Un sabor único.

Por Liandre89
Enviado el 04/01/2014, clasificado en Reflexiones
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Todos los días están compuestos por una serie de sucesos. Desde que te levantas hasta que te acuestas hay una sucesión de hechos, la mayoría compuestos por acciones comunes de la vida diaria, repitiéndose de manera monótona, solo alterados por pequeñas esquirlas, detalles minúsculos que pueden hacer girar todos los acontecimientos venideros, volcando el sentido de lo habitual para dar paso a lo insólito. Este cambio solo puede darse de una manera brusca, un vendaval inesperado que sacuda con fuerza el pilar donde asentamos nuestro diagrama del día a día, repentina metamorfosis que da lugar a posibilidades tanto gratas, como penosas.

Así pues, si los vientos nos son favorables, nos inunda una sensación agradable, un fuego interno que nos aviva, despierta instintos ocultos, tapados bajo las capas de incontables parches que una vez taparon heridas. Es extraordinario sentir este jubilo, una forma de elevar el espíritu, de dejar que el alma goce libre por nuestro interior, recorriendo las venas y arterias, colándose por cada órgano, invadiendo nuestro sistema nervioso y activando el subconsciente dormido. Sonreímos, el reloj se para, y sin saber cómo, nos encontramos envueltos en el aroma de la dicha.

Pero también puede darse el caso contrario, el cual normalmente se da con más frecuencia. Tal como podemos sentir la brisa fresca en nuestro rostro, el clima cambia de repente y, sin ni siquiera esperarlo, una tormenta arrecia furiosa sobre nosotros, lluvia estrepitosa que sin vacilar cae pesada sobre nuestras cabezas. Nos empapa, nos cala y cuando la brisa sopla, deja de ser agradable. Sentimos frio, temblamos y nos abrazamos con nuestros propios brazos. Aquello que fugazmente nos recorría, templado y agradable, se congela en el camino, deja de transitar por nuestro interior, convertido en un tempano de hielo que cuando estalla, se transforma en pequeños cristales que nos arañan desde dentro, desgarrándonos las venas y arterias, punzando los órganos, bloqueando nuestro sistema nervioso. En nuestros labios una mueca de dolor, las agujas del reloj se aceleran y solo nos impregna la incredulidad.

Las dos caras de la misma moneda, y unos sabores que se mezclan dejándolo todo demasiado...

...agridulce.


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