El último loco del manicomio

Por Soñador olvidadizo
Enviado el 10/01/2014, clasificado en Drama
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Aquí estoy de nuevo, tumbado en el suelo, puedo notar que la botella de Jack Daniel's se encuentra rota y yo sobre sus pedazos, esta todo mojado, será mi sangre, será el alcohol... Me llevo la mano a la cabeza, pues siento un gran dolor. Cuando retiro la mano y la miro, veo sangre… espero que sea mía

Lo último que recuerdo es estar mirándote a los ojos, hipnotizado por tu sonrisa.

De repente oscuridad, soledad… de repente nada.

Me levanto y ando por la habitación, está hecha un completo desastre. Parece que alguien acaba de vomitar sobre el sofá. Noto un sabor amargo en mi boca.

El espejo, está roto. Mientras me quito los cristales de la mano, me pregunto… ¿Quien lo habrá roto? Con lo que me gustaba ese espejo.

Parece que alguien salió de la casa, como no recuerdo nada, me pongo la cazadora y recojo tu foto del suelo, suelto el pomo de la puerta y salgo.

Ando dando tumbos por las calles, todos me miran.

La calle está desierta.

Aunque puedo ver como un hombre mayor duerme sobre unas escaleras, creo que son las de su casa. Parece adinerado, pues lleva un reloj de oro.

Ahora me duele la mano… no sé porque. El hombre parece inconsciente, lo olvido y sigo mi camino.

Son las cuatro y siete minutos de la mañana, o eso pone en el reloj roto que llevo en la muñeca.

No me gustan los relojes, por eso no tengo.

Bailo con la luna, mientras degusto la sangre que emana de mi labio.

Me duele el brazo, como si me hubiesen mordido.

Esquivo al perro muerto junto a ese vagabundo, que parece que ha recibido una paliza. Seguramente ofreció resistencia.

Limpio la navaja. Una vez limpia la tiro, pues no es mía.

Continúo andando por la calle, solo yo, sin ti.

Me pregunto ¿qué estarás haciendo ahora mismo? ¿Quizás duermas, quizás llores… estarás bien?

Compro una botella de alcohol de la tienda cerrada de la esquina. No entiendo que para comprar algo tengas que romper el cristal, creo que eso solo produce daños al dueño.

Tiro un par de billetes que encontré en un sombrero en la calle. Espero que haya suficiente para pagar la botella.

Regreso por donde he venido, rumbo a su casa.

Dejo el sombrero cerca de un vagabundo, y su perro. Parece que han pasado mala noche. La vida no es fácil.

Bebo un trago mientras rebusco en mis bolsillos, no recordaba llevar nada, pero llevo un trozo de un espejo… me pregunto ¿de dónde será?

Me reflejo en el espejo, tengo unas pintas bastante desaliñadas, no estoy peinado, estoy cubierto de sangre y tengo un par de moratones.

Me pregunto, como ha llegado eso a mi bolsillo...

Bebo de nuevo, y pienso en ti.

Como decirte lo que siento… No creo que sea lo correcto.

¿De qué serviría? Solo me haría daño...

Decirte lo que pienso… no sería lo mejor para mí.

Voy hasta tu casa, la puerta está abierta.

Al entrar veo todo patas arriba, alguien ha vomitado en el sofá, que poca delicadeza…

Hay cristales de botella y alcohol por el suelo… también sangre y restos de un espejo.

Con lo que me gustaba tanto ese espejo… ¿quién lo habrá roto?

Cierro la puerta y miro la habitación con detalle.

Parece que has vuelto a casa.

Voy hacia la habitación y allí estas…

Mi único amigo, mi único compañero.

Mi corazón solitario.

Quizás el suyo, esté mejor.

Doy un buen trago a la botella y la lanzo contra la pared.

Creo que es hora de usar la soga que compre.

No la encuentro, así que voy al salón a ver si esta allí.

En efecto, allí esta.

Pero alguien la ha usado ya, y se ha colgado del ventilador.

Lo rodeo para ver quién es.

Eres tú… Soy yo.

De repente oscuridad.

De repente soledad.

De repente nada.


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