Carta de suicidio a dios

Por Frank Mayhem
Enviado el 25/12/2013, clasificado en Drama
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Creo que he perdido el control de mi vida, dios mío. ¿Debería abandonarme a la desidia y al odio o seguir hacia delante?

¿Por qué, dios? ¿Por qué me has abandonado? Dime, por favor dios mío, ¿por qué debo vivir con esta cruz? ¿Por qué tengo que pasar por esto como lo hizo tu hijo, señor?

Dime, por favor, si existes ¿por qué me maldijiste con el don y la desgracia de poder ver dentro de la gente? Dime por favor, ¿por qué siento la pena y la desdicha de los demás como la propia, si ya tengo suficiente con la mía?

 Dime por qué tuve que nacer con esta sensibilidad, por qué tengo que escribir cuando no quiero, por qué si no lo hago muero por dentro, dime dios mío, ¿por qué te burlas de mí desde tu reino celestial? ¿Es esta mi condena, señor? ¿Por qué no puedo dejar de beber y dañar a las personas que quiero? ¿Por qué solo me siento en paz cuando voy borracho? Dime, dios mío, ¿de veras fui tan malo en vidas pasadas? ¿Es este dolor lo que llaman karma?

 Siempre he intentado ser una buena persona, señor. Siempre probé de agradar a todo el mundo, pero ¿por qué ante mi intento solo halle patadas? Dime, dios mío, ¿por qué sus miradas son disparos de silencio? Dime por qué me abandonaste, dime si alguna vez estuviste a mi lado, pero dime algo, dios mío.

¿Por qué dejaste que mi mujer y mi hija se fueran, señor? ¿Por qué ellas se fueron a tu lado y yo sigo pudriéndome en esta cloaca infecta? Dime, dios mío ¿están bien? Quiero verlas. Necesito el valor para ir a verlas dios mío, es un trayecto largo, lo sé. Por eso necesito tu ayuda, conozco atajos para subir y abrazarlas, pero ¿cual debo coger? No quiero sufrir daño señor, no quiero pasarlo mal antes de verlas, pero si ha de ser así, que así sea.

Dios, permite que la muerte venga, dios, permite que sus huesudas manos se posen en mi hombro, por favor ¿Dije  dolor? Lo siento dios mío, pero acabo de decidir que ya no me importa el dolor. Las ganas de verlas ahogan las ganas de vivir, ellas y el alcohol son las manos que conducen mi timón. Ya no tengo trabajo, ya no tengo amigos. Amigos, dios mío. ¿Los tuve alguna vez? Siento que solo el diablo ha estado a mi lado desde entonces.

Como te iba diciendo dios mío, ya no tengo nada. Todo se echo a perder ahogado en alcohol, dime si debo ir a tu lado o si debo quedarme. Dios, ¿crees que ya he sufrido suficiente? ¿He expiado ya mis pecados? Sé que no debí coger bebido el coche aquella noche señor, por favor perdóname tu por qué yo no puedo.

 Mis amargos y silenciosos lamentos cruzan el océano y me pegan en la nuca como un boomerang, dios mío. El eco del silencio de mi mente, vacía, no hace más que martillear mis oídos, señor. Es insoportable dios mío, ¿lo puedes oír desde allí arriba? La alegría, el esplendor y la joya que traía la sonrisa de mi hija ya no está, los ojos azules de mi mujer se fueron y se fundieron con el cielo.

Dime, dios mío, ¿es éste tu plan? En tu infinita sabiduría y bondad, ¿es esto lo que tenías pensado para mí? ¿Sabias cuando mi madre me concibió que este iba a ser mi camino? Y si fue así, ¿Por qué lo permitiste, señor? ¿Por qué debo sentir las cosas más que lo demás? Hay gente que se repone a la muerte de sus familiares, a que el banco les eche de sus casas, a enfermedades terribles. ¿Por qué yo no, dios mío? ¿Por qué yo no puedo reponerme de mi desdicha, dios mío? ¿Es por qué ellas no me han perdonado, señor?

Debajo del puente hace frio, ¿has estado alguna vez allí? Yo hace mucho que estoy aquí, hace mucho que perdí el control, dios mío.

Escribo, escribo y escribo para desahogarme pero no siento nada. Nadie se interesa por mis lamentos, dios mío, pero tú si me escuchas, ¿verdad?

Zancadas, zancadas y zancadas dios mío, intento correr pero la realidad siempre me atrapa ¿sabes una cosa? Ya estoy arto de corre, señor. No quiero correr más. Mi camino está empedrado dios mío, piedras grandes y afiladas y yo voy descalzo, ¿por qué?

 El paisaje es confuso, los arboles y las flores ya no crecen, están menguado dios mío, las flores y los arboles menguan, ¿cómo puede ser? Cuando hayan entrado de nuevo en sus semillas, ¿que pasara conmigo ,dios mío? Todo va marcha atrás, el tiempo se detuvo, pero la vida empezó a retroceder. ¿Volveré al útero de mi madre, dios mío? Creo que solo allí puedo estar a salvo, a salvo de mi mismo, señor.

Siento que ayer mis lágrimas se acabaron. Aun tengo la última guardada en un tarro de cristal. Creo que es lo único que me queda salvo lo que llevo puesto, señor. Me reconforta saber que en el momento de mi muerte no me quedara ninguna por  derramar dios mío, pero esta ultima me la he guardado para cuando le dé el último beso a la foto de mi mujer y mi hija antes de hacerlo, dios mío. Me la pondré en la mejilla cuando la bese. Espero tener más lagrimas en el cielo, señor ¿hay lagrimas allí? Me gustaría tener al menos otra más para cuando las vea, dios. Quiero una lágrima de alegría que pueda derramar.

Estoy en lo alto del puente dios mío, ese puente que me ha servido de guarida, ¿de guarida del frio? No, señor. El frio ya no puede hacerme nada, el frio no puede penetrar los huesos de un hombre sin vida, dios mío. ¿Sabes? Creo que ya estoy muerto en realidad. El viento, las balas y la humillación no pueden herir a un hombre que no tiene alma, mi alma subió con ellas, el puente no sirve de cobijo para eso dios mío, el puente me sirve de refugio de mi mismo. Estoy aquí señor, agarrado en la baranda. Creo que una de mis palabras me hirió, dios mío. Me siento sangrar, siento que estoy sangrando dios mío, pero no veo la herida. Es irónico, ¿verdad dios? Como para subir al cielo tengo que caer y estamparme en la tierra. He decidido que así será como suba a verte, a veros. Ya que no he parado de caer desde que se fueron, creo que caeré un poco más para elevarme.

 Creo que las ratas estarán tristes cuando me vaya, creo que son las únicas que me echaran de menos, dios mío.

Vivo en un profundo arrepentimiento, señor. Me gustaría poder decir que no sé el por qué, pero ambos sabemos que estaría mintiendo, ya basta de mentiras. Intente aguantar el viento de cara dios mío, pero me tumbó y ahora no puedo levantarme.

Se va haciendo tarde, es hora de irme. Nos vemos en un rato, señor.

Atentamente,

Tu vástago


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