ELLA, EL Y YO...1/2

Por RUEN PAUTALIA
Enviado el 13/01/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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ELLA, EL Y YO

Me asomé por la puerta de su despacho, con el corazón en la boca.

Cada vez que subía a su despacho, me ocurría lo mismo. No era mi jefa ni nada, la conocí en la cafetería de la decimoctava planta. Resbalé sobre el derramado zumo de naranja de algún torpe coleguilla, y para no caerme la agarre por la cintura. Hubo una chispita desde el primer momento, creo. Me disculpé, mil veces y de mil maneras, mientras ella se ahogaba en su propia risa, tan sincera y timbrada. Esas cosas lerdas, normalmente no nos ocurren a los hombres como yo. Bien puesto, de estos que llevan sus impecables camisas con al menos tres botones desabrochados, luciendo pecho varonil. Perilla, algo de canas en el pelo, bien cuidado y algo rizado. Como sea. Seguimos bromeando de lo ocurrido un buen rato. Me dijo que el contraste entre mi cara enrojada y mis ojos verdes le resulto muy sensual. Luego quedamos y…así. Desde el día siguiente, follamos casi a diario.

…

Detrás de la puerta había como un pequeño hall, con unos cristales translucidos, de manera que a penas se veían unas borrosas siluetas. Nos dábamos llamadas perdidas a los móviles, para que no haya constancia de nuestra relación. Esta vez, recibí su toque con tantas ganas, que subí a la planta 22 por la escalera. 10 plantas corriendo hacia la cima de su precioso culo. Estaba empezando a transpirar. No me preocupaba en absoluto, sabía que esta era una de las cosas que la ponían como una tetera italiana. Arrimé la cabeza asía el interior de su espacioso despacho, cerrando la puerta detrás de mi, poniendo el cerrojo.

Por un instante la vista se me nubló, la respiración se me cortó del todo, la palma de mi mano derecha que agarraba la mampara de cristal resbaló de repentina debilidad, la misma que sentí en todo mi cuerpo.

Ella no estaba sola. Y no solo esto. Estaba desnuda sobre la alfombra persa, cuyos dibujos conocía en detalles. Con la cabeza en el suelo, mirando asía mí, con un morbo descomunal en sus enormes ojos, color violeta.

Me estaba invitando a entrar. Una sonrisa de placer adicto deslizaba por su cara. Encima de su aparentemente frágil cuerpo, había otro cuerpo masculino, cuidadosamente depilado, de gimnasio, ligeramente húmedo del esfuerzo que empleaba, penetrando su trasero… CONTINUA:


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