Treinta y dos

Por mna
Enviado el 23/12/2013, clasificado en Amor / Románticos
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Ésta no es una historia de jazmines. Sos alta y te gusta el café con dos y media de azúcar. Una mañana de sol me pediste una más y después chillaste el exceso de dulzura. Te miré de reojo y dejé disfrutarme, regocijé tu bipolaridad y un minuto más tarde ya estabas haciendo otra cosa; te habías olvidado de tu problema. Sos una mujer distinta. Te levantas ocultando tus ojos azules; son muy azules, verdaderamente azules. Casi cerrados caminas de memoria hasta llegar al baño. Como si tuviera una antesala, relojeas tu alrededor para detectar si se cayó algún pétalo de la flor que nos regaló Rafael aquella noche de agasajo, te detenés en la remera que descansa en el respaldo de la silla y sin emitir sonido por tus labios hinchados te metes en el baño para comenzar tu día. Es temprano a la mañana y ya estás linda. Me gusta olerte por atrás de tu oreja. Tenés un perfume exquisito, inédito; hecho por tu vida hace algunos años. Tenés tu aroma, tan delicado que lo estoy extrañando en éste mismo instante mientras el café negro puro me espera acobardado en la taza. Que espere entonces porque creo abrazarte mientras te imagino y ahí tu cuello largo me tienta a darle tres besos; los tres seguidos sin descanso, unidos por un suspiro que te hace cosquillas y temblás apenas. Entonces siento cómo tu piel cambia y se defiende de mi temperatura. Me estás mirando. No me decís nada, pero te quedas clavándome tu azul inquieto mientras el mundo sigue girando. Me obligas a sostener tu mirada pero sabes que no perdés. Una vez, cuando eran pocos los minutos en que coincidían nuestras vidas, te desafié y logré derrotarte; te fastidiaste y argumentaste que te incomodaban las miradas. Después tomaste un sorbo de café y me hablaste de tu infancia. No te escuché porque te observaba cómo te escabullías en tus palabras. Tomé un sorbo de mi café y te volví a observar. En ese instante nos miramos y me sonreíste. Escapaste con alguna anécdota tal vez graciosa y nos besamos atravesando la mesa del bar. Nos olvidamos de esa mesa. No nos separaba.

Ahora quizás estés caminando mientras fumas. Movés tu cuerpo con pasión. Tal vez no lo notes siquiera pero dejas tu marca y yo lo percibo cada vez que pegás un salto del sillón para ir a la cocina a buscar algo para tomar, o para ir al baño a peinarte. Te sigo en silencio y amo tus movimientos. A la mañana cuando me levanto una hora antes que suene tu despertador, te observo antes de abrir mis ojos; sos lo primero que siento al despertarme y ahí estas respirando mientras giras tu cabeza buscando hundirte en la almohada y demorar el duro comienzo de la rutina. Te amo como nunca amé a nadie, y quisiera escribírtelo en la ventana de nuestro living cuando se empaña el vidrio. Hace poco hice el intento pero me sorprendió tu voz pidiéndome algo que ya no recuerdo y lo borré con la mano. No es arrepentimiento amor mío eh, dejame darte la sorpresa y que me des un beso fuerte en la boca cuando lo leas. También amo tu humor. Te desvivís por ser graciosa y siempre lo logras. Ya es tu parte, te formaron con gracia y te amo graciosa. Te divierte divertir y también te amo por eso. Te amo con diversión y me divierte amarte. Te gustan las frutas en verano y el té de arándanos en invierno cuando te acostas. Los fines de semana no siempre almorzas y tenes un descontrol controlado por las harinas. Te quejas por tu pancita tierna mientras comes una medialuna de Tutto Pane y de cuando en cuando portás algún envoltorio de golosina que duró en tu mano seis segundos. La semana que viene emprenderemos la aventura a la heladería; esa es la misión. Porque ahí sí lo dejo en tus manos. Yo de helados sé poco, casi nada, y vos humillas con tu cultura adquirida. También amo que mires futbol aunque nunca hubieras ido a la cancha. Está en mis planes la de Racing, te va a gustar.

Cuando miras mis fotos me recordas lo importante que soy. Me halagas, me endulzas, me conquistas, me volves a conquistar. Necesito que compartamos una buena copa de vino tinto en este instante y besarte los labios (ya no hinchados como a la mañana) para sentir cómo la uva se mezcla con tu esencia. Te disfruto y te saboreo.

Ésta es una historia de treinta y dos, no de jazmines. Apenas si me pertenecen algunos meses. El resto estuvo y está, y lo que queda va a estar. Te juro que va a estar porque te amo.

 

mna


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