oscuras pasiones

Por aneleher
Enviado el 12/10/2012, clasificado en Terror
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Los abrazos furtivos en el despacho caracterizaban aquellas tempranamente oscurecidas noches de diciembre.
La proximidad de fechas tan familiares, no hacían más que acentuar su sentimiento de culpa. Trazos de ideas surcaban su mente enloquecidas entre miles de quehaceres y su oscuro secreto, enturbiando esos días de inusual inquietud.
Todo empezó en la típica cena de empresa y con la resaca de un amanecer que prometía locuras de amor. En una de esas largas conversaciones, llenas de palabras vacías, el dedo meñique tocó de pronto su dedo meñique. La voz se entrecortó. Sin embargo, la conversación continuó ajena al sentir del tacto, que desató imparables, innumerables pasiones de lascivas infidelidades.
    Debían suponer que aquellas tardes oscuras en el desierto despacho albergarían también la ira conyugal.
    Sospechando, los traicionados, de la perfidia, trazaron un plan maquiavélico de sangriento asesinatos e indecibles torturas. Pero irrefrenable, surgió una pasión de oscuros deseos, de violentos caprichos y sadismo infrahumano. Compartían el  frenesí por lo cruel y anhelaban con sexual apetencia la sangrienta masacre planificada.
Cedieron, pero, a su pasión furtiva sin trazos de culpabilidad, dejando atrás, en parte, sus planes de asesinato, agotando así, sin saberlo, su combustible, y la antes pasión se convirtió en témpano de hielo.
    Pese a todo, no renunciaron a sus apetitos y al poder salvaje de la pareja, para lo que, pusieron otra vez en marcha la bestial maquinaría y siguieron con su plan, ahora con más sentido que nunca.
    No tuvieron, los cornudos, problemas para acceder al despacho, parte importante en su resarcimiento, escondiéndose ambos en el armario ropero apenas habitado por un viejo blazzier.
     Esperando estuvieron largo rato, notando sus pieles rozar. La tensión se acumulaba en la oscuridad del escondite mientras el contacto aumentaba, no dejando en ningún momento sus armas sin recaudo. Se excitaban más si cabe con sendas pistolas en las manos, mientras el amor inundaba el ropero.
    No se percataron los amantes del ruido fuera de puertas continuando con su loco arrebato.
Al otro lado, los otros, al oír dos ruidos ensordecedores, primero uno y acto seguido el otro, abriendo de golpe el armario, descubriendo los cuerpos inertes de los fogosos amantes.


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