La energia de las estrellas

Por Jonay
Enviado el 14/10/2012, clasificado en Ciencia ficción
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Las estrellas brillaban en el cielo.

La carretera estaba plagada de coches aparcados en el arcén, con sus ocupantes fuera de los vehículos contemplando el cielo nocturno.

Miles de estrellas caían dejando una bella estela dorada que marcaba un camino.

Las personas, maravilladas por aquel magnífico espectáculo, sentían su pequeñez frente al enorme universo.

De pronto, procedente de un lugar infinito, una nueva estrella surcó el cielo. Cortaba la noche con una luz diferente que dejaba una estela roja. Todos observaron aquella nueva forma aparecida. Fascinados, supieron que aquella era la estrella que estaban esperando.

Había llegado allí y dejaría su energía en el planeta.

Cuando una estrella muere, su luz provoca una tremenda energía que cae en algún lugar, y ellos sabían donde caería.

Una veloz carrera se produjo entonces hacia donde caía la enorme estrella que iba desintegrándose conforme descendía.

Hombres y mujeres, jóvenes y viejos, todos se dirigían hacia allí.

Una nueva oportunidad caía del cielo.

Chispas de un color anaranjado descendían lentamente, como hojas arrastradas por el viento, esperando ser cazadas por aquellas gentes ansiosas.

Sus caras ardían llenas de esperanza, de una nueva esperanza brindada por el cielo oscuro.

Los campos, que permanecían inmóviles, esperaban igualmente la energía renovada.

Los músculos de la gente corrían más veloces, las sonrisas iluminaban los rostros y los ojos brillaban con una luz de pureza y armonía.

En cabeza, unos jóvenes muchachos alcanzaban ya algunas chispas brillantes que se encontraban a pocos metros más arriba de sus cabezas. Meciéndose con el viento, una de ellas se depositó sobre uno de los muchachos, y este, jadeante por la carrera, dejó que esa energía recorriera todo su cuerpo. Sintió como crecía la fuerza en su interior, la fuerza del universo, con la energía de miles de estrellas depositándose sobre él.

Sin levantar sus pies del suelo comenzó a volar, a volar con el universo, con la fuerza creadora de la vida.

Se volvió y vio como los demás corrían hacia donde él estaba, impresionados al ver la luminosidad que emanaba de su cuerpo.

En el cielo, cientos de pájaros volaban en círculos, planeando y meciéndose por el viento, entre cantos y alas desplegadas.

Mientras tanto, el chico sentía su cuerpo como si fuera aire, ligero y flotando sin peso alguno.

Su alma comenzó a crear un mundo de magia y color, con formas vivas pero desconocidas. Su mano comenzó a dibujar una historia magnífica sobre quien conseguía brillar con una luz nueva, sobre alguien que tenía la fuerza de las estrellas.

 


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