Reencuentro Sorpresa I

Por Ontanaya
Enviado el 30/12/2013, clasificado en Intriga / suspense
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Como cada día desde hacía 3 años, Katia volvía de clase en el autobús de las 16,30.

Se sentaba en la tercera fila empezando por detrás y siempre en el lado izquierdo del conductor y sentada al lado de la ventanilla.

Iba con sus cascos siempre puestos y en las manos los apuntes de aquél día que leía y revisaba intentando absorber toda la información posible para así tenerlo más fresco y luego le costase menos memorizar. Hacía eso en su trayecto a casa mientras el autobús hacia sus paradas y la gente subía y bajaba.

Pocas veces levantaba la mirada antes de bajarse en su parada pero aquél día notó que alguien la observaba.

Al levantar la mirada se encontró con unos ojos color chocolate que miraban fijamente en su dirección. Ni siquiera pestañeaba. Aquél chico rondaba los 27 años. Media 1,76m y sus facciones aunque duras y marcadas mostraba un aura de inocencia. Aunque esa inocencia no era sino fingida.

Katia lo sabía de sobra. No era trigo limpio.

Conoció a Germán en su primer año de universidad en una de las primeras fiestas que organizaba la facultad de arquitectura.

Era la primera fiesta universitaria a la que ella acudía. Ya había hecho amigos en clase y muchos compañeros de bachillerato también acudían a esa misma universidad así que, habría caras conocidas. Eso la animaba. No se sentiría tan sola.

Aunque la considerasen una chica un poco taciturna, que lo era, si cogía un poco de confianza con alguien no era tan callada o de semblante triste como podría parecer a primera vista.

Cuando vio a Germán por primera vez, era ya bastante tarde y él se encontraba alejado de la multitud sentado en un banco y mirando el cielo estrellado.

 

Le pareció algo realmente confuso. ¿Cómo podría ir alguien a una fiesta y estar solo? ¿Qué le habría pasado?

Sin pensar mucho en sus actos, encaminó sus pasos hacia él.

Se puso un poco nerviosa. Los chicos a tan temprana edad como la suya, aún le imponían bastante.

Pero no podía evitar esa fuerza de atracción que le llevaba hasta él.

Al llegar a su lado y con una sonrisa tímida, dijo:

-          ¡Hola! No te quiero molestar pero, ¿estás bien?

El chico levantó su mirada hacia ella y la contempló en silencio por unos segundos.

Katia se empezó a sentir incómoda y un poco violenta con la situación.

Justo cuando empezaba a retroceder, el chico habló:

-          Lo siento. Es que…- el chico parecía debatirse entre explicar lo que le sucedía o no.- ¿Cómo te llamas?

-          Me llamo Katia y ¿tú?

-          Germán. ¿Por qué has venido aquí?

-          ¿A la fiesta o hasta ti?

-          Hasta mí.

-          Bueno, no sé. Te vi sólo y me pregunté si estabas bien. No como si estuvieras borracho porque se te ve muy sereno pero quizás,…triste.

Germán clavó de forma más intensa su mirada en ella escrutándola. ¿Qué sabía aquella chica?

-          Parce que tienes buen ojo. Muy feliz no estoy. Pero esto, es como una “obligación”- Hace el signo de las comillas con las manos al decir obligación.

-          ¿Es una “obligación”- dice ella imitando su gesto- venir a una fiesta?

Por primera vez, Germán sonríe. Aunque es una sonrisa melancólica.

-          Algo así Katia.

Quedan en un pequeño silencio. Germán levanta la vista hacia el cielo y queda absorto contemplando las estrellas.

Katia se siente como una intrusa así que decide volver a la fiesta. Sea lo que sea lo que le pase no parece querer contárselo.

-          Bueno, parece que quieres estar solo. Siento haberte molestado- Hace una pequeña pausa para ver si Germán le contesta pero al ver que no lo hace, se despide.- Un placer conocerte. Ojalá nos veamos de nuevo.

 

Germán vuelve a mirarla y responde:

-          ¡Oh! Nos volveremos a ver seguro. Cuídate mucho Katia.

 

 

 

 Nunca en su temprana vida, Katia había conocido a alguien tan enigmático, misterioso y hermético como él.

Había quedado tan confusa como fascinada.

Según caminaba de nuevo hacia la fiesta, pensó en su clase de latín de bachillerato. Había una palabra que había escuchado en su clase que describía a la perfección a Germán. Y esa palabra era sibilina.

 

Al llegar a sus amigas y contarles lo sucedido, éstas mayormente la reprendieron. No sabían de ningún Germán.

-          No deberías ir por ahí sola. Estábamos preocupadas.

-          Y lo mismo está loco. ¿Quién estaría solo en una fiesta como ésta?

-          Parecía triste. Quizás su novia le ha dejado. Tenía la mirada tan apenada…

Se defendió Katia.

-          Vamos, que estaba bueno ¿no?

-          ¡Eso también!

Y todas echaron a reír.

Siguen de fiesta pero Katia no puede evitar a su alrededor y buscarle. No le ve por ningún lado. Quizás se haya marchado.

 

 

La siguiente vez que se encuentran es en su clase de inglés. Han pasado 4 días. Le ve sentado unas filas detrás de ella. Casi al final.

Llevan un mes y medio de clases y hasta hoy, nunca le había visto. ¿O no se había fijado en él?

Ella le sonríe y saluda con la mano y después se sienta. Al minuto, él está sentado en el pupitre de al lado.

-          Hola- susurra

-          ¿Qué tal Germán?

 

Él sonríe. ¿Por qué su sonrisa oculta tanta pena? ¿Tan enamorado estará de aquella chica que parece haberle roto el corazón?

-          Bueno,… Ahí van las cosas. El tiempo pasa rápido, ¿verdad?

-          Sí.- Mira que el profesor no la vea hablando- Ya pensaba que no te volvería a ver. Te busqué por la fiesta y no te encontré.

-          Me marché.- Se remueve en el asiento. De nuevo esa actitud inquieta.- Katia, no deberías buscarme. Ni siquiera pensar en mí.

Ella le mira un momento y después vuelve la mirada al profesor. Vaya forma tan directa de rechazarla.

Estos 4 días se los ha pasado pensando en él. Para qué negarlo. Le gustó. Pero él parece muy enamorado de la chica esa, piensa.

Menuda mierda. Parece un buen chico. Y encima guapo. Ella podría hacerle feliz.

Nota como Germán se hunde un poco más en su silla y se tapa la cara con la mano.

-          Seguro que ahora se arrepiente de haberse sentado conmigo, piensa.

Le cuesta una barbaridad centrarse en las palabras del profesor y con gran esfuerzo toma apuntes e incluso responde a una cuestión.

Cuando toca el timbre que indica que la clase ha finalizado, Katia se gira hacia Germán para preguntarle si desea tomar un café con ella pero ya no está. Se ha esfumado.

Se siente absurda y ridícula y recoge sus cosas enfadada.

 

Esa misma tarde, cuando sale a pasear con su Collie Nova se lo encuentra en el parque.

Esta vez queda un momento paralizada y por primera vez, siente miedo. ¿Y si sus amigas tenían razón? ¿Y si es un loco?

Gracias por leerlo. Espero que les guste. No dejeis de leer que tiene segunda parte. :)


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