Compañera de clases

Por Taciturno
Enviado el 20/01/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Las clases habían comenzado. Era algo triste y emocionante a la vez.

Entré al salón y observé mi alrededor y todo lucía normal.

Pasaron unos momentos y el profesor no llegaba, los compañeros estallaban en alegría. Fue en ese momento que empecé a sentir la mirada de la compañera que estaba sentada en la silla de atrás. La curiosidad hizo que volteara y la vi…  Cabello castaño ondulado, piel levemente pálida, unos ojos color negro, sonrisa sensual, labios tentadores, pechos un poco grandes y firmes, cintura de abeja, y piernas suaves y firmes que se ocultaban bajo esa falda escolar.

Solo bastó sonreírle para que ella se acercara a mi oído y dije: “Sé que tú sientes lo mismo.” Y era cierto.

Las clases continuaban, asignatura tras asignatura. En ese transcurso el deseo ardiente de los dos fue incrementándose como la llama de un incendio.

El ruidoso timbre sonó, es decir, las clases habían terminado. Nos buscamos decididos a ahogar esa ardiente necesidad de sofocar nuestros deseos más ocultos.

Fuimos a su casa, me invitó a su habitación y apenas entré cerró la puerta y dijo: “De aquí no escapas”. Y me regaló una sonrisa muy sensual.

Me senté en la cama y ella comenzó a brindarme un baile erótico, movía sus caderas en un suave compás mientras sus manos acariciaban tiernamente sus senos.

Ella se quitó lentamente la blusa, y bajó su falda dejando ver sus piernas. A lo que yo correspondía quitándome la camisa y el pantalón.

Después se acercó a mí, y se sentó en mis piernas, sólo nos separaba nuestra ropa interior de nuestros deseos. Hizo que yo acariciara sus senos y comenzó a quitarse el sostén, dejando libres sus turgentes pechos y a sus deliciosos pezones. Mi deseo hizo que los besara, era como comer miel por primera vez, tenía una suave consistencia y sus pezones se ponían duros con cada beso.

Mis manos comenzaron a acariciar su cintura y sus partes íntimas. La desnudé totalmente y ella hizo lo mismo conmigo.

Observó la inquietud de mi miembro erecto y lo comenzó a acariciar con cariño mientras nos besábamos. Se hincó y con su lengua comenzó a lamer la punta de mi miembro, saboreaba cada pliegue de piel, después lo metió a su boca y me hizo un oral. Incrementaba la velocidad y luego la disminuía, el placer que me brindaba era inmenso.

La acosté en la cama, y comencé a besar sus senos, bajé por su vientre hasta la flor de su feminidad, comencé a lamérsela y a recorrer con mi lengua la parte interna de sus muslos.

Me acerqué y me dispuse a penetrarla.

Lentamente mi miembro comenzó a adentrarse en su feminidad, ella comenzó a gemir y yo seguí presionando hasta que su flor aprisionó totalmente a mi pene. Incrementé la velocidad y coloqué mis brazos en sus caderas. Con cada penetrada sus senos se movían.

Cambiamos de posición, la coloqué en cuatro y hundí con el invasor a su retaguardia. Ella gritó por el dolor, el cual, gradualmente fue convirtiéndose en placer. Mi miembro entraba y mi pelvis golpeaba sus redondeces. Su espalda formó un arco perfecto mientras yo acariciaba y masajeaba sus pechos.

Luego ella hizo acostarme y se subió encima de mí, el deseo de cabalgar era inmenso. Me montó y sentí como mi miembro desaparecía en su cuerpo. Comencé a penetrarla, por el ritmo de nuestros cuerpos, parecía que era una alocada carrera de caballos, pues se movían rápido y al mismo tiempo. Sus senos rebotaban en cada sacudida, arriba… abajo… arriba… abajo…

Mis manos la sostenían fuertemente, las de ella revolvían su cabello por el placer que reinaba en la habitación… fue entonces cuando sentíamos que estábamos a punto de experimentar el éxtasis… inundé con mi semilla su feminidad y sentimos que abrimos las puertas del cielo desbordando los mares inquietos…

Terminamos abrazados dándonos caricias y besos…. Y sabíamos que se volvería a repetir.


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