo. – nos han dicho que va a ser muy duro, ahora nos tenemos que centrar en que se recupere del infarto y después de la anorexia. Hasta que no despierte y le puedan hacer pruebas psicológicas no sabrán que tipo de anorexia tiene, ni como será el tratamiento- intentó explicar sin perder la compostura.- Carlos, tu hermana podría morir- añadió mirando a su hijo totalmente aterrado.

Carlos abrazó a su padre y los dos lloraron en silencio.

  

Javier no pudo decir nada, miraba al padre de Carlos totalmente desencajado ¿qué decía aquel hombre? Le venían a la cabeza imágenes los médicos reanimaban a Lucía, su cuerpo esquelético sacudiéndose, parecía que se iba a romper en mil pedazos. Todos sus esquemas se le habían roto, su forma de ver la vida, su forma de pensar, sus prioridades, todo lo que conocía hasta ese momento había cambiado, Lucía podía morir…


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